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Opinión

Elecciones municipales y referéndum sobre la reforma de la justicia en Italia

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El pasado día 12 se han celebrado elecciones municipales (llamadas allí “administrativas”) en alrededor de 980 municipios a lo largo y ancho del país, así como un “referéndum” para legitimar la reforma de la Justicia que ha acometido el Gobierno Draghi, “in carica” desde mediados de febrero de 2021. Y ciertamente no han faltado las sorpresas en esta convocatoria, destacando dos por encima del resto: la ausencia de más de cien presidentes de mesa en las elecciones a la Alcaldía de Palermo (donde, por cierto, votó el Presidente Mattarella, palermitano de nacimiento pero residente en Roma en función de su condición de jefe del Estado), que obligó a retrasar las votaciones en la capital de la isla; y el bajísimo nivel de participación en el “referéndum” de la reforma de la Justicia, que ha dejado en entredicho a buena parte de la clase dirigente.

Comencemos por lo primero. No hubo importantes sorpresas, en unas elecciones en las que apenas había alcaldías de importancia en juego. En Génova, el centroderecha vio recompensado su esfuerzo por reconstruir el conocido como “puente Morandi” (derrumbado en un trágico hundimiento a mediados de agosto de 2018), mientras en Verona ganaba el candidato de centroizquierda. A su vez, en Palermo volvía a imponerse el centroderecha, mientras en Parma ganaba la “mano derecha” de un exmiembro de Cinque Stelle (Pizzarotti). Pero, como es sabido, las principales ciudades del país ya habían renovado sus respectivos consistorios en el pasado mes de octubre, así que había poco en juego.

La “nota” la dieron numerosos colegios electorales de Palermo, al no poder componerse la mesa correspondiente por no presentarse sus titulares asignados. La ministra del Interior (Lamorgese) reaccionó con rapidez y al final se pudo votar con normalidad, pero habrá que ver si este grave incidente acabará o no teniendo consecuencias legales. En todo caso, las elecciones municipales se celebraron dentro de la normalidad prevista, con un buen nivel de participación (en torno al 54%) porque, como es bien sabido, en este tipo de convocatorias electorales es donde menos se percibe la cada vez más importante “desafección política”: se vota a la persona, no al partido, y además son frecuentes las llamadas “listas cívicas”, con lo que se diluye la llamada “partitocacracia”.

Lo que difícilmente podía esperarse era que solo el 16% del censo electoral fuera a votar la tan esperada reforma de la Justicia, una de las medidas “estrella” del Gobierno Draghi porque es célebre la extremada parsimonia con la que celebran los juicios en Italia. Pero, cuando uno analiza detenidamente lo que ha sucedido, se encuentra con numerosas razones que explican esta tan baja participación en una reforma que, por cierto, salió adelante con un “sí” abrumador, pero que resulta completamente estéril al no haber alcanzado el “quorum” del 50% del censo. Y es que hay muchas culpas que repartir, a pesar de que algunos se lo quieran asignar todo a la Liga de Matteo Salvini, que era la principal promotora de esta reforma.

Los primeros culpables son claramente tanto el presidente del Consejo de Ministros (Mario Draghi) como la titular de Justicia (Marta Cartabia). Porque no han hecho prácticamente ningún esfuerzo por implicar a los votantes en que esta saliera adelante. Por increíble que parezca, Cartabia no se ha dejado ver por ningún medio de comunicación para explicar en qué consistía su reforma. Conocido es su extraordinario nivel de discreción, pero, siendo la autora de esta reforma tan importante, debería haber estado omnipresente en los “social media”, pero lo que realmente ha “brillado” es su ausencia. Una ausencia que no ha sido cubierta por su primer ministro, el romano Draghi, que tampoco ha hecho prácticamente nada por dar difusión a esta reforma, limitándose a sus comparecencias en rueda de prensa semanal o a la necesaria comparecencia parlamentaria.

