Un velo para Marilyn

El norte de África vive la efervescencia del pop art
Inaugurada la exposición ‘Arte pop en el norte de África’ en Casa Árabe Madrid

Pablo Rubio/Atalayar  -   Inaugurada la exposición ‘Arte pop en el norte de África’ en Casa Árabe Madrid.

“Decía Andy Warhol que una vez que has conocido el pop, no puedes volver a ver América igual que antes. Espero que con el norte de África suceda lo mismo”. Son unas palabras que resumen con acierto el espíritu transgresor de la exposición ‘Pop art en el norte de África’, que ha sido inaugurada este jueves en Casa Árabe Madrid. La frase es de Toufik Douib, comisario de la muestra junto con Najlaa el-Ageli, al término del coloquio de presentación. 

Las obras de dieciocho artistas de siete países del norte de África -Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Mauritania y Sudán- han llegado a Madrid después de haber sido admiradas en Londres. Juventud, expresividad y una buena dosis de irreverencia se combinan en dos salas para otorgar una visión diferente de la realidad de la región como conjunto, sin olvidar las especificidades propias de cada país. El resultado es una mezcolanza donde se puede observar desde un retrato de Marilyn Monroe cubierta con un velo, hasta una versión de ‘La balsa de la Medusa’ de Eugène Delacroix, en homenaje a los migrantes que cruzan el Mediterráneo. Hay incluso una pequeña consola para jugar a una versión del River Crossing en el Nilo. 

La ceremonia de inauguración ha tomado la forma de un coloquio informal y participativo. Además de los dos comisarios, cuatro de los artistas participantes han acudido al acto. Los organizadores se han mostrado muy satisfechos de que la muestra haya encontrado sitio en Madrid, debido a los lazos socioculturales e históricos de España con el norte de África; una región geográfica cuya unidad y cohesión han sido vehiculadas tradicionalmente por las distintas formas de expresión artística, en palabras de Douib. 

De izquierda a derecha, Toufik Douib, Ilyes Messaoudi, Rasha Amin, Combo, Sarah Basma Harnafi y Najlaa el-Ageli
PABLO RUBIO/ATALAYAR - De izquierda a derecha, Toufik Douib, Ilyes Messaoudi, Rasha Amin, Combo, Sarah Basma Harnafi y Najlaa el-Ageli

Ante todo, uno de los rasgos que más destaca de la muestra es que toda ella encierra una cierta ironía que luego se manifiesta por separado en muchas de las piezas. Como estilo artístico, el pop art, por definición, representa un modelo que sitúa la cultura occidental en el centro de su filosofía; una cultura homogeneizadora, que se ha valido de su fuerte atractivo para expandirse globalmente a través de sus iconos más simbólicos. La exposición comisariada por Douib y El-Ageli no solo se aprovecha de esta dinámica, sino que le da la vuelta.

Imágenes clásicas de la cultura americana son sometidas a un proceso de “magrebización”, como lo describe Combo, uno de los artistas, y son adaptadas a los usos y costumbres tradicionales del norte de África. Así, se puede admirar a Marilyn Monroe, musa de Warhol, cubierta con un velo; a su lado, Prince aparece ataviado con una larga túnica blanca; las botellas de Coca Cola están etiquetadas como en la época de Gaddafi. Los artistas tunean a su antojo lo que se les pone por delante en una suerte de acto genial y sutil de apropiación cultural a la inversa.

La Estatua de la Libertad, Marilyn Monroe y Prince, con un filtro algo distinto.
PABLO RUBIO/ATALAYAR - La Estatua de la Libertad, Marilyn Monroe y Prince, con un filtro algo distinto

Otras referencias, sin embargo, no están tan claras si se miran desde la óptica de la orilla norte del Mediterráneo. Los propios creadores lo reconocen. La artista egipcia Rasha Amin se lo toma con naturalidad: “Se trata de la conexión que se establece cuando ves la obra creada; si la sientes, te impulsa a investigar y aprender más”. En las obras que aporta a la exposición, está muy presente el cine egipcio de las décadas de los 60 y los 70, aderezado con matices y dobles sentidos. 

