Una oleada de violencia sacude Colombia

El narcotráfico, la vuelta de la violencia con las FARC y las acciones del ELN han recrudecido la violencia en el país sudamericano
Soldados vigilan el área donde un artefacto explosivo explotó en el distrito de Aguablanca, en el este de Cali, Colombia, el 13 de agosto de 2020, cerca del lugar del funeral de cinco jóvenes encontrados asesinados en un campo de caña de azúcar

AFP/LUIS ROBAYO  -   Soldados vigilan el área donde un artefacto explosivo explotó en el distrito de Aguablanca, en el este de Cali, Colombia, el 13 de agosto de 2020, cerca del lugar del funeral de cinco jóvenes encontrados asesinados en un campo de caña de azúcar

En menos de una semana, Colombia ha vivido cuatro episodios violentos que recuerdan a los años de plomo más crueles de la guerra de seis décadas entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Como recoge el periódico colombiano El Espectador, 13 jóvenes han sido asesinados: dos estudiantes del municipio de Leiva; dos disidentes de las FARC y otros ocho en la masacre en el municipio de Samaniego. 

“Estamos en una anarquía, un desorden total en Nariño”, denuncia el gobernador de Nariño, departamento donde han tenido lugar los ataques.  El gobernador en su cuenta personal de Twitter ha denunciado los hechos y señaló una “incursión de hombres armados en una zona rural de Samaniego dejó nueve personas asesinadas y otras heridas”. Rojas indicó que la presencia de estos grupos armados viola el Derecho Internacional Humanitario e hizo un llamado: “No al derramamiento de sangre”.

AFP/LUIS ROBAYO - Amigos y familiares durante el funeral de cinco jóvenes encontrados asesinados en un campo de caña de azúcar en el distrito de Aguablanca, en el este de Cali, Colombia, el 13 de agosto de 2020
AFP/LUIS ROBAYO - Amigos y familiares durante el funeral de cinco jóvenes encontrados asesinados en un campo de caña de azúcar en el distrito de Aguablanca, en el este de Cali, Colombia, el 13 de agosto de 2020

Han sido tres masacres en menos de una semana. El sábado 8 de agosto dos estudiantes que se dirigían a entregar un trabajo fueron tiroteados a su vuelta de la escuela. Tres días después, cinco menores fueron encontrados sin vida en una zona donde se reportaron conflictos entre bandas de tráfico de drogas. Y el domingo, ocho jóvenes fueron asesinados en un área donde desde hace años están presentes miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la guerrilla más grande de Colombia. En una entrevista al El Espectador, el gobernador pide ayuda al Gobierno nacional y una “revisión urgente del Acuerdo de Paz, firmado en La Habana”. 

Desde que, en 2016, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, se firmara el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC, la violencia disminuyó considerablemente. Pero la situación parece estar cambiando y estos últimos hechos solo han recrudecido la violencia. El gobierno de Iván Duque, en el poder desde 2018, ha sido acusado por la oposición colombiano de no cumplir con el acuerdo de paz.

Duque condenó el ataque y ya ha enviado al Ejercito y la Policía. “Ordené a los generales Enrique Zapatero (comandante del Ejército) y Jorge Vargas (director de Seguridad Ciudadana de la Policía) que se desplacen a la zona. Vamos a llegar al fondo y dar con los autores de este crimen”, escribió en las redes sociales el presidente colombiano.

AFP/LEONARDO CASTRO - Amigos y familiares lloran el funeral de uno de los ocho jóvenes asesinados en una zona rural de Samaniego, departamento de Narino, Colombia, el 16 de agosto de 2020
AFP/LEONARDO CASTRO - Amigos y familiares lloran el funeral de uno de los ocho jóvenes asesinados en una zona rural de Samaniego, departamento de Narino, Colombia, el 16 de agosto de 2020
Zona conflictiva

En la zona de Nariño, la presencia de grupos armados ilegales es habitual. Desde el ELN, disidencias de las FARC y numerosas bandas de narcotraficantes. El ELN, la guerrilla más antigua del mundo, fundada en 1964, es considerada “organización terrorista” por Estados Unidos, Colombia y la Unión Europea.

Las FARC, a pesar de confirmar el proceso de paz con el Estado colombiano, han seguido manteniendo sus armas y su influencia en ciertas zonas del país, como en el departamento de Nariño.