Turquía dificulta la transición en Libia con el envío de un nuevo lote de mercenarios 

Un avión militar de carga procedente de Turquía traslada una nueva remesa de mercenarios al país norteafricano
PHOTO/ Ministerio de Defensa turco vía AP  -   Avión de carga militar turco

PHOTO/ Ministerio de Defensa turco vía AP  -   Avión de carga militar turco

Turquía no parece dispuesta a retirar a sus tropas de Libia. Las continuas exigencias articuladas por el Gobierno de Unidad Nacional (GNU), Naciones Unidas y el resto de firmantes del acuerdo de transición política en el país norteafricano son ignoradas por Ankara. Erdogan se muestra reticente a abandonar su posición y mantiene obstruido el desarrollo pacífico de Libia con el mantenimiento de mercenarios en enclaves determinantes del país.

Un avión militar de carga Airbus 400 TUAF221 con matrícula 18-0093 procedente de Turquía penetró esta misma semana el espacio aéreo libio. La aeronave voló desde la base de Kayseri hasta el aeropuerto de Ankara antes de despegar hacia la base aérea controlada por Turquía de Al-Watiya, ubicada hacia el oeste de Libia. El vehículo contenía un nuevo lote de mercenarios, armas y municiones.

Turquía controla múltiples bases aéreas, navales y terrestres en la parte occidental del país norteafricano. El bastión más importante es el de Al-Watiya, asentamiento que recibió el último envío desde Ankara. Hasta un total de 18.000 mercenarios de origen sirio –unos 10.750 fueron devueltos tras el vencimiento de sus contratos– han preservado la zona. Junto a ellos han estado presentes otros 2.500 procedentes de Túnez, de los cuales 496 fueron asesinados, según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés).

PHOTO/REUTERS  -   El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan
PHOTO/REUTERS  -   El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan

Los mercenarios enviados Turquía a Libia son, en su mayoría, combatientes pro-turcos en Siria. Los servicios de inteligencia otomanos los reclutan en situación precaria y los envían a suelo libio para defender los intereses otomanos allí. De la última remesa, el SOHR informó que alrededor de 9.000 mercenarios, incluidos 350 niños menores de edad regresaron a Siria después de la expiración de sus contratos y salarios. El sueldo de los combatientes ronda los 500 dólares al mes.

Sin embargo, el regreso de los mercenarios sirios desde Libia está vetado desde el 28 de abril, tanto de los grupos de mercenarios reclutados por la Inteligencia turca como por la compañía rusa Wagner. Tan solo un grupo reducido de mercenarios ha sido capaz de regresar a Siria mediante sobornos y falsificaciones de documentos, a medida que crecía el descontento de los mercenarios respaldados por Ankara. Muchos de ellos pretenden entrar en Europa y dejar atrás de forma definitiva su vida en Siria.

Los organismos internacionales cifran en 17.000 combatientes la presencia de las fuerzas extranjeras en el país. De esa porción, unos 14.500 forman parte del contingente de mercenarios sirios patrocinados por Turquía. Las últimas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y del denominado Cuarteto de Libia han solicitado el abandono de “todos los mercenarios y tropas extranjeras”. 

AFP/MAHUMD TURKIA -  Combatientes leales al Gobierno de Acuerdo Nacional libio (GNA)
AFP/MAHUMD TURKIA -  Combatientes leales al Gobierno de Acuerdo Nacional libio (GNA) 

El envío contraviene las peticiones de la ONU y las declaraciones de los integrantes del Gobierno de transición de Libia. La ministra de Asuntos Exteriores, Najla Mangoush, solicitó este mismo lunes “la retirada de todas las fuerzas extranjeras”, y agregó que trabajan “para restaurar nuestra soberanía y prepararnos para unas elecciones libres y justas, sin la presión de las armas y la fuerza”. 

Las declaraciones de la titular de política exterior interina de Libia fueron objeto de duras críticas a lo largo de la semana. La oposición alegó que sus llamamientos a la retirada de las fuerzas extranjeras han ido expresamente dirigidos a las tropas turcas, mientras que no se ha pronunciado acerca de la presencia de mercenarios rusos del grupo Wagner, vinculados al excoronel Haftar.

El nombramiento del nuevo jefe del servicio de inteligencia, Husein al-Aib, unido a las palabras de la ministra, agudizó las críticas y desató finalmente la ofensiva contra una de las sedes Presidenciales, ubicada en el hotel Corinthia de Trípoli. La Oficina de Auditoría Libia solicitó dar marcha atrás a la elección tras conocer la noticia, y alegó que Husein al Aib está involucrado en casos de corrupción. Los asaltantes solicitaron, además, la devolución del cargo a su predecesor, Imad al-Tarablusi.

AFP/ADEM ALTAN  -   El ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu
AFP/ADEM ALTAN  -   El ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu
Ankara insiste

Mevlüt Çavuşoğlu, ministro turco de Exteriores, remarcó la semana pasada durante su visita a Trípoli que la presencia de Turquía en Libia no es comparable a la de otras “fuerzas ilegítimas”, en referencia a los mercenarios rusos. El representante de Erdogan en materia de política exterior defiende la autoridad del Estado otomano para mantenerse en Libia, ya que fue una petición expresa del Gobierno de Acuerdo Nacional plasmado en los memorandos de entendimiento. 

Ankara y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), dirigido por Fayez al-Sarraj, reconocido por la comunidad internacional y con sede en Trípoli, alcanzaron en 2019 dos extensos acuerdos. El primero selló su cooperación en materia militar, mientras que el segundo delimitaba las fronteras marítimas de ambos Estados. Este último punto es significativo. Si Libia sigue dividida y las provincias orientales caen bajo la influencia de una combinación de las fuerzas de Wagner y Haftar, el corredor marítimo pasaría a manos de la zona este y mermaría la capacidad de Turquía para imponerse en la disputa energética del Mediterráneo oriental.

El propio Çavuşoğlu expuso la visión de su Gobierno la semana pasada en una visita a Berlín: “Hay muchos combatientes y mercenarios extranjeros en Libia. Estamos de acuerdo en que deben marcharse. Sin embargo, no sirve a los intereses de Libia dejar de prestar un apoyo muy necesario, como el entrenamiento y el asesoramiento militar, que se presta sobre la base de un tratado entre dos naciones soberanas. Sería un error que terceras partes se entrometieran en esos acuerdos bilaterales”. 

La Comisión Militar Conjunta, en cooperación con la UNSMIL, no ha sido capaz de establecer hasta el momento un mecanismo eficaz para expulsar a las tropas extranjeras ni vigilar el cumplimiento del alto al fuego. Por este motivo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en abril el envío de 60 observadores internacionales con el objetivo de monitorizar el cumplimiento íntegro del acuerdo de transición.