Opinión

Chile, final de la “tregua”

Chile

Chile ha sido uno de los países latinoamericanos más azotados por la pandemia. Las medidas adoptadas para frenarla continúan sin dar los resultados esperados. Los hospitales están saturados ante la avalancha de los seis mil contagiados diarios que acuden en búsqueda de una atención que los sanitarios no pueden proporcionarles. Setecientos empleados de la salud, médicos, enfermeras, han sido contagiados. Faltan, como ocurre en otros muchos países, medios suficientes. 

Muchas personas se saltan el confinamiento y promueven manifestaciones en las que se aglutinan centenares de personas que generan nuevos focos de contagio. Detrás de la inquietud social que se respira late la onda explosiva de protestas que unos meses atrás mantuvo al país al borde del caos.

El coronavirus propició unas semanas de calma, una especie de tregua en las manifestaciones callejeras y los múltiples incidentes que provocaron. Pero el descontento de la gente modesta, lejos de olvidarse, está volviendo a retomar la virulencia pasada. La confinación originada por la COVID-19 ha agravado los problemas de muchas familias que carecen de ingreso alguno. A las personas que viven en la pobreza se están sumando los que han perdido el empleo por el cierre de las empresas y autónomos, el grupo mayoritario que el confinamiento ha dejado en el paro.

El Gobierno de Sebastián Piñera ha adoptado medidas a todas luces insuficientes. Se ha retrasado el plazo para pagar los impuestos y se ha montado un sistema para repartir cestas de comida en los barrios más depauperados que resultan insuficientes. En esta situación, las convocatorias a manifestarse y expresar su protesta cunden fácilmente.

De momento, es en los barrios más depauperados donde han empezado a prodigarse. La preocupación del Gobierno es que se vayan extendiendo. Los grupos que capitanearon las protestas de los meses anteriores ya han empezado a lazar convocatorias para reanudarlas en el punto donde las han dejado. Desde el Gobierno se arguye que los daños causados entonces agravan ahora la situación. Los convocantes por su lado argumentan que tienen que seguir luchando contra la desigualdad, que evidentemente es muy acusada, más puestos de trabajo y mejoras en las condiciones laborales. Las protestas anteriores fueron atendidas por buenas palabras y promesas del presidente que no se han cumplido.

Chile es uno de los países del continente que más se ha desarrollado y ofrece los mejores datos económicos, pero aunque los índices de pobreza han disminuido, las mejoras de los últimos años a las clases media y baja no han llegado.