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Opinión

Draghi se impone a Salvini

mario draghi primer ministro italia

La reciente invasión de la República de Ucrania por la Federación Rusa ha dado la ocasión, una vez más, para afianzar a Mario Draghi como uno de los líderes de referencia en la Unión Europea y, al mismo tiempo, poner de manifiesto su capacidad de sometimiento sobre quien lideraba la política transalpina desde septiembre de 2018 (nos referimos a Matteo Salvini, líder de la Liga). Y es que Draghi, ante la contundente respuesta de la UE de apoyar a Ucrania pactando sanciones económicas contra la Federación Rusa y, de manera paralela, enviando armamento a un ejército ucraniano que tiene pensado plantar cara a Vladimir Putin, se encontró con una contundente réplica por parte de Salvini, conocido amigo del autócrata líder ruso. Y es que bastó con que Salvini dijera “No en mi nombre” a enviar armas, para que Draghi llevara el asunto al Parlamento italiano y éste le diera un aplastante apoyo a dicho envío de armas. Así que, nuevo ridículo para un Salvini al que el mandato presidencial de Draghi se está convirtiendo en un auténtico calvario personal.

En realidad, llueve sobre mojado, porque ya en su momento Salvini pidió a Draghi la cabeza de dos ministros, uno el de Sanidad (Speranza, de LeU) y otro el Interior (Lamorgese, una independiente que entró a dirigir este ministerio de la mano del Presidente Mattarella), y la respuesta de Draghi a ambas exigencias fue un contundente “no”. Unos meses después, Salvini se opuso frontalmente al “green-pass” que Draghi quería poner en marcha, y la respuesta del Presidente del Consejo de Ministros fue que el “green-pass” entraría en funcionamiento sí o sí. Y eso fue lo que sucedió, quedando claro que el político lombardo manda poco o muy poco en el actual Ejecutivo.

Hay que pensar, en relación con ello, que la reelección de Mattarella no ha hecho otra cosa que afianzar aún más a Draghi como “premier”, ya que el veterano político y jurista siciliano fue quien le llamó, en la primera semana de febrero de 2021, para encargarle formar gobierno. Cuando, casi un año después, la clase política fracasó estrepitosamente a la hora de buscar un sucesor a Mattarella y tuvo que pedirle que aceptara un segundo mandato, en la reunión previa a la votación en la que el aún Jefe del Estado fue reelegido (con 759 votos sobre un total de 1.009), Mattarella debió arrancar a todos los presentes (esto es, los líderes de todos los partidos políticos relevantes), su compromiso de que Draghi seguiría gobernando hasta el final de la legislatura y que la “maggioranza” (de la que forma parte la Liga de Salvini) le apoyaría sin el más mínimo resquicio de disidencia.

La consecuencia de todo ello ha sido el hundimiento en intención de voto de Salvini y su partido: ahora mismo sería la tercera fuerza más votada tras los Hermanos de Italia y el Partido Democratico. Es más, en algunas encuestas Salvini está por debajo de lo logrado por su partido en las elecciones de marzo de 2018. Y es que, aunque nadie cuestionó a Salvini durante años, su fámelico “curriculum” personal (donde ni siquiera se incluye una mínima licenciatura universitaria) no hace más que languidecer ante todo un Doctor por el Instituto Tecnológico de Massachussets (estamos hablando, claro está, de Mario Draghi) que, a lo largo de sus casi 75 años de vida (los cumplirá en septiembre de este año), ha sido profesor en varias universidades italianas; miembro de la Dirección General del Tesoro durante toda una década (la de los noventa del siglo pasado); Gobernador del Banco de Italia; y, finalmente, Presidente del Banco Central Europeo (BCE). En otras palabras, la cruda realidad es que el aparentemente poderoso y decidido lombardo Salvini no pasa de mero subalterno ante una de las figuras más relevantes dentro de la dirigencia europea. Y más le vale seguir obedeciendo en todo a Draghi, porque, de ser finalmente su partido el más votado en las elecciones de marzo de 2023, tendrá que ser, o Mattarella (si es que aún sigue al frente del Quirinal), o Draghi (previsible sucesor del jurista siciliano), quien encargue formar gobierno a un Salvini que podría convertirse en el primer Presidente del Consejo de Ministros italiano, en 77 años, que llega a tan importante “magistratura” sin haber estudiado carrera universitaria. Algo sencillamente bochornoso, pero no hay donde elegir.

