Uniones que destruyen en Níger

Níger es el país en el que se produce la mayor cantidad de matrimonios infantiles en el mundo, con una tasa del 76%
Mujeres Níger

 -   Una mujer con un grupo de niños en Níger en una foto de archivo.

En ocasiones, los límites entre realidad y sueño pueden difuminarse de manera casi inmediata en las mentes infantiles, llevando lo imaginario a lo material en un chasquido y transformando una simple idea en una maravillosa representación terrenal. Sin embargo, no todo lo fantástico es, necesariamente, bello y bueno. Las quimeras también pueden adoptar formas que, aunque sean ficticias, inspiren temores incontrolados. Y en el momento en el que se convierten en reales, las sonrisas se apagan y las miradas se congelan. 

“Tengo mucho miedo de que haya un monstruo debajo de mi cama por las noches, pero cuando mamá mira y no hay nada, me quedo más tranquila” dice María, una niña española de cinco años de edad, cuando le preguntan al respecto. Esta afirmación es, entre los más pequeños de Occidente, un miedo prácticamente estandarizado e ilusorio… pero ¿y si mamá no mira debajo de la cama? ¿qué ocurre cuando el “monstruo” es real y se tumba a tu lado para dormir todos los días? Le oyes respirar pesadamente a pocos centímetros de ti y no puedes hacer más que resignarte. 

Nafissa
© UNICEF/UNI202947/van der Velden - Nafissa, de 17 años, en su casa en Maradi, Foura Gwirk. Se casó cuando tenía 16. Ha estado casada durante 10 meses, quedando embarazada 3 meses después de casarse. 
 

La pesadilla del matrimonio infantil se cierne amenazante sobre el 76% de las mujeres adolescentes en Níger, que se han visto en la obligación de casarse antes de los 18 años. Esta tasa se corona como la más alta a nivel mundial, seguida de la de República Centroafricana (68%), Chad (68%) y Malí (55%), según datos de 2018. Aunque también existe este obstáculo en los niños (115 millones), se trata de una cuestión de género, en la que hay una gran desproporción en comparación con las niñas (650 millones). La menstruación marca el momento a partir del que ya podrán llevar a término el casamiento, que suele darse, generalmente, con hombres mucho mayores. De este modo, son arrojadas violentamente contra una realidad que no están preparadas para afrontar a una edad tan temprana. Al fin y al cabo, el conservadurismo característico de algunas de estas zonas supone la ruptura de estas chicas con su infancia, que se hace a un lado para dejar paso a la lacra que entraña en ocasiones el haber nacido niña en un país marcado por la desigualdad social. Y no sólo genera repercusiones en este sentido, sino que afecta directa y negativamente a otros derechos como el acceso a la educación, la salud o la protección. No en vano, Níger se encuentra entre los diez países más pobres del mundo (el 49% de la población vive por debajo de la línea de pobreza) y es el que mayor fecundidad posee (7,18), lo cual no es sino un factor más en el retraso del desarrollo.

Este asunto es, sin embargo, mucho más complejo de lo que pueda parecer en una primera instancia, puesto que en él convergen múltiples factores. Principalmente, la escasez de recursos educativos y el analfabetismo se alían con la carencia de un marco legal que ampare a las niñas ante el matrimonio, lo que sirve a las jóvenes en bandeja de plata para que los convencimientos religiosos y sociales intervengan. Aumentar el estatus social familiar, la falsa esperanza de oportunidades de progreso, liberar a los padres de la carga económica que supone su mantenimiento… todo ello se superpone al miedo y a la angustia que trae consigo el casamiento forzoso y se convierte en un palacio de mentira bajo el que ellas creen poder mejorar su realidad. 

Karima
© UNICEF/UNI202944/van der Velden - Karima (en el centro de la foto) presta atención a su clase en la escuela de Maradi. Su abuelo quiso casarla cuando solo tenía 12 años, pero esto se pudo evitar en el último momento gracias al apoyo de UNICEF a los programas de prevención del matrimonio infantil en Níger.

 

Por otra parte, mientras las nigerinas contemplan en el matrimonio un cauce mediante el que evitar la desdicha y prosperar, lo cierto es que esto las lleva por un derrotero totalmente opuesto. Las jóvenes casadas y las madres infantiles no poseen potestad alguna de decisión, no obtienen ingresos propios y tienen prácticamente vetado socialmente el ejercicio de sus derechos (la gran mayoría de los cuales, desconocen). Asimismo, esto las convierte en objetivos vulnerables ante la violencia, los abusos y la explotación. Pero las familias, ya sea por ignorancia o por necesidad, siguen entregando a sus hijas en matrimonio, puesto que “creen que les están dando otra oportunidad”, afirma a Atalayar Lorena Cobas, especialista de programas de UNICEF (Fondo de la Organización de Naciones Unidas para la Infancia) en el Comité Español. De este modo, si están pasando por muchas dificultades, posibilitan que la niña no pase penurias económicas dejando su custodia al futuro marido y, al mismo tiempo, dejan de cargar con el esfuerzo que supone tener que alimentar una boca más. Así es cómo se construye el falso dogma nigerino que impera en las mentes de ellas, porque “las niñas piensan que tienen alguna opción en la vida cuando se han casado”, afirma Cobas.

