Turquía y Egipto: una relación muerta

Las diferencias entre los dos países tanto en política interior como exterior son insalvables
Fotografía de archivo del expresidente egipcio islamista Mohamed Morsi

AFP/TAREK EL-GABASS  -   Fotografía de archivo del expresidente egipcio islamista Mohamed Morsi

En 2013, con la llegada al trono de El Cairo del general Abdel Fattah al-Sisi, las relaciones entre Egipto y Turquía comenzaron la senda hacia el deterioro. ¿El motivo? El derrocamiento del antiguo mandatario del país africano, Mohamed Morsi, vinculado a los Hermanos Musulmanes, una organización de raíces egipcias que busca la desestabilización de su país natal y que, para esta tarea entre muchas otras, está siendo apoyada en la actualidad por Ankara y otros actores como Qatar. Ahora, las desavenencias entre las dos administraciones son tales que el desgaste parece irreversible.  

Uno de los últimos episodios en los que se ha plasmado la tensión entre ambos Estados ha sido recogido por la organización Nordic Monitor, especializada en el rastreo de fenómenos como el terrorismo y el extremismo. De acuerdo con este portal, Hasan Dogan, el jefe de la oficina de la Presidencia turca, encabezada por Recep Tayyip Erdogan, “había apostado por el caos en Egipto después de la salida de Morsi, tras la revolución popular del 3 de julio de 2013”. “Según escuchas telefónicas secretas obtenidas por Nordic Monitor, el jefe de Gabinete de Erdogan dijo: ‘Mediante Dios, predigo que esta [expulsión de Morsi] conducirá a una explosión, un cambio más grande y más dinámico en Egipto dentro de tres a cinco años”, revela la publicación. La organización se refiere, así, a unas conversaciones telefónicas mantenidas entre Dogan y Osama Qutb, el sobrino del clérigo egipcio Sayyid Qutb, uno de los fundadores de la Hermandad, el 4 de julio de 2013, un día después de la revolución. “Ambos lamentaban los acontecimientos en Egipto, admitían cuán desmoralizados estaban e intentaban consolarse mutuamente”, recoge Nordic Monitor. “Dogan hizo una comparación entre la expulsión de los islamistas políticos turcos a fines de los años 90 y lo que le sucedió a Morsi, alegando que la Hermandad de Egipto haría un gran regreso al igual que los islamistas hicieron con Erdogan unos años más tarde”, continúa el informe.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan
AFP/ADEM ALTAN - El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan

Por su parte, el medio Al-Ain ha añadido, en esta línea y citando a observadores, que es posible que “Erdogan dirigió y apoyó un plan para derrocar al Estado egipcio después de que su grupo terrorista fuera derrocado del poder a mediados de 2013 […] Abrió su país para albergar a líderes de organizaciones terroristas que huían y también para apoyar a grupos armados que trabajaron para crear el caos después”. 

En la práctica, esto se ha traducido, por ejemplo, en que Turquía ha proporcionado a los Hermanos Musulmanes tanto apoyo material y logístico como una “incubadora para los líderes del extremismo y el terrorismo para desarrollar planes para atacar a Egipto y financiarlo desde el extranjero”, según explica el pensador islámico Tharwat Al-Kharbawi en Al-Ain. Este analista asegura, asimismo, que se celebró una reunión de los líderes internacionales de la Hermandad a finales del año 2013 para establecer una hoja de ruta para facilitar el regreso del grupo a la actividad en Egipto, con medidas como atacar a las instituciones estatales o dirigir atentados contra las fuerzas de seguridad, algo que ha lacrado al país africano en los últimos años. De hecho, el Ejecutivo de El Cairo ha intensificado las operaciones antiterroristas para frenar la propagación del islamismo en el país.

La última ha tenido lugar hace un par de semanas, en la que siete supuestos extremistas y un militar murieron en una maniobra contra una célula radicada en el barrio de El Amiriya en la capital. Según anunció entonces el Ministerio del Interior, “ante el toque de queda ordenado por el Gobierno para evitar la propagación del coronavirus, los supuestos terroristas decidieron cambiar de planes y atentar contra las fuerzas de seguridad”. Junto con las redes de la Hermandad, también opera en suelo egipcio Wilayat Sina, una de las filiales del grupo yihadista Daesh con base en la península del Sinaí. 

Policías egipcios haciendo guardia en una calle de la capital de la provincia de El-Arish, en el norte del Sinaí
PHOTO/AFP - Policías egipcios haciendo guardia en una calle de la capital de la provincia de El-Arish, en el norte del Sinaí
Las diferencias en las contiendas libia y mediterránea

La guerra civil abierta en Libia desde el año 2011, en la que se enfrentan el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), liderado por el primer ministro Fayez Sarraj, y el Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), encabezado por el mariscal Jalifa Haftar, se ha convertido en un auténtico campo de batalla para las potencias internacionales, que luchan en el país norteafricano para imponer sus intereses frente a los rivales. 

En este escenario, Turquía apoya al GNA, con el envío de mercenarios sirios e, incluso, personal militar -del mismo modo que en Siria-, mientras que Egipto se decanta por el LNA, junto con otros países árabes como Emiratos Árabes Unidos (EAU) o Jordania. Aunque Ankara y El Cairo no se enfrentan directamente en la contienda, su tensión ha derivado en una guerra ‘proxy’ o subsidiaria, como la que se libra en el Mediterráneo. El pasado mes de marzo, Middle East Eye desveló, en esta línea, que Egipto estaba trabajando para establecer una alianza de seguridad árabe para “contrarrestar la creciente influencia del presidente turco Erdogan”. El jefe de inteligencia del país, Abbas Kamel, emprendió una gira por Sudán, Argelia y Marruecos con el objetivo de recabar apoyos. Más tarde, Al Araby reveló que El Cairo y el LNA habían llegado a un acuerdo para “impedir que los barcos turcos entregasen ayuda al GNA”.

