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Opinión

El otoño negro del Polisario

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Poco o nada se ha hablado de las sucesivas noticias que fueron rodeando al Frente Polisario y sus intereses a lo largo de este otoño, en su mayoría de signo negativo. Un otoño ‘horribilis’ en toda regla que no por casualidad, y salvo honrosas excepciones, ha pasado de puntillas en el panorama mediático patrio.

Probablemente esta mala racha, digna de destitución de cualquier entrenador si hablásemos en términos futbolísticos, empezase allá por el 22 y 23 de septiembre en Las Palmas de Gran Canaria, con la exitosa celebración por parte del Movimiento Saharauis por la Paz de la 1ª edición de su Conferencia Internacional por la Paz. Un evento en el que la asociación de la que soy vicepresidente, el Fórum Canario Saharaui, tuvo el placer de colaborar.

En aquellos días, escuchamos y leímos todo tipo de historietas basadas en la desinformación y la inventiva por parte de los amigos (políticos y mediáticos) del Polisario en España. En su narrativa, Las Palmas se convirtió en el Berlín de los años 60. Una suerte de guerra fría intimidaba a la isla, con decenas de espías marroquíes inundando las calles de la ciudad. En el centro de todo, un contubernio hispano-marroquí —bautizado de forma conspiranoica por Ignacio Cembrero como ‘foro saharaui’—, del que parece ser que nosotros formábamos parte, organizaba, controlaba y financiaba dicho evento, para con ello amenazar la causa del Polisario (y los que viven de ella). 

Cuanta imaginación, ni a John le Carré se le hubiera ocurrido algo parecido. Al final te lo tienes que tomar a broma. Porque, aunque a base de repetir una mentira decenas de veces traten de convertirla en verdad, difícilmente lo lograrán si se entregan a la hipérbole con tanta pasión. Pero esa es su estrategia, y la ejercen desde la tranquilidad de saber que no van a pagar ningún precio profesional, porque no es un tema de primer orden dentro de la opinión pública española y juegan con ello. Es decir, mentir les sale gratis. Pero de eso, y del fantasmagórico pseudo informe del CNI en el que se basan estas mentiras, tal vez hablemos más adelante en otro artículo.

Como decía, aquel encuentro fue un punto de inflexión que tuvo su continuidad en octubre. Durante dicho mes asistimos a numerosos hechos tanto a nivel nacional como internacional que dejan en evidencia a la recua de fanáticos que regenta Brahim Ghali y su cúpula. En primer lugar, asistimos a denuncias y reprobaciones internas hechas públicas desde las juventudes del Polisario hacia sus gobernantes, exigiendo una “necesaria renovación generacional por desconfianza hacia el liderazgo polisario debido a sus conductas irresponsables y perjudiciales”. Y lo hicieron “colándolo” nada menos que en sus medios oficiales, algo inédito. “Estamos hartos, nos gobiernan unos dinosaurios”, han llegado a decir los jóvenes que malviven en Tinduf. Es la gerontocracia que tantas veces hemos denunciado. Y ahí seguirán, no esperen cambios.

Pero tal vez lo más relevante de ese octubre negro ha sido presenciar cómo fue el propio Frente Polisario quien reconoció numerosos casos de represión interna y múltiples violaciones de Derechos Humanos durante su medio siglo de existencia. Fue el propio Ghali quien lo anunció (eso sí, algo eufemísticamente) ‘reparaciones a las víctimas de errores y abusos del pasado’. O sea, reconocer por vez primera en 50 años, la comisión de crímenes de lesa humanidad en los campamentos argelinos de Tinduf contra su propia población disidente. Ahora habrá que ver cómo y cuándo serían las reparaciones, o si es un anuncio hecho de cara a la galería, como según parece.

Y, por supuesto, están las causas judiciales contra Ghali en España. Con respecto a la última, la de la entrada ilegal de Ghali en España, es de alabar la perseverancia y paciencia del juez Rafael Lasala, así como la del abogado que ejerce la acusación popular, Antonio Urdiales, reconduciendo la investigación al esclarecimiento de la posible comisión de delitos de prevaricación y falsedad documental del señor Brahim Ghali ¿O deberíamos decir Mohamed Benbatouche? Con respecto a la que ha estado abierta en la Audiencia Nacional hasta hace escasos días, en la que se acusaba a Ghali de delitos de detención ilegal, torturas y lesa humanidad cometidos en 2019 en los campamentos de Tinduf, el Juez Pedraz había tomado declaración también en octubre a Abba Bouzeid, testigo de las torturas que el activista saharaui Fadel Breica habría sufrido a manos del Frente Polisario.

