Opinión

Endeudamiento, la otra leyenda negra

Banco Central Europeo

La fractura de Europa podría ser irreversible si finalmente no se alcanzara un pacto para la recuperación de la formidable crisis desatada por la COVID-19. Como siempre que se habla de poner dinero encima de la mesa, la bronca sube de tono cuando los que más han de aportar reprochan a los que más han de recibir su supuesta y persistente tendencia al despilfarro. 

En esas estamos en las negociaciones de ahora, y donde la línea divisoria entre dantes y tomantes de ese fondo comunitario aún por crear, pero sobre todo por alimentar, aparece plenamente delimitada en el imaginario de los ciudadanos europeos. En definitiva, una frontera con el común denominador de una gigantesca nueva deuda, con el “norte” en el papel de hosco acreedor y el “sur” en el de recalcitrante deudor.

Nadie desmentiría hoy, ni siquiera los propios afectados, el cliché de un norte europeo calvinista, trabajador y sumamente ahorrador, frente a un sur vivalavirgen, fanático de la subvención y con telarañas en la alcancía. La imagen fue incluso más lejos cuando británicos y holandeses acuñaron y difundieron el acrónimo PIGS (cerdos), para definir al cuarteto Portugal, Italia, Grecia y España. Una leyenda negra en toda regla, que, al igual que la original, echaba toda la mierda de la Inquisición sobre España, tapando las persecuciones, ejecuciones y sangrientas cazas de brujas en toda Europa que superaron de muy largo los presuntos excesos españoles.

El supuesto “bueno” de la película actual, Países Bajos, se presenta como el paradigma de la sensatez y el buen gobierno, y su ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra, como la encarnación terrenal de las virtudes calvinistas. Pero, en esta hora en que se dan por supuestas tantas cosas, dos profesores e investigadores franceses, Dany Lang e Isabelle Salle, de La Sorbona y la Escuela de Economía de Amsterdam, respectivamente, se han molestado en analizar y contrastar los datos y las cifras de la deuda con resultados sorprendentes. 

En su análisis, publicado en Le Figaro, resulta que los Países Bajos serían los más endeudados de la zona euro y los segundos del mundo después de Dinamarca, merced a su gigantesca deuda privada. En efecto, y según la clasificación de la OCDE correspondiente a 2018, el endeudamiento de los hogares neerlandeses representa el 239% del PIB, seguido muy de lejos por Portugal (127%), Francia (121%), España (107%), Grecia (106%), Alemania (95%) e Italia (87%).

Países Bajos y la machacada Grecia, a la par

La sorpresa aumenta cuando se agrega al endeudamiento de los hogares, el de las empresas y el del propio Estado. Y en esa clasificación, si bien es Portugal quien encabeza el ranking con el 322% de su PIB, seguido de Francia (304%), Países Bajos se encarama al tercer puesto emparejada con Grecia (ambos con 294%), por delante de España (275%), Italia (265%) y la virtuosa Alemania de Angela Merkel (179%), cifras todas ellas recopiladas por la consultora McKinsey, en la que el propio Hoekstra prestaba sus servicios antes de convertirse en el poderoso ministro de Finanzas de La Haya. 

Cierto es que el volumen de deuda estatal neerlandés es sensiblemente menor que los de Grecia, Italia, España, Portugal y Francia, por ese orden, pero tampoco lo es menos que Países Bajos está construyendo buena parte de su disparada prosperidad actuando como un paraíso fiscal dentro de la propia Unión Europea. Lang y Salle cuantifican en 15.000 las denominadas “empresas buzón”, es decir las que sólo disponen de una dirección, localizada generalmente en una consultoría o despacho de abogados, pero sin actividad ni empleados en el territorio neerlandés. Tales firmas manejarían unos activos de 4,5 billones de euros, o sea el equivalente a cinco veces el PIB holandés y tres veces más que los 1,5 billones de euros que España propone como dotación del fondo de reconstrucción. Ahí encontramos nombres tan rotundos como Airbus, cuyas factorías de producción se reparten entre Francia, España y Alemania, o el conglomerado franco-japonés Renault-Nissan-Mitsubishi. 

Por supuesto, desvelar que no todo es virtud en tierras holandesas no disculpa los vicios más que evidentes que aquejan al sur de Europa, que, por cierto, también aguanta notablemente la comparación en cuanto a la eficacia de sus respectivos sistemas sanitarios. En esta pandemia se ha puesto de manifiesto que Países Bajos gasta en salud un 50% más que Italia o España, a pesar de lo cual dispone de menos de la mitad de camas hospitalarias que italianos o españoles, y casi un tercio menos de UCIs. Consecuencia de esas carencias es que la vecina Alemania haya tenido que atender en sus hospitales a más de medio centenar de holandeses en estado crítico.