Turquía y Rusia deciden el futuro de los kurdosirios

En un acuerdo entre Erdogan y Putin para limpiar las fuerzas kurdosirias restantes del noreste de Siria, consolidan su papel, llenan el vacío dejado por la retirada de las tropas estadounidenses y aupan a Moscú como el actor con más influencia en el país
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PHOTO/AP  -   El presidente ruso Vladimir Putin (dcha.) y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan (izq.) se dan la mano después de una conferencia de prensa en Sochi, Rusia, donde acordaron los diez puntos del memorándum ruso-turco sobre el noreste de Siria

Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin, presidentes de Turquía y Rusia respectivamente, sellaron el martes un acuerdo por el que el primero logra cerrar la zona de seguridad a lo largo de la frontera turco-siria, que tanto anhelaba, y el segundo una victoria en política exterior que afianza su papel regional, que le ha venido casi en bandeja. Tras el vacío dejado por la retirada de las tropas estadounidenses Moscú y Ankara se consolidan como los principales jugadores extranjeros en Siria y, de paso, afianzan al régimen de Bachar al Assad que logra un control territorial que había perdido en la larga guerra civil e internacional. 

La noticia de la zona de seguridad llegó al poco antes de que concluyese el alto el fuego pactado por EEUU y Turquía, que duró cinco días, el plazo dado a las milicias kurdosirias Unidades de Protección del Pueblo (YPG, por sus siglas en inglés) que controlan el territorio para retirarse de la zona fronteriza. El acuerdo alcanzado tras unas negociaciones maratonianas en la ciudad de Sochi, un memorándum de diez puntos, refuerza esa idea de que las YPG, principal milicia integrada bajo el paraguas de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), tendrán que replegarse 30 kilómetros en una franja de 30 kilómetros de ancho a lo largo de toda la frontera turcosiria, según el documento que firmaron Erdogan y Putin.

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AFP/AFP - Mapa que muestra una zona aproximada de una "zona segura" dentro de Siria, acordado por Rusia y Turquía el martes.

Toda la operación debe finalizarse en 150 horas (seis días y seis horas), serán los rusos y sirios los que garantizarán la retirada de las milicias con patrullas conjuntas y las tropas turcas se quedarán de manera indefinida en el área en torno a las ciudades sirias de Ras al Ain y Tal Abiad, que conquistaron en las últimas dos semanas. De esta manera, Turquía considera que su operación militar en el noreste de Siria está "legitimada" por los recientes acuerdos sellados con Estados Unidos y Rusia.

Las FSD no se habían pronunciado sobre el acuerdo horas después. Erdogan asegura que si los kurdosirios cumplen con la exigencia se terminará la operación militar. En caso de que los kurdos se retiren, a partir de entonces rusos y turcos realizarán patrullas conjuntas en una una franja territorial más estrecha de 10 kilómetros, la cual Ankara ha perseguido durante mucho tiempo en el noreste de Siria, dicen que para evitar la infiltración de elementos terroristas.

Mientras, al día siguiente del anuncio, el Kremlin advirtió que si las milicias kurdas no se retiran de la zona de seguridad acordada por Moscú y Ankara en el noreste de Siria serán aplastadas por el Ejército turco. Si no se repliegan, "entonces tendrán que retirarse tanto los guardias de fronteras sirios como la policía militar rusa. Y, de hecho, las restantes unidades kurdas caerán bajo la apisonadora del Ejército turco", dijo el portavoz presidencial, Dmitri Peskov.

Los rusos quieren actuar de intermediarios entre unas futuras negociaciones directas entre Turquía y Siria, y jugar un papel conciliador han dicho. Para Moscú, se basaría sobre el Pacto de Adana de 1998, un acuerdo turco-sirio, que contempla que las tropas turcas pueden penetrar en territorio sirio hasta un máximo de 5 kilómetros, que en su momento suscrito para contener las actividades del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado una organización terrorista por Turquía. "Si las partes (Turquía y Siria) en el curso de sus contactos consideran necesario y aceptable precisar o modificar dicho acuerdo, será su decisión, y nosotros, desde luego, la respaldaremos", señaló recientemente el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.

