Un poco de justicia y esperanza para las víctimas de la guerra de Liberia

Todavía quedan presentes las huellas de las atrocidades cometidas en las guerras de Liberia y Sierra Leona
Atalayar_Liberia

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Han pasado 18 años y pensaba que estaba a salvo. Que las atrocidades y crímenes de guerra que cometió durante los conflictos de Sierra Leona y Liberia quedarían sin castigo. Pero al final, parece que sus víctimas van a lograr un poco de justicia. Algo que dona esperanza a la humanidad y lanza el mensaje de que los grandes criminales no quedarán impunes.

Se trata de Gibril Massaquoi, uno de los líderes del Frente Revolucionario Unido (RUF, por sus siglas en inglés), el grupo armado que sembró el caos en Sierra Leona entre 1991 y 2002, los años de aquella terrible guerra que se caracterizó por atrocidades masivas contra la población civil, incluida la violencia sexual desenfrenada, asesinatos en masa, amputaciones y mutilaciones, esclavitud, tortura, canibalismo y el uso generalizado de niñas y niños como soldados.

Massaquoi tenía el rango de teniente coronel y era el portavoz oficial del grupo, además de asistente de su fundador, Foday Sankoh.

A pesar del prominente cometido que desempeñó dentro del grupo rebelde, al final del conflicto pareció arrepentirse de sus crímenes y decidió colaborar con el Tribunal Especial para Sierra Leona (SLSC) y en 2005, en una sesión pública, dio testimonio contra sus antiguos compañeros y demostró el apoyo recibido del Frente Patriótico de Liberación Nacional (NPLF) de Liberia. Confesión que, entre otras, ayudó a la condena del líder de ese grupo y expresidente liberiano Charles Taylor en 2012 por ayudar, incitar y planificar la comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Sierra Leona.

Como recompensa por su colaboración con el SLSC, él y su familia obtuvieron asilo en Finlandia en 2008. Y allí ha vivido tranquilamente hasta que el 10 de marzo de 2020 fuera arrestado por la Policía de la ciudad de Tampere, donde habitaba. Está acusado de cometer asesinato, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad durante la guerra de Liberia (que concluyó en 2003). El fiscal finlandés afirma que Massaquoi estuvo presuntamente involucrado en las guerras civiles de Sierra Leona y de Liberia, pero como se ofreció a colaborar con el fiscal del Tribunal Especial, se convirtió en un informante de primer nivel y por tanto no puede ser acusado de ningún delito cometido en Sierra Leona; sin embargo, sí de los llevados a cabo en la vecina Liberia.

En la apertura del juicio el pasado 1 de febrero, Massaquoi, de 50 años, evidentemente negó todos los cargos que se le imputan. Pero, en un hecho histórico por lo que supone, a mediados de febrero el tribunal finlandés se trasladó a Liberia y Sierra Leona donde ha tenido la oportunidad de interrogar directamente a 80 testigos y visitar los lugares donde presuntamente se llevaron a cabo las atrocidades bajo las órdenes directas del detenido. Tras esta visita, ha decidido continuar el juicio. Los fiscales piden una condena de cadena perpetua para el antiguo señor de la guerra.

Tanto en Sierra Leona como en Liberia la noticia ha sido muy bien recibida. Pero de manera muy especial en el segundo país. Allí, a diferencia de Sierra Leona, nunca se estableció un tribunal que juzgara a los máximos responsables de la contienda. De esta forma, esas personas nunca han respondido de sus crímenes ante una instancia judicial. Y muchos de ellos siguen teniendo un papel activo en la política liberiana, llegando incluso a ocupar puestos en el Parlamento, como es el caso del antiguo señor de la guerra Prince Johnson que es senador desde 2006. En esta situación también se encuentra la vicepresidenta del país, Jewel Howard Taylor, exesposa del presidente Taylor, al que acompañó hasta que fue llevado ante el SLSC.

Desde hace años, la sociedad civil liberiana reclama un tribunal que juzgue crímenes de guerra y económicos. El actual presidente, George Weah, cuando estaba en la oposición defendió la necesidad de judicializar los crímenes de la guerra liberiana. Pero desde que llegó al poder en 2018, no ha dado ningún paso en esa dirección.

Ante la connivencia de los líderes políticos liberianos con los señores de la guerra, la sociedad civil liberiana ha vuelto sus ojos a la comunidad internacional, único espacio donde parece encontrar consuelo. Así, en 2018, el señor de la guerra liberiano, Mohammed Jabbateh, era condenado a 30 años de prisión en Estados Unidos por mentir sobre el papel que desempeñó durante la contienda al solicitar asilo en el país. Y en la actualidad hay procedimientos abiertos contra Alieu Kosia en Suiza y Kunti Kamara en Francia. Sus víctimas en Liberia esperan que sus casos también sean juzgados y que al final el peso de la ley recaiga sobre ellos.