Unión Europea-Mercosur: multilateralismo en tiempos de guerras comerciales

Representantes de los países de Mercosur y diferentes expertos han abordado en Casa América las posibilidades tras la firma del acuerdo de libre comercio
Seminario 'Efectos y potencialidades del acuerdo UE-Mercosur'

PHOTO/CASA DE AMÉRICA  -   Seminario 'Efectos y potencialidades del acuerdo UE-Mercosur'

Representantes de las cuatro embajadas de los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y diferentes expertos en la región se han dado cita este martes en la sede de la Casa de América en Madrid para abordar las posibilidades que se abren tras la firma del acuerdo de libre comercio firmado entre la Unión Europea (UE) y la organización internacional sudamericana. El seminario, organizado por la institución acogedora y el Observatorio de Coyuntura y Prospectiva del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, ha analizado los efectos en la economía y política del nuevo espacio de libre comercio que tiene provisto establecerse a ambos lados del ecuador. 

“El éxito del acuerdo ha sido no solo hablar de aranceles y cuotas de mercado sino de valores, que es lo que nos une a la UE y a América Latina”, comenzaba su intervención  Antonio Pérez Hernández, director general de la Casa de América, quien también se ha referido al tratado como un pacto “amplio, ambicioso y equilibrado”. La firma del acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur que pudo anunciarse el pasado mes de junio en la cumbre del G20 tras 23 años de negociaciones, no solo ha cobrado importancia por los millones de euros y puestos de trabajo que va a permitir crear, o por la seguridad jurídica que va a portar a los dos bloques; sino por el momento en el que ha llegado a su punto culmen. 

“Es un mensaje importante para el mundo de que creemos en el multilateralismo y en el libre comercio como motor de desarrollo”, declaraba Pompeu Andreucci Neto, embajador de Brasil en España. Y es que el pacto ha llegado en tiempos de incertidumbre internacional y de retorno al proteccionismo y guerras comerciales, como las que están desarrollando China y Estados Unidos (EEUU) o entre Corea del Sur y Japón; además de los vientos de recesión económica que empiezan a sentirse en Alemania y en el conjunto de la UE, a los que se suman los movimientos nacionalistas y populistas en el corazón del viejo continente. “El acuerdo ha llegado en el mejor momento, las dos partes han mostrado su preferencia por un mundo de reglas frente a la elección de un mundo sin ellas”, comentaba José Juan Ruiz, economista experto en la región. 

Vista general del público asistente al seminario
PHOTO/CASA DE AMÉRICA - Vista general del público asistente

El tratado entre la UE y Mercosur va a crear el área de libre comercio más grande del mundo, suponiendo el 25% de la economía del planeta y afectando a 780 millones de personas. Además, el texto incluye el desarrollo de sinergias en áreas como la ciencia, la educación, la defensa, la ciberseguridad, o la lucha contra el terrorismo, por lo que puede sentar las bases para una cooperación mucho más amplia y extensa entre los dos bloques regionales: “Este es un acuerdo comercial profundo, su atención al medio ambiente o a la protección de inversiones puede tener un impacto mayor. Si los países de Mercosur armonizan las reglas de origen, el acuerdo abre la puerta a la reasignación de recursos” y permite la interacción productiva entre las empresas de Sudamérica, apuntaba José Juan Ruiz. 

Sin embargo, el pacto también ha tenido sus materias delicadas, y los productos agrícolas se han mostrado en el centro del huracán. Los países de Mercosur, especialmente Brasil, tienen una gran cantidad de materias primas y recursos naturales mientras que Europa por su parte cuenta con la más avanzada industria agrícola del planeta. Debido a esto, rápidamente se mostró la reticencia de estados como Francia o Países Bajos durante las negociaciones, pero se consiguieron solventar mediante un sistema garantista de cuotas y salvaguardas. 

 

Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca
PHOTO/CASA DE AMÉRICA - Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca

“La UE tiene una política proteccionista y poco transigente entorno a la liberación agrícola, pero podemos establecer adhesiones productivas”, ha destacado Marcel Vaillant, profesor de comercio en la Universidad de la República de Uruguay, quien apuntaba, además, que “el acuerdo tiene periodos largos de liberalización y guarda muchas reservas”. Falta mucho por llevar a la realidad: “Tenemos acceso al acuerdo pero no a los programas de liberalización de servicios”, añadía. En la misma línea se reafirmaba el embajador brasileño: “El acuerdo seguirá siendo negociado” incluso después de su entrada en vigor. 

El área de libre comercio en ciernes no solo va a crear grandes vencedores, también algunos perdedores en ciertas partes de la economía, así ha sido para el sector agrícola europeo que, además, tiene gran capacidad de presión e influencia en la política nacional y comunitaria. Como apuntaban los conferenciantes, no solo va a ser importante la liberalización por cuotas del sector agrícola, sino las políticas de compensación que tendrán que desarrollar los estados hacia los perdedores en el intercambio. Ahora cobrará importancia un “desarrollo institucional y que estas instituciones den seguridad mediante mecanismos de compensación”, contaba el profesor Vaillant. “El acuerdo traerá más riqueza, pero tienen que ser los países los que creen políticas para acabar con la pobreza y la desigualdad”, añadía Ruiz. 

