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Opinión

En logística, todo circula, todo debe circular

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Los conceptos logística y cadena de suministro han invadido nuestras vidas porque no se ciñen al ámbito económico. Son un asunto de todos que afecta directamente al precio y la disponibilidad local de alimentos, medicamentos...  

Las crisis desencadenadas por la pandemia, el Canal de Suez o la guerra de Ucrania evidencian que las empresas deben diseñar sus cadenas de suministro en torno a la competitividad del riesgo, en lugar de solo el costo, porque de ello depende su éxito empresarial, pero también la resiliencia de nuestra sociedad.

El sector logístico es una parte integral de cada negocio y una palanca para el crecimiento y la competitividad. Una logística efectiva desarrolla la economía. Una logística eficiente reduce costes en exportación, importación y distribución. El modelo de abastecimiento global que alguna vez prevaleció en las cadenas de valor ha evolucionado a medida que las nuevas tecnologías y los patrones de demanda de los consumidores cambian. 

Hoy, la internacionalización requiere poner un especial énfasis en el rendimiento global de las redes de distribución y suministro, pero también en la regionalización de sectores que se benefician de la proximidad geográfica y la complementariedad económica.

Las cadenas de suministro globales se están poniendo a prueba en una disrupción económica sin precedentes. Los clientes demandan cada vez más y se vuelven más dependientes del éxito, la flexibilidad y la resistencia de su cadena de suministro. 

Para afrontar el desafío es fundamental la tecnología de datos y la digitalización. Además, estas actividades generan empleo y contribuyen a la soberanía económica y al desarrollo regional, al fortalecer una industria exportadora, y a modernizar la distribución y el comercio. También es clave la sostenibilidad, es fundamental impulsar estrategias para controlar y mejorar las cadenas, para la descarbonización del transporte y la optimización de las redes de distribución.

Precisamos una visión estratégica global, desde lo local y regional hasta lo internacional. Una visión que forme parte de las políticas públicas e impulse la industria, la competitividad, la innovación digital y ambiental, el transporte, la ordenación del territorio y ecología, etc. Europa está evolucionando en esta dirección, y debe centrarse en la competencia leal y la competitividad. Su implementación efectiva requiere de la cooperación público-privada a todos los niveles.

Pero es un sector con múltiples elementos interconectados. El desafío es asegurar la consistencia y optimización de todos los eslabones de la cadena de suministro.  Todas las partes que intervienen deben evaluarse, desde los internacionales con transporte ferroviario, marítimo y aéreo y grandes almacenes; hasta los muy locales con bicicletas de carga y microcentros urbanos, pasando por los enlaces regionales e interregionales con todos los modos terrestres y almacenes medianos.

Es un sector de futuro altamente innovador e industrializado. Es actor de pleno derecho en la industria del futuro con inversiones crecientes en equipos, herramientas digitales y soluciones innovadoras: automatización de centros, digitalización de flujos de información, equipamiento ecológico para vehículos, terminales o producción de energía, innovaciones organizativas.

Para apoyar un sector innovador en sintonía con los grandes desafíos actuales, es fundamental proporcionar los medios para crear un ecosistema favorable dedicado a la innovación en el transporte y la logística. 

Es necesario instalar una gobernanza política sólida para las nuevas ambiciones logísticas. Incrementar la contribución del sector al servicio de la transición ecológica, Aprovechar mejor las cadenas de transporte y logística para desarrollar la economía y mejorar el atractivo de un sector del futuro que crea puestos de trabajo.

La región mediterránea debe y puede hacer un mejor uso de la logística como palanca para su desarrollo económico y ecológico. La regionalización surge como una fuente inmensa de oportunidades, especialmente cuando permite reducir las barreras al comercio y los riesgos, Acortar las cadenas de logística hacia modelos de abastecimiento regionales, con nuevos centros de fabricación más cercanos y sistemas logísticos más equilibrados.

Puede que sea el momento de repensar la relación entre UE y el Mediterráneo e impulsar juntos un proyecto capaz de competir globalmente. La región mediterránea podría convertirse en una pujante frontera de producción norte-sur, ya que su situación geográfica permite acortar los circuitos logísticos entre la UE y África, y reducir la huella de carbono. Es una oportunidad histórica que no se puede perder.