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PHOTO/AP - Ambos mandatarios durante las negociaciones por los que los combatientes kurdosirios se deberán alejar 30 kilómetros de una zona fronteriza en el noreste de Siria dentro de 150 horas. 

Los kurdosirios, exaliados de EEUU en la lucha contra Daesh, pierden el apoyo que los rusos como valedor del régimen de Al Asad le había asegurado tras el pacto alcanzado la semana pasada con las YPG para detener la ofensiva turca, además del que ya habían perdido por parte de Washington. Las opciones que tienen los kurdosirios no son muchas. Los muertos y desplazados siguen creciendo: la ofensiva militar turca ha generado 176.000 nuevos desplazados, según la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU (OCHA) en Siria. Además, la emergencia humanitaria que se está creando en Iraq, donde el número de desplazados internos y refugiados sigue creciendo y la ayuda humanitaria reduciendo es un riesgo a corto y medio plazo. 

En esta etapa del conflicto sirio, desde que Ankara lanzara la operación Fuente de Paz, como denominó su intervención militar contra los kurdosirios el 9 de octubre en el noreste de Siria para expulsar a las FSD, la Rusia de Putin se erige como el líder regional. Está manejando los tiempos y el reparto de zonas de influencia mejor que nadie algo que le sirve para afianzar su posición global a tenor de la reciente mini gira por Oriente Medio (Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) y la celebración de la Cumbre y Foro Económico Rusia-África (también en la ciudad de Sochi). Otros analistas, como Soner Cagaptay, especialista en Turquía en el Washington Institute, escribía en su Twitter: "El resultado de la reunión de hoy entre Putin-Erdogan en Sochi indica que Erdogan se ha convertido en un maestro en aprovechar el choque entre Estados Unidos y Rusia para maximizar las ganancias de Ankara: Turquía obtuvo la zona segura que quería todo este tiempo". 

Ahora que Ankara ha encontrado en Moscú un aliado en Siria, Washington está intentando apaciguar las frías relaciones actuales con el Ejecutivo de Erdogan. Tras amenazar con sanciones, EEUU se retractó,  porque Washington quiere evitar que la situación en el norte de Siria aseste un golpe mortal a sus relaciones con Turquía, uno de sus aliados más importantes en la OTAN. Es evidente que Putin ha podido profundizar aún más la brecha entre Ankara y Washington. 

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AFP/DELIL SOULEIMAN - Desplazados kurdosirios que se habían retirado de una franja de tierra fronteriza con Turquía en cumplimiento de un acuerdo de tregua negociado por Estados Unidos para detener un ataque turco.

El impacto de los recientes eventos impactará de llenos las relaciones entre Turquía y Siria, el proceso de paz y la primera reunión que celebrarán a finales de mes en Ginebra los miembros del Comité Constitucional sirio (Putin se ha mostrado favorable a que los kurdosirios formen parte de las negociaciones).

La guerra en Siria mientras tanto no se acerca a su fin. Los acontecimientos que allí se están produciendo subrayan la incertidumbre que reina en el país, y en la región, sobre el devenir del país. Las nuevas reglas de juego ya están definidas. Una solución pacífica al conflicto sirio parece algo más complicado. La premisa de la integridad territorial siria sigue presente pero los movimentos tanto de turcos como rusos parecen indicar lo contrario. El acuerdo abre un nuevo periodo, dice Erdogan, uno que no reduce la fragilidad de la situación en el terreno, de las alianzas y de los intereses de cada uno de los actores involucrados. Y, por supuesto, la constatación de que EEUU ha perdido en menos de dos semanas una gran influencia en la región y a unos exaliados que no se olvidarán con facilidad de los eventos de este mes de octubre. Mientras tanto, Turquia se acerca a consolidar la zona estratégica dentro de territorio sirio que tanto le interesa.