De manera análoga, estos casamientos también generan una serie de perjuicios para la integridad física y vital de las afectadas. En primer lugar, la posición de inferioridad de las mujeres jóvenes en este contexto obstaculiza el planteamiento en torno a la utilización de métodos anticonceptivos. La transmisión de enfermedades sexuales es, por tanto, una realidad más que frecuente, así como los embarazos prematuros y los no deseados. La vida de las madres infantiles se enfrenta, por tanto, a un continuo riesgo. Por otra parte, se convierten en responsables de criar a un niño cuando ellas mismas no han dejado de serlo todavía. En este marco, el embarazo paraliza su propio desarrollo físico -y mental- y afecta a su estado nutricional. Las complicaciones durante el embarazo y el parto son una de las principales causas de la muerte entre adolescentes. 

Qué se puede hacer al respecto

Pese a que existen varios tratados internacionales y ciertas leyes que establecen los 18 años como la edad mínima para casarse, llevar la teoría a la práctica es mucho más complicado. Sin ir más lejos, esta tradición atenta contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y parte de lo que se recoge en ella es que “solo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse matrimonio”. 

Saratou
© UNICEF/UN07362/Tremeau - Saratou tiene 17 años y explica que “un día, un hombre mayor, el sobrino de mi tío, me dijo que quería casarse conmigo”. Pero ella se oponía y se lo contó a su amiga Chamsiya, una de las chicas integrantes del programa de UNICEF para la prevención del matrimonio infantil en su ciudad. Con su ayuda, pudo evitarlo

 

Tampoco está en consonancia con otros tratados como La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación en Contra de la Mujer (CETFDCM), la Convención sobre el Consentimiento para el Matrimonio, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del Niño o la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos. Sin embargo, la falta de concienciación, de registros matrimoniales o nacimientos y el choque con los ideales religiosos y sociales perpetúan el casamiento de menores pese a la existencia de un marco legal robusto. La asociación internacional Girls Not Brides, mantiene en un informe que “reformar la ley es solo una parte de la solución. Con objeto de prevenir el matrimonio infantil debe adoptarse un enfoque integral y holístico que aborde la raíz del problema”.

En este sentido, Lorena Cobas asegura que “en los objetivos de desarrollo sostenible hay uno que marca que para 2030 no haya matrimonio infantil. En Níger esto va a ser complicado de conseguir”. La tasa en este país situado en el Sahel es demasiado alta, aunque desde la organización las perspectivas y esperanzas son favorables. Así, uno de los pilares más importantes a construir en este sentido es la enseñanza. Es necesario “aumentar la matriculación de las niñas tanto en educación primaria como en secundaria”, puesto que numerosas investigaciones demuestran que, cuanto mayor es el nivel de estudios, mayor puede llegar a ser el desarrollo de un país y existe menor tendencia al matrimonio infantil. La ignorancia es, en este sentido, un poderoso enemigo contra el que combatir porque “las mujeres dadas en matrimonio están menos educadas, con lo cual tienen menos oportunidades de tomar decisiones y tomar las riendas de su vida”.

El colmo del desarrollo mundial

Níger “es una sociedad muy cerrada en los cambios de normas”, lo que no hace sino dificultar cualquier intento de evolución en el país. En este sentido, el porcentaje de chicas menores de 18 años que han sido entregadas en matrimonio no ha variado de forma notable, y así lo afirma la especialista: “no vemos que haya disminuido especialmente en los últimos años”. 

Rounga
© UNICEF/UNI203411/van der Velden - Rounga Hardo Oro en el distrito de Maradi, Habsatou, de 13 años, (con cuadros rojos) con sus hermanos y niños del vecindario. Después de una visita de Issa Souleymane Madougou, de la Dirección Regional de la Población, de la Promoción de la Mujer y de la Protección del Infante de Maradi. Su padre cambió de opinión y canceló el matrimonio planeado.
 

No solo Níger, sino que África es, en sí misma, el colmo del desarrollo mundial. Es rica en recursos y territorio, pero la lacra de la “inferioridad” frente a Occidente y el sentimiento de sumisión, que todavía permanece en el recuerdo desde el colonialismo, siguen tirando del continente hacia abajo en la carrera por el crecimiento. Así, el resto de potencias se alimentan de ella y progresan a su costa. No obstante, el siglo XXI pisó con fuerza y parece que África ha despertado del letargo poco a poco. Aunque todavía sigue siendo víctima de estos daños, las cifras ofrecen una visión esperanzadora. Max Roser, economista en la Universidad de Oxford, lo mostró en una serie de gráficos. Así, se puede observar cómo los niveles de pobreza extrema en el mundo se han reducido desde más de un 60% en 1959, hasta algo más de un 10% en 2015. Si bien es cierto que sigue siendo un porcentaje muy elevado, parece que se ha emprendido el camino hacia el progreso. 

Pese a la evolución tranquilizadora de los gráficos de Roser, es evidente que África es de esos lugares que parece que quiere, pero no puede, y siempre se queda la última en la fila del desarrollo. Níger es un claro ejemplo al respecto, con su prácticamente invariable cantidad de matrimonios infantiles, entre otras cosas. Aunque UNICEF mira hacia el futuro con optimismo en lo que a la erradicación de esta costumbre se refiere, lo cierto es que “todavía queda mucho por hacer y va a ser difícil” asegura, en este sentido, Lorena Cobas.