Opinión

Hacia la muerte de España, dos años perdidos

Un manifestante sostiene un cartel contra el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante una protesta el 20 de mayo de 2020, en Madrid, contra las medidas del Ejecutivo español durante el encierro nacional para prevenir la propagación de la enfermedad COVID-19

Este uno de junio se cumplen dos años desde que Sánchez ganó una poco atractiva y humillante moción de censura; moción que no ha sido para nada constructiva tal como marca la Constitución, ni tampoco fue idea suya, sino de un hombre tan traidor como lleno de ansiedad llamado Albert Rivera y hoy ya una víctima casi olvidada por su propia ambición y perversa forma de actuar; en la que nadie confiaba que saliese adelante, ni él mismo, a no ser que fuera a base de vender su alma al diablo, a todos los partidos  cobardes como el PNV, que ocho días antes se había comprometido con el PP a cambio de suculentos réditos; sabandijas y enemigos de España para que se alinearan cual astros para darle luz y vía libre a fin de encontrar la solución para poder cumplir su enfermiza obsesión, destrozar la España que nos dimos con la Transición y traer la discordia entre los españoles, partir nuestro suelo patrio en varias naciones y crear los desequilibrios entre todas las regiones y el desamparo de muchos, la mayoría de los españoles.

Pedro Sánchez, un hombre vacío, calculador, represivo, obsesivo, narcisista y lleno de rencor, que ya rezumaba sus pestilentes ilusiones desde años antes, como buen discípulo de Zapatero; aunque durante bastante tiempo no ha sido más que un mamporrero en la política, un oscuro buscavidas y alguien que ha vivido de la mentira, la falsedad y el engaño en todos los actos de su vida (ni siquiera su vulgar e irrelevante doctorado es puro ni limpio; no es digno de ser considerado original ni mucho menos calificado con tamaña distinción lograda por puro enchufismo y saltándose toda norma de la Universidad). Que vivió al amparo del partido y hasta algunos dicen que también de oscuros beneficios por su trabajo como político en los órganos de control de Caja Madrid; sí, esa misma que más tarde hubo que rescatar.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria para debatir la extensión del estado de emergencia en medio del brote de la enfermedad COVID-19, en el Parlamento de Madrid, España, el 6 de mayo de 2020
REUTERS/J.J GUILLEN - El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria para debatir la extensión del estado de emergencia en medio del brote de la enfermedad COVID-19, en el Parlamento de Madrid, España, el 6 de mayo de 2020

Basó su moción en una gran falsedad y prevaricación porque él sabía que aquel comentario de un juez -que ha sido posteriormente reprobado oficial y públicamente- era una sucia y fea actuación judicial; no era cierto, sino una forzada apreciación personal, que no podía estar donde figuraba y no por casualidad.

Prometió levantar a España y aquí estamos, en medio de una crisis económica sin par en la historia reciente; derivada de su falta de previsión, por mirar miserablemente para otro lado, y de una pésima gestión de la pandemia de la COVID-19 -que nos ha costado unos 43.985 muertos a los que aún no quiere contar bien, teniéndole que forzar para que se puedan honrar en diferido-. Convertidos en el segundo país más endeudado de toda Europa con respecto a nuestro PIB, con un déficit tremendamente desbocado y que ambos no paran de subir, ocupando el poco honroso puesto de ser también el segundo país que más va a necesitar de la ayuda y la limosna de la Unión Europea para poder intentar salir del hoyo -y Dios dirá para cuándo- en el que él personalmente y sus peligrosas políticas social-comunistas nos han metido y arrastrado sin enterarse de la realidad.  

No ha sido capaz de aprobar unos presupuestos propios, continuamos todavía (por tercer año) con los últimos que el ministro Montoro dejó aprobados poco antes de la moción de censura. Ha precisado de varios procesos electorales en los que ha prometido, negado y jurado no hacer lo que acto seguido hizo, y que ahora sabemos que, mediante oscuros, premeditados y cerrados pactos ha implantado con la misma cara de un niño que simula no haber roto un plato en su vida y lleva ya varias vajillas chinas de lujo a sus espaldas, hechas añicos y pagadas por los esfuerzos de los que tributamos.

No ha dudado en 'darse el pico' con separatistas, nacionalistas y filo-terroristas para seguir en su silla y durmiendo en su colchón de la Moncloa desde donde los pestilentes fluidos y olores de tanto enchufado y aprovechado se perciben a varios kilómetros de distancia, aunque te acerques con mascarilla y bien pertrechado. Se ha puesto en manos de un mercenario publicitario, Iván Redondo; un hombre que, sin serlo, se ha metido a político, que manda más que un mariscal de campo de aquellos que se pavoneaban entre sus miles de tropas, montando a caballo y luciendo sus muchas medallas durante varios de los siglos pasados. Hombre que viene de apoyar al PP en otros lugares de España y que, ahora, conociéndolos bien desde dentro, es su principal azote y proveedor de ideas macabras con las que aumentar la zozobra de sus contrincantes y también el pavor entre los españoles.

Sánchez, aparte de multiplicar el número de enchufados bien pagados todos ellos y colocados en sitios estratégicos, ha ido copando el control total de los medios públicos y comprando con despreciables y notorias subvenciones los favores y atenciones de los empesebrados medios, tertulianos y redes privadas. Se cargó la fiabilidad del CIS metiendo al mando a un sicario llamado Tezanos, que le publica lo que quiere cada mes a precio de oro y hasta haciendo negocio propio con algo tan sagrado.