 

José Juan Ruiz, economista
PHOTO/CASA DE AMÉRICA - José Juan Ruiz, economista

La creación de este tejido institucional será un reto, especialmente para Brasil y Argentina, países que llevan décadas a la cabeza en las listas de proteccionismo y que ahora se abren no solo al mercado europeo, sino mediante este, al resto del mundo. Este punto se conforma como uno de los que puede poner en riesgo la ratificación del acuerdo, Argentina se encuentra en medio de un proceso electoral y el nuevo Gobierno que salga de las urnas puede poner en riesgo el pacto que ha sido una de las grandes apuestas del último presidente del país, Mauricio Macri. La no ratificación del acuerdo puede hacer que los otros tres Estados de Mercosur sigan adelante con el libre comercio dejando en desventaja al país y poniendo en peligro el proceso de integración sudamericano. 

Del mismo modo, el proceso de ratificación europeo se espera largo y complejo. El texto tiene que ser ratificado primero por el Parlamento Europeo y después por las demás asambleas nacionales, una a una. Sin embargo, los expertos se han mostrado confiados en que Europa solventará los últimos escollos, baches como la sorpresa de bloqueo en el parlamento de Austria, Estado que también va a vivir elecciones próximamente; o los últimos desencuentros que han mantenido el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, sobre la situación en el Amazonas y su posible relación con el acuerdo. 

Las consecuencias del área de libre comercio birregional van más allá de los dos bloques implicados. Para la UE, el acuerdo le permite el acceso preferente no compartido con EEUU a una región como América Latina. Bruselas ahora podrá servir de intermediario entre actores como Canadá, EEUU o Japón con el bloque de Mercosur y lo que es mejor, podrá hacerlos pasar por caja. Del mismo modo, el tratado permite a los países de Mercosur a insertarse en los mercados del mundo y no de cualquier forma, sino con los altos estándares de calidad y reconocimiento que la UE les ofrece

Fernando Rueda Junquera, del Instituto de la Iberoamérica y de la Universidad de Burgos
PHOTO/CASA DE AMÉRICA - Fernando Rueda Junquera, del Instituto de Iberoamérica y de la Universidad de Burgos

Además, el acuerdo no dejará otra vía a los cuatro Estados latinoamericanos que la de ahondar más en sus políticas de integración para dar una respuesta a sus socios del otro hemisferio. El área de libre comercio a ambos lados del Atlántico puede servir de contraparte económica y políticamente a los efectos de los intercambios en el Pacífico y sus posibles vaivenes. “Hay que dejar claro que netamente el acuerdo es positivo”, apuntaba Fernando Rueda Junquera, profesor de la universidad de Burgos y miembro del Instituto de Iberoamérica, que añadía no obstante “que se necesitarán más políticas de negociación”. 

Las dos regiones se han posicionado como baluartes de las relaciones multilaterales y es que desde siempre sus relaciones han sido muy estrechas. La UE y Mercosur ya guardaban aspiraciones sobre una asociación birregional desde el año 1992, recién creada la organización latinoamericana y pocos meses después de haberse firmado el Tratado de Maastricht. Sin embargo, el proceso de negociación ha tenido grandes idas y venidas, concretamente hubo largos parones en los diálogos entre 2004 y 2010, y no fue 2016 cuando las autoridades decidieron volver a impulsar las negociaciones con más fuerza, especialmente ante el aumento de la influencia china en la economía global y el creciente proteccionismo de Washington. 

Ana Alonso, redactora de internacional en El Independiente.
PHOTO/CASA DE AMÉRICA - Ana Alonso, redactora de internacional de El Independiente

Liz Cortés, agregada de negocios de la Embajada de Paraguay, puso gran énfasis en la cronología de la composición del acuerdo para aclarar que “no es un proceso impulsado por una persona o por un Gobierno sino que tiene una base sólida”. La diplomática afirmaba que este entendimiento político no tiene precedentes: “Es la primera vez que dos regiones tan importantes y con tanto volumen de población logran ponerse de acuerdo”. 

Ahora, al texto le queda por delante un presumible periodo de ratificación largo y no menos complicado. “¿Y si sale mal?”, preguntaba la periodista de El Independiente y moderadora Ana Alonso.  “Como dijo el Conde Oeiras tras el terremoto de Lisboa de 1755 ‘enterrar a los muertos y dar de comer a los vivos’, tendremos que enterrar los debates muertos y comenzar por los vivos”, le respondía el economista José Juan Ruiz. A lo que añadió el profesor Vaillant “Llevamos 25 años negociando, hemos aprendido la lección. Tendremos que buscar alternativas”.