En la declaración, el juez escuchó de boca de Bouzeid durante 90 minutos los detalles del secuestro, tortura y detención arbitraria a los que fue sometido junto con Fadel Breica, en los centros de detención de Al-Rashid y Al-Dhiba, que habitualmente utiliza el Polisario para estos menesteres en los campamentos de Tinduf (Argelia), ratificando así la versión de Breica. Con respecto a Ghali, dijo que lo vio en la prisión el día que escuchó los gritos de Breica mientras era torturado. La Audiencia Nacional había rechazado anteriormente los intentos de la defensa de Brahim Ghali de archivar esta causa, en la que también existen otros imputados, tales como Bachir Mustafa Sayed, número dos del Polisario, o Mustafa Mohamed Ali Sid el Bachir, que ocupaba el cargo de ministro del Interior. Pero finalmente el juez Pedraz lo ha vuelto a hacer, emulando aquel lamentable interrogatorio telemático que se marcó en 2021, cuando Brahim Ghali aún permanecía en suelo español ingresado en el hospital. Archivando esta causa, se pone una nueva alfombra roja a Ghali por parte de determinados jueces españoles, con objeto de que pueda eludir sus responsabilidades penales.

Por otro lado, también en octubre, recordemos la bofetada en toda regla que para el Polisario supuso el contenido de la reciente resolución 2654 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Donde, además de reafirmar la posición del Consejo desde 2007, y a través de él de la comunidad internacional, de que la solución a este conflicto regional debe ser política, realista, pragmática, sostenible y basada en la avenencia, también se denunció en dicha resolución las malas prácticas del Polisario en cuestiones básicas que afectan asimismo a derechos elementales. Estas reprobaciones van relacionadas directamente con la petición del Consejo de Seguridad a las organizaciones humanitarias, de que se aseguren que “la entrega de ayuda humanitaria se realice conforme a las buenas prácticas de la ONU”, debido al periódico y repetido desvío de dicha ayuda para lucro personal con la connivencia del Polisario. Un desvío confirmado en varios informes del Alto Comisionado para los Refugiados, de la oficina antifraude de la Unión Europea (OLAF).

Igualmente, la resolución también solicitaba que se desplegasen todos los esfuerzos para proceder al registro de las poblaciones, o censo de los campamentos de Tinduf, mediante el Alto Comisionado para los Refugiados. Una petición rechazada insistentemente por Argelia y el Polisario desde hace más de 25 años. Un rechazo a censar la población que tiene por objeto ocultar la población real, cuyos datos actuales son estimativos y están “inflados” por el Polisario, debido a que la ayuda humanitaria desviada a la que se refiere el Consejo de Seguridad, se otorga en función de los datos poblacionales. Cuanta más población más ayuda, cuanta más ayuda, más desvío y, por ende, más corrupción.

Así que, con excepción de la resolución de la ONU ¿qué difusión ha tenido la mayor parte de lo anteriormente descrito en España? Casi ninguna. Especialmente por los habituales voceros del Polisario en nuestro país que, día tras día, no solo lo negaban defendiendo a sus perpetradores, sino que durante años se mofaban de aquellos que denunciábamos estos hechos. ¿Dónde se encuentran ahora estos portavoces oficiosos del Polisario en España que tanto critican este tipo de acontecimientos cuando van en otra dirección? Ni están ni se les espera. Solo tienen ojos y oídos para estas cosas cuando atienden a sus intereses, que suelen coincidir con los de Argelia, huelga decir los motivos. Esto es una vía de doble sentido, y lo que se denuncia hacia una parte, debe hacerse hacia la otra y no ponerse de perfil.

No vendría mal un poco de respeto a los códigos deontológicos de quien ejerce esa noble profesión, donde el primer compromiso ético es el respeto a la verdad. Algo difícil de conseguir cuando conviertes Las Palmas de Gran Canaria en el Berlín de los años 60, bajo la premisa de un novelesco informe del CNI del que mucho se habla, pero poco se sabe, con la intención seguir vertiendo falsedades sin prueba alguna. Y la mejor prueba es ese ‘foro saharaui’ inventado por Cembrero al que antes me refería. Sin duda todo un potencial Oscar al Mejor Guion Original.