El arte, espejo de la sociedad y agente de cambio

La historia está reflejada en la muestra, pero no solo en su dimensión más puramente cultural, sino también desde el punto de vista de la política; una vertiente voluble en las últimas décadas en el norte de África. La comisaria El-Ageli ha recordado: “Las cosas están cambiando muy rápido allí y los artistas están hablando de ello”. En efecto, el arte como herramienta para comprender y transformar la realidad es otro de los hilos conductores de la muestra.

Esta tendencia se ve claramente en uno de los proyectos recogidos en la exposición, a cargo del artista tunecino Ilyes Messaoudi. El joven creador propone nada menos que una revisión de ‘Las mil y una noches’. En la historia que busca transmitir, Sherezade es una chica tunecina antes, durante y después de la revolución y la transición a la democracia en su país. A través de este personaje, los cuadros de Messaoudi exploran la evolución de temas como la igualdad de género, los derechos civiles y la percepción de las minorías; cuestiones a veces tabú en la sociedad de Túnez. “Mi arte tiene una vertiente educativa, sobre aquello que podemos aprender fuera de la escuela”, ha explicado Messaoudi.

Delacroix, visto por The Yellow Man.
PABLO RUBIO/ATALAYAR - Delacroix, visto por The Yellow Man

Temas como las migraciones y la pobreza son una parte casi inevitable de la muestra. La versión de ‘La balsa de la Medusa’, de Delacroix, interpretada en clave actual por The Yellow Man es un ejemplo representativo. Sin embargo, estas realidades no tienen por qué ser expresadas desde un punto de vista lúgubre. La producción artística de la marroquí Sarah Basma Harnafi se enfoca con una luz más constructiva; propone una estética casi onírica de la realidad.

Algo similar es lo que plantea el artista callejero parisino Combo. En sus propias palabras, el valor de sus trabajos reside en la fuerza de lo que expresan. Ha sido un defensor ardiente de la convivencia entre culturas, como ejemplifica ‘Coexist’, un logo en favor de la tolerancia religiosa que lo ha acompañado en numerosas creaciones. No obstante, sus piezas tampoco son ajenas a la provocación. Para ilustrarlo, ha puesto como ejemplo uno de sus murales en la capital francesa, en el que sugiere la homosexualidad de Tintín y su amigo el capitán Haddock, personajes de cómic creados por el belga Hergé. “Si causó controversia en Francia, no puedo imaginar intentar algo así en Marruecos”, ha bromeado. 

‘Coexist’, el llamamiento a la convivencia de Combo
PABLO RUBIO/ATALAYAR - ‘Coexist’, el llamamiento a la convivencia de Combo

Todos los participantes en la conversación se han mostrado de acuerdo en señalar las redes sociales como un catalizador importante del impacto que pueden tener las obras artísticas; más aún en el caso del pop art, caracterizado por su poderoso impacto visual. Messaoudi ha insistido en la capacidad de Internet para “vulgarizar el arte”, no de un modo peyorativo, sino en el sentido de volverlo más accesible. La viralidad de las redes, han convenido, ha sido una gran herramienta, además, para consolidar las comunidades artísticas en el norte de África.

: El director general de Casa Árabe Pedro Martínez Avial, escoltado por los comisarios.
PABLO RUBIO/ATALAYAR - El director general de Casa Árabe Pedro Martínez Avial, escoltado por los comisarios

Después del coloquio, música norteafricana pinchada por dos artistas de la Escuela de Oficios Electrosonoros ha amenizado la visita a la exposición. El recorrido ha finalizado con palabras de agradecimiento de los dos comisarios y también del director general de Casa Árabe Madrid, Pedro Martínez-Avial, que ha destacado la frescura y el dinamismo de la muestra.