Además, a ambos no se les ocurrió mejor idea que, en un país donde la población está cada vez más harta de su clase política, convertir el “referéndum” (donde lo normal es votar “sí”, “no” o “no sabe/no contesta”) en una especie de encuesta donde había de responderse afirmativa o negativamente a hasta cinco preguntas diferentes. Así que es de suponer que más de uno de los que fueron a votar al alcalde o alcaldesa de su municipio, al ver la papeleta del “referéndum”, directamente la dejaran en su lugar sin rellenarla. Lo que recuerda al célebre “referéndum” constitucional del Gobierno Renzi de diciembre de 2016, donde la pregunta sobre si votar o no a favor de esta se hacía de manera tan farragosa que muchos no terminaron de entender acerca de qué se les estaba preguntando. Lo peor es que los autores de aquella reforma eran dos jovencitos, Matteo Renzi (41 años) y María Elena Boschi (36), mientras que Draghi está a punto de cumplir 75 y Cartabia, por su parte, está frisando las seis décadas de vida.

Añadamos a esto la incoherencia de algunos partidos. Buen ejemplo de ello lo constituye el Partido Democrático (PD), que, a pesar de formar parte de la “maggioranza” que sostiene al Gobierno Draghi, apostó por el “no” (expresado claramente a través de su medio más afín, el rotativo “La Repubblica”) a la reforma de la Justicia. El Movimiento Cinco Estrellas, a su vez, también estuvo lleno de incoherencia, pero es que nunca ha querido esta reforma porque ya intentó la suya en su momento a través del entonces ministro de Justicia Bonafede, una reforma que fue finalmente tumbada con la caída de la coalición de centroizquierda a finales de enero de 2021. 

En realidad, solo dos partidos importantes se salvan de la “quema”, aunque por motivos diferentes. Uno es los Hermanos de Italia de Meloni, que no forma parte de la “maggioranza” y que se mantuvo en todo momento al margen de esta reforma: a la romana Meloni le preocupaba bastante más afianzar su poder territorial a partir de que ganaran sus candidatos en los municipios en los que se presentaban. El otro que se libra del reproche es Matteo Renzi: su partido se abstuvo en las votaciones parlamentarias de la reforma, y Renzi lo justificó en el hecho de que la nueva ley no acababa con el problema de las corrientes de jueces a través de las cuales se movía el poder dentro de la magistratura. Pero si Renzi es exculpado de esta debacle no es por esto último, sino sencillamente porque desde hace más de dos años casi todas las encuestas dan a su formación la condición de extraparlamentaria al no superar el “sbarramento” o umbral necesario para poder entrar en ambas Cámaras: en otras palabras, el partido de Renzi tiene tan poco peso en este momento que, dijera lo que dijera el político toscano, su influencia en la votación y en el nivel de participación se situaba prácticamente en mínimos.

Seguramente ha habido un último elemento que explica semejante ridículo en el bajísimo nivel de participación: lo sucedido en la elección del presidente de la República a finales de enero de este año. Recordemos lo sucedido: seis días consecutivos bloqueándose unos a otros para que no saliera el candidato/a propuesto; la votación fallida de la presidenta del Senado (Caselatti) como consecuencia de la irrupción de numerosos “francotiradores” de su partido; y, finalmente, el bochorno de tener que obligar a un octogenario (Sergio Mattarella, presidente saliente) a repetir mandato ante la ausencia de pacto entre las principales fuerzas políticas. Todo ello con un fin fundamental: asegurar que con Mattarella en El Quirinal, y con Draghi en la presidencia del Consejo de Ministros, todo seguiría sin alteración alguna hasta el final de la legislatura, previsto para febrero-marzo de 2023. Y es que, seguro que más de uno tuvo este elemento presente y, cuando le pidieron su parecer sobre la reforma de la Justicia, mandó directamente a “paseo” a toda esa clase política a la que cada día aborrecen más. Es la “vendetta”, un “plato” que ya se sabe que se sirve bien frío.

Draghi ya puede comenzar a pensar que ha entrado en la dinámica del Gobierno Monti: los partidos se han instalado en la fase preelectoral, con mucho en juego al haberse reducido el Parlamento en un tercio, y ya ignoran al “premier”. Así que, de aquí a que haya un nuevo Gobierno, le van a aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el año 2023 y poco más. Claro que Draghi ya sabe de qué va todo esto y ya hace tiempo que comenzó a pensar en ser el siguiente presidente de la República. En todo caso, resulta muy pero que muy preocupante el desinterés que ha generado la reforma de la Justicia: ¿sabían que el “referéndum” en torno al divorcio de 1970 y en torno al aborto de 1981 se movió entre el 88 y el 78 por ciento de participación? ¡Qué tiempos aquellos!

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor del Centro Universitario ESERP y autor del libro ‘Historia de la Italia republicana, 1946-2021’ (Madrid, Sílex Ediciones, 2021).