Independientemente de todo esto, Draghi se ha percatado de que esta era una ocasión única para hacer resaltar su liderazgo en las instituciones europeas. Con un canciller alemán recién llegado a la jefatura del gobierno, y con un presidente francés metido ya de lleno en campaña electoral, más un Pedro Sánchez que sigue sin contar para nadie entre los importantes (entre otras cosas porque el partido Podemos, miembro de la coalición de gobierno, no le deja actuar con libertad), Draghi ha visto en la unidad de los 27 países que conforman la Unión Europea una ocasión única para defender a Ucrania y su integridad territorial y, al mismo tiempo, para atacar a una Federación Rusa con la que, debe recordarse, Italia mantiene unos lazos económicos muy importantes, ya que hace décadas que las empresas italianas se encuentran entre las principales exportadoras de Occidente con destino la nación euroasiática.

Cierto es que Draghi, como en él suele ser norma, ha medido mucho sus palabras: a diferencia de lo sucedido hace unos meses con el presidente turco, al que calificó de “uno de estos dictadores que no tenemos más remedio que aguantar”, de momento no ha hecho lo mismo con Putin. Antes al contrario, ha preferido sumarse a la contundente respuesta europea teniendo presente que dentro de la Unión hay un buen número de países que, o pertenecieron en su momento a la Unión Soviética (caso de Estonia, Letonia y Lituania, las tres repúblicas bálticas que se marcharon de la órbita soviética en 1990), o que estuvieron bajo el área de influencia de la URSS durante toda la “guerra fría” (es el caso de Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumanía). Unos tiempos aquellos en los que el “zar” Putin era miembro del KGB y por los que parece sentir siente auténtica nostalgia, pero que no parece que vayan a volver, al menos de momento.

Vamos a ver hasta dónde llega y cuánto es de contundente la respuesta de la Unión Europea, pero parece claro que Draghi no desaprovecha ninguna ocasión para recordar que su país es la tercera economía de la eurozona; que ostentan la categoría de “país fundador”; y que fue precisamente en su Roma natal donde se firmaron, allá por marzo de 1957, los tratados constitutivos de la Comunidad Económica Europa (CEE) y de la Comunidad Europea para la Energía Atómica (EURATOM). 

Y eso que al actual Presidente del Consejo de Ministros no se le olvida que su economía sigue siendo la más endeudada de toda la Unión (156% sobre PIB nacional), pero también que sin la participación transalpina la Unión Europea perdería a uno de sus miembros más relevantes. Ahora, con la no aplicación del Pacto de Estabilidad y con los fondos europeos regando la economía de su país, la política antieuropeísta de Salvini queda completamente fuera de juego. Con razón Matteo Renzi, expresidente del Consejo de Ministros, líder de Italia Viva y ahora Senador por Toscana, recuerda que tanto Salvini como Meloni (mas el primero que la segunda) representan el frente “soberanista” frente al europeísmo en el que están Mattarella, Draghi y partidos como el PD, Italia Viva y otras formaciones menores.

Acaban de cumplirse cuatro años de la actual legislatura. Salvini la comenzó con mucha fuerza, entrando en el gobierno como VicePrimer Ministro y titular de Interior, y logrando, en años posteriores, hacerse con el control de hasta 15 de las 20 regiones que integran el país. Previsiblemente será su coalición (la de centroderecha) la que gane con claridad las siguientes “elecciones políticas”, para las que resta solo un año. Y muy seguramente de ellas salga un “incarico” precisamente a Salvini para formar gobierno porque, aunque ahora Meloni va claramente muy por delante en las encuestas, en la muy machista Italia parece difícil que una mujer (la citada Meloni) pueda ser la más votada. No olvidemos que en la Historia de la República italiana, nacida allá por el 2 de junio de 1946, ha habido hasta 31 “premiers” diferentes (que han encabezado un total de 67 gobiernos), así como doce jefes del Estado, y todos ellos han sido hombres. Claro que en la imprevisible política transalpina, tengámoslo presente, todo es posible.

Lo cierto es que el año que queda de vida a la actual legislatura se le va a hacer interminable a un Salvini que nunca pensó que en su “paseo triunfal” hacia la presidencia del Consejo de Ministros se encontraría con un rival, Mario Draghi, que empequeñece, y de qué manera, su ya de por sí débil figura porque los hijos de la política orgánica como Salvini no tienen el nivel formativo ni la capacidad intelectual de los Mattarella, Draghi y compañía. Menos mal, para el líder de la Liga, que seguramente dentro de un año el primero ya habrá podido retirarse definitivamente de la política y el segundo pasará a presidir la República italiana. Y es que con Draghi la política transalpina parece haber recuperado los mejores tiempos de la vieja Democracia Cristiana: la de De Gasperi, Fanfani y Moro, aquella que hizo de Italia un auténtico “bel paese” que ahora Draghi intenta hacer resurgir a marchas forzadas.

-Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es Profesor del Centro Universitario ESERP y autor del libro Historia de la Italia republicana, 1946-2021 (Madrid, Sílex Ediciones, 2021).