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Opinión

El Brexit desencadena una nueva crisis política en Irlanda del Norte

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Tras un duro debate en el Parlamento de Stormont, en Belfast, el primer ministro de Irlanda del Norte, Paul Givan, presentó la dimisión, lo cual crea un vacío político ante los polémicos acuerdos del Brexit entre la Unión Europea y el Reino Unido. El problema surgió unas horas antes, cuando el ministro de Agricultura dio la orden unilateral de que se suspendieran los controles existentes para el tráfico de mercancías con Gran Bretaña.

Se trata de un acuerdo que genera descontento entre la población, que ha visto como algunos productos escasean en el mercado, y otros como los pesqueros suscitan problemas. Los complicados acuerdos de Gobierno compartido entre unionistas (DUP) y nacionalistas (Sinn Fein) no permiten que el presidente sea sustituido por la vicepresidenta, Michelle O´Neil. El vacío surge a tres meses vista de elecciones.

Los acontecimientos se han precipitado en las últimas horas cuando el ministro Edwin Poots decretó el incumplimiento de unos acuerdos que desde Bruselas enseguida fue denunciado como violación del derecho internacional. La dimisión del jefe del Gobierno (compartido entre los dos partidos enfrentados, no de coalición) se produjo en un agrio debate en el Parlamento.

El líder de los unionistas (protestantes probritánicos), Donaldson, concluyó que había llegado el momento de que el pueblo se pronuncie. Serán sin duda unas elecciones muy duras y sin más posibilidad de remontar la crisis interna que los dos partidos vuelvan a compartir el Gobierno. Pero, además, en el fondo está el motivo de esta crisis concreta que es la negativa desencadenada contra los acuerdos del Brexit.

Los acuerdos, muy endebles y sujetos a nuevas negociaciones se concretan en el llamado Protocolo que establece un control aduanero que mantiene a Irlanda del Norte en el marcado único y todas sus mercancías que entren o salgan en Gran Bretaña cumplan en buena medida las condiciones aduaneras de los países de la Unión Europea. 

El protocolo tiene como base el mantenimiento de los acuerdos del famoso Viernes de Santo de 1998 que pusieron final a la guerra en el Ulster, que sustentan el Gobierno de Belfast y mantiene abierta la frontera con la República de Irlanda, miembro de la UE, tanto para personas como mercancías.