Una partida larga y sin vacunas

La lucha contra la COVID-19 en África todavía llevará tiempo
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PHOTO/Michael Tewelde  -   John Nkengasong, director del Centro Africano de Control de Enfermedades (CDC)

Con el 17% de la población mundial, África tiene un porcentaje de casos reportados menor del 3%. Sin embargo, ahora se añade otro número más discreto incluso y que empaña el optimismo: las vacunas administradas en el continente no llegan al 2% de las inoculadas a nivel mundial.

Ahora que en algunas zonas del mundo la vacunación parece ir doblegando, poco a poco, a la enfermedad, los datos en regiones como África o América Latina nos recuerdan que la partida aún será larga y, sobre todo, global. Precisamente, una de las tentaciones, y un riesgo para África, es un bloqueo del continente por parte de los países que considerarían la pandemia superada de no ser por las zonas del mundo sin acceso a la vacuna. “Europa quiere vacunar al 80% de su población este año. (…) Les vacunarán, pondrán barreras fronterizas y África se convertirá en el continente de la COVID. En África, esperamos inmunizar a un 60% de la población en los próximos dos o tres años. Si no lo conseguimos y nos retrasamos, el virus se hará endémico en nuestras comunidades”, dijo John Nkengasong, director del Centro Africano de Control de Enfermedades (CDC). Listas rojas como las de Reino Unido, que bloquea el tránsito de ciudadanos con distintas naciones y que incluye a 18 países africanos, son un ejemplo de lo que podría pasarle a un continente ya tocado por la pobreza y la desigualdad.

En la línea de revertir esta infravacunación, y ante la imposibilidad de hacerse con dosis en una competición en la que se quedan con ellas los países productores y con mayor poder adquisitivo, surgió la iniciativa de Sudáfrica e India para lograr una moratoria en la patente de las vacunas. En un principio, la iniciativa elevada a la Organización Mundial de Comercio (OMC) fue rechazada, pero cada vez son más los países que ven con buenos ojos la propuesta, incluyendo a los Estados Unidos de Biden. Europa también se ha mostrado dispuesta a trabajar en este sentido. Sin embargo, el movimiento de la Administración estadounidense provocó una caída en Bolsa de las empresas farmacéuticas implicadas. Los contrarios a una liberación de las patentes consideran que algo así provocaría una pérdida en la calidad, así como el control de la vacunación.

Siguiendo con el país austral, en Sudáfrica se han registrado casi 60.000 muertes de las 130.000 oficiales en el continente desde el inicio de la pandemia –solo Egipto, Marruecos y Túnez superan o se acercan a las 10.000–; sin embargo, estudios realizados sobre el exceso de fallecimientos, señalan que solo entre el 6 de mayo de 2020 y el 10 de abril de 2021 se han producido en el país 153.668 más muertes que en un año normal. En este momento, el país enfrenta la tercera ola con solo la mitad de los sanitarios vacunados y una promesa, poco creíble a juzgar por los datos actuales, de vacunar en junio a los mayores de 60 años. Preocupa, y mucho, la variante india, que ha entrado en el país y podría ser más transmisible y virulenta.

Quien afronta la campaña de vacunación con decisión es Marruecos. El país norteafricano ha puesto la pauta completa de vacunación a un 12% de su población, lo que sitúa al país en el puesto 19 a nivel global de las dosis administradas –España está en el 13–. Habría que bajar hasta más allá del puesto 50 para encontrar a otro país africano, Nigeria. Así es en cuanto a números globales, pero en términos relativos, Marruecos está en el puesto 32, seguido a nivel africano por Túnez, más allá del 80. No obstante, en esta clasificación hay una nación africana que supera a todas las demás y que ocupa el primer puesto mundial en términos relativos. 

Concretamente la formada por el centenar de islas que conforman Seychelles.  Su caso es particular, cuenta con una población de solo 100.000 personas de las que se han vacunado más del 60%. Por esa característica pionera, la comunidad internacional estudia de cerca su situación, sobre todo ahora que se ha observado un aumento reciente de casos, algo inesperado dado el elevado nivel de inmunización. Aunque el hecho puede causar inquietud, los síntomas de las personas infectadas son menos graves. 

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PHOTO/Rodger Bosch - El Nobel de la Paz Desmond Tutu sale del Brooklyn Chest Hospital de Ciudad del Cabo después de ser vacunado contra el coronavirus. 

En Tanzania, el fallecimiento en marzo del presidente John Magufuli parece haber servido para que las autoridades reaccionen. El país de África oriental no publicaba datos de contagios de una enfermedad que no solo se ninguneaba, sino que se pretendía combatir con métodos acientíficos. Ahora, la nueva presidenta, Samia Suluhu Hassan, se ha dejado ver usando mascarilla y ha publicado nuevas normas para combatir la pandemia. La obligación de guardar cuarentenas y de pruebas PCR para entrar en el país, confirman el cambio de estrategia ante la COVID-19.

También, Madagascar, que durante meses ha dado que hablar por su respuesta para tratar la enfermedad con un remedio elaborado con plantas medicinales, ha comenzado la vacunación, que se centra inicialmente en el personal de salud, mayores de 80 años y personas vulnerables. Los malgaches recibieron en mayo 250.000 dosis procedentes del programa COVAX, un instrumento lanzado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Comisión Europea y Francia, que pretende asegurar el acceso mundial a la vacuna.

A nivel regional, instituciones de investigación africanas, apoyadas por organizaciones sanitarias internacionales, están llevando a cabo el mayor ensayo clínico del continente para encontrar tratamientos tempranos contra el virus. El ‘Anticov’ se lleva a cabo en 13 países africanos y probará una combinación de medicamentos para tratar casos leves y moderados y evitar que empeoren.

Para acabar este repaso a la situación en el continente, se ha producido estas últimas semanas un ligero descenso de los casos, pero un pequeño aumento de la mortalidad. No es desdeñable la posibilidad de que las variantes sudafricana, india o brasileña estén siendo hoy infradiagnosticadas, pues hay una menor capacidad clínica para identificarlas. En esta línea, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advierte del peligro de bajar la guardia y -volvemos al principio- no lograr incrementar la vacunación, “porque la situación africana podría asemejarse a la de India”, que vive una explosión de casos tras haber tenido durante meses una expansión de la enfermedad relativamente baja y con relativamente pocos fallecidos.