El jefe de la inteligencia general egipcia, el general de división Abbas Kamel
AFP/ HALED DESOUKI - El jefe de la inteligencia general egipcia, el general de división Abbas Kamel

El representante egipcio ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también ha denunciado en reiteradas ocasiones cómo Turquía viola las resoluciones del Consejo de Seguridad al desplegar combatientes extranjeros en Libia, a los que les paga “entre 1.500 y 2.000 dólares mensuales”. Del mismo modo, ha acusado a Ankara de trasladar a yihadistas de Daesh desde Siria al país norteafricano para engrosar las filas del GNA.

Otro foco de disputa es el gas descubierto en la zona oriental del Mare Nostrum. Mientras Egipto fundó recientemente el Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF, por sus siglas en inglés), con Italia, Chipre, Grecia, Jordania, la Autoridad Palestina e Israel; Turquía pactó con el Gobierno libio de Sarraj un acuerdo militar y marítimo por el que se diseñaban nuevas fronteras que le permitían a Ankara explotar las reservas del EMGF.

Cabe destacar, en este punto, que las tensas divergencias entre los dos países en estas contiendas no solo les afectan a ellos, sino que también tienen implicaciones directas sobre la estabilidad regional. “Con el conflicto libio convirtiéndose en un punto álgido entre los dos países, la disputa podría desencadenar otra crisis de refugiados en Europa, interrumpir el comercio marítimo en el Mediterráneo y conducir a un resurgimiento de Daesh en Libia”, advertía recientemente el analista Nicholas Saidel en Wall Street Journal.

Miembros de las Fuerzas Especiales egipcias
PHOTO/AFP - Miembros de las Fuerzas Especiales egipcias
Yemen, otro escenario de tensiones

En el país que representa actualmente la mayor crisis humanitaria del mundo -con más de 20 millones de personas en necesidad de ayuda urgente- las relaciones entre Turquía y Egipto también se han resentido. “La creciente presencia de Ankara en Yemen, especialmente en la inquieta región del sur [donde el Consejo Transicional Sureño reclama una mayor autonomía], está alimentado la preocupación en Egipto por la seguridad en el mar Rojo y en el canal de Suez”, señala el analista Amr Eman en The Arab Weekly.

En dicho artículo, se cita al experto Mahmud al-Tahrir, quien advierte de que “Turquía tiene interés en incitar a los Hermanos Musulmanes y darles más poder en el escenario yemení”, ya que “el partido local Islah [fundado en 1990] es fundamental para que las instituciones turcas y el Gobierno turco, disfrazados de organizaciones de caridad, tengan acceso a las ciudades yemeníes”. De hecho, como recoge dicha publicación, a mediados de enero, el viceministro del Interior turco, Ismail Catakli, visitó Adén. El motivo oficial del viaje fue preparar un “informe sobre las necesidades humanitarias en Yemen”, pero los analistas temen que, en realidad, se hubiera realizado con la intención de aumentar la presencia militar turca en el país, que le permite un acceso directo al mar Rojo, donde “Ankara está trabajando duro para convertirse en una potencia”, según Eman. Este experto recuerda que la nación euroasiática ya dispone de bases en Djibouti, en Somalia y en Suakin (Sudán).

Fuerzas Especiales egipcias hacen guardia frente al Centro Internacional de Congresos el 24 de febrero de 2019
PHOTO/AFP - Fuerzas Especiales egipcias hacen guardia frente al Centro Internacional de Congresos el 24 de febrero de 2019

“Turquía pone sus ojos en los puertos del mar Rojo de Yemen y en los puertos cercanos al estrecho solo con el objetivo de presionar a Egipto”, señala, por su parte, el analista Abdel Karim al-Medi en The Arab Weekly. 

Ante las pretensiones turcas, el país liderado por Abdel Fattah al-Sisi no se ha quedado de brazos cruzados. El 15 de enero, coincidiendo prácticamente con la visita de Catakli a Yemen, se inauguraba la base militar de Berenice, la mayor instalación de su tipo en Oriente Medio. ¿El objetivo? “Proteger la frontera sur del país, proteger las inversiones económicas y los recursos naturales en el área, enfrentar los desafíos de seguridad y asegurar el tráfico de navegación global a través del mar Rojo hacia el canal de Suez y las zonas económicas relacionadas”, declaró, entonces, el portavoz del Gobierno egipcio, Bassam Rady.

El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi
PHOTO/REUTERS - El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi

Ya en 2018, Al-Sisi reforzaba la posición de su país en la región: “No aceptaremos que Yemen se convierta en un trampolín para amenazar la seguridad y la estabilidad de los países árabes o la libertad de navegación en el mar Rojo o el estrecho de Bab el-Mandeb”, señaló, durante una rueda de prensa con el presidente yemení, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi. Aunque quizá entonces no se refería directamente a Turquía, sus palabras cobran ahora más valor que nunca.

Con estos focos de conflicto abiertos, las discrepancias entre Al-Sisi y Erdogan sí parecen irreconciliables, como se ha mencionado anteriormente. “Mientras Turquía considera a Oriente Medio como su patio trasero para ejercer hegemonía e influencia, Egipto cree que el papel turco es una fuente de confusión e inestabilidad y, por lo tanto, debe ser eliminado”, concluye el analista Khalil al-Anani en el Centro Árabe de Washington DC (AWC).