Un retroceso iberoamericano sin precedentes

Latinoamérica ha sido una de las regiones que más ha sufrido durante toda la pandemia, acumulando casi el 30% de todos los fallecidos en el mundo
Sudamérica no ha destacado en los últimos años por ser ejemplo de estabilidad y prosperidad

PHOTO/AFP  -   Sudamérica no ha destacado en los últimos años por ser ejemplo de estabilidad y prosperidad

Sudamérica no ha destacado en los últimos años por ser ejemplo de estabilidad y prosperidad. La llegada de la pandemia, como no podía ser de otra manera, ha empeorado más aún una situación que, si antes ya veía dificultades para superar la adversidad, ahora ve cómo las previsiones sitúan el umbral de la pobreza extrema en uno de los peores puntos que se recuerdan. Hasta 30 años de retroceso en los indicadores respecto a este aspecto, así como 10 años en cuanto a los indicadores económicos. Unos datos que ponen de manifiesto la que es ya considerada la peor situación que ha atravesado Latinoamérica en los últimos 125 años. 

Si algo ha demostrado el coronavirus es que el multilateralismo es una herramienta tan indispensable como ausente a lo largo de este año bajo los efectos de la pandemia. La coordinación entre países se hace en este punto un factor esencial para la distribución de una vacuna que esperemos pueda acercar la tan ansiada normalidad. Y es que esa colaboración ha brillado por su ausencia cuando más se ha necesitado. “Hemos tenido una respuesta nacionalista”, se aventuraba a decir Rebeca Grynspan, secretaria general Iberoamericana en el evento online organizado por Europa Press, moderado por Candela Martín de Cabiedes, directora de desarrollo de negocio de Europa Press, y emitido a través de su canal de YouTube. Un nacionalismo que ha derivado en medidas contraproducentes que, acompañado de los problemas de producción y abastecimiento de las dosis de las diferentes vacunas, han provocado una ralentización en el proceso de inmunización. 

Ponencia Iberoamérica

La pandemia ha cogido a todo el mundo con el pie cambiado – es de justicia decir que nunca es buen momento para hacer frente a tal enemigo –, y ha debilitado un afán de cooperación que se ha ido desvaneciendo con el objetivo de vacunar a la población de unos, dejando de un lado a los del vecino. Latinoamérica ha tenido que ver cómo su economía se hundía al mismo tiempo que acumulaban casi el 30% del número total de fallecidos a causa de la COVID-19. Y eso que, según Grynspan, los Gobiernos de Sudamérica actuaron de forma rápida y eficaz para intentar frenar a un virus que, lejos de verse detenido por las medidas, está acabando con las vidas de muchos y la economía de todos. 

Por otra parte, la prosperidad no va a regresar a tierras sudamericanas si no se hace un esfuerzo que desde los distintos Gobiernos pretenden poner en marcha cuanto antes. La pandemia trajo consigo un aumento exponencial en cuanto a la transformación digital, y con ella el, tan amado por unos como detestado por otros, teletrabajo. La sociedad se ha visto obligada a dar un salto en cuanto a las nuevas tecnologías y adaptación de formatos. La secretaria general Iberoamericana ha incidido en que este avance no será nada sin el apoyo que requieren las pequeñas y medianas empresas, quienes están viviendo los efectos más dramáticos que está dejando el coronavirus. 

Rebeca Grynspan

No se puede olvidar que Latinoamérica presenta unas fuertes desigualdades que ahora se ven traducidas en una importante brecha digital. No dejar atrás a ningún país se ha convertido en objetivo fundamental en lo que debería ser una inversión a gran escala para dar ese salto trascendental en la apuesta por las nuevas tecnologías. Las infraestructuras necesarias, como apuntaba Rebeca Grynspan, son absolutamente necesarias para poder desarrollar de manera óptima este avance y, desgraciadamente, aún están lejos de convertirse en realidad. No se tienen los recursos necesarios para hacer frente a lo que debería ser un “salto sin precedentes”. 

Para poder construir y apostar por el futuro no hay mejor alternativa que los protagonistas del futuro. Así lo manifestaba Grynspan, que centraba parte de su discurso en la necesidad de ofrecer a los jóvenes responsabilidades y oportunidades de empleo digno. “No nos falta talento, nos faltan oportunidades”, decía. El miedo al fracaso, instaurado en una sociedad temerosa, reduce el número de jóvenes emprendedores con ideas nuevas y rompedoras que aporten soluciones innovadoras a problemas desconocidos. Emprender sin arriesgar es una tarea imposible que lejos está de contribuir a la sociedad en la forma que hoy por hoy se requiere.