Dentro de su intención de prostituirlo todo, en lo referente al Poder Judicial, tiene a la Fiscalía General en su bolsillo, y la Abogacía General del Estado totalmente subyugada y amenazada; en referencia a los tribunales y jueces, algo que debería ser intocable y tremendamente respetado en cualquier democracia que se precie de serlo, parecen, según algunos pequeños detalles y no tanto, que algunas canillas empiezan a temblar; otros parecen buscar hacer su agosto o carrera particular y que algunas personas ilustres, que ocupan puestos en las más altas judicaturas parecen encontrarse proclives a rellenar en parte sus anhelos y a quitarle la venda, al menos de un ojo, a la diosa Temis, que es quien representa a la justicia en todo el mundo, sosteniendo una balanza en una de sus mano, una espada en la otra y con sus dos ojos vendados.  

Los favores a los partidos y regiones que le facilitan su continuidad en el desgobierno de España son claros, manifiestos, vergonzosos y claramente desbocados hacia todos ellos, en detrimento de los que permanecen en sus puestos o sobreviven bajo el gobierno y control de la oposición. Esos son sistemáticamente castigados, relegados al último de la fila, sufren los delirios de un casi sordo y ciego dictador a la hora de tomar ventajas o de la repartición de las subvenciones o de lo que les corresponde de entre los Presupuestos Generales y, además, suelen ser sistemáticamente atacados en directo y de forma pública y notoria aunque su gestión sea mucho mejor que la del Gobierno de la nación, a pesar de que cuenta con toda la parafernalia y el poderío del Estado.

Albur y capricho que ha quedado bien claro y manifiesto en la gestión de los recursos y la situación y control regional en la mal llamada desescalada -otro palabro más de los muchos inventados por este absurdo Gobierno- gracias a un ‘regalo’ prolongando más allá de lo necesario, recibido de los partidos políticos, principalmente, a partir de la mitad del periodo, de los de su cuerda y de algún otro tonto útil que cayó en sus redes y manos: el estado de alarma. Un sistema legal de carácter excepcional que permite al Gobierno por un tiempo limitado hacer, legislar y comprar prácticamente todo lo que quiera sin necesidad de dar explicaciones ni ser controlado –agujero por el que se han ido cientos de millones de euros a manos y empresas bastante oscuras y extrañas-,  y que restringe muchos derechos amparándose en que aquella esté activada. Forma legal que, con diversos matices, se ha aplicado en la mayoría de los países de nuestro entorno, pero que, a la hora de escribir estas líneas, somos el único que aún lo tiene en vigor, y lo que aún nos queda, según se nos ha anunciado ya.

Empleados de la funeraria con máscaras faciales llevan un ataúd al crematorio del cementerio de La Almudena en Madrid, el 24 de marzo de 2020, durante el funeral de una víctima del coronavirus
AFP/OSCAR DEL POZO - Empleados de la funeraria con máscaras faciales llevan un ataúd al crematorio del cementerio de La Almudena en Madrid, el 24 de marzo de 2020, durante el funeral de una víctima del coronavirus

Tenemos a la vista la sexta prórroga, que, por mucho que disimule y que se mantiene aunque la gravedad de la infección ya está bastante superada, le permite seguir haciendo lo que realmente le da la gana y que, además, cada una de estas prórrogas nos cuesta a los españoles sangre sudor y lágrimas porque, para conseguir esa aureola de autodefensa, despotismo y regalías, el Gobierno debe ceder a los separatistas y nacionalistas todo lo que piden y más por si aún les quedan ganas.

Un Gobierno que no ha hecho nada más que poner trabas a la economía española y matar la gallina que ponía los pocos huevos de oro en los que se sostenía España. Me refiero, claro está, al turismo, las compañías áreas, la hostelería, el ramo del ocio y al hotelero, la industria -principalmente la del automóvil-, la agricultura y la pesca. Acciones nefastas y todavía no contrarrestadas -que no son todas de última hora como la valoración de lo que representa el turismo para España o derivadas de la mala gestión de la pandemia- cuando otros muchos países de nuestro entorno han tomado y aplicado diversas medidas multimillonarias con dinero de verdad -nada de extraños avales- y muy apropiadas. Algunas de aquellas referidas trabas se arrastran desde hace meses porque no hay que olvidar aquello de “el Diésel tiene los días contados” en un país que fabricaba cientos de miles de aquellos coches o lo encendidas que estaban las calles por los agricultores antes de que saltara la alarma sanitaria.

Minuto de silencio durante una sesión plenaria durante el brote de la enfermedad COVID-19 en el Parlamento de Madrid, España, el 13 de mayo de 2020
PHOTO/BALLESTEROS/REUTERS - Minuto de silencio durante una sesión plenaria durante el brote de la enfermedad COVID-19 en el Parlamento de Madrid, España, el 13 de mayo de 2020

Para colmo de males y permanentes dolores de cabeza de todos los españoles, en esta legislatura, tras haber abjurado durante toda la última campaña electoral de Iglesias y Podemos -aquel que no dejaría dormir ni a Sánchez ni al 95% de los españoles-, dos días después de las elecciones nos presenta a bombo y platillo ‘el pacto del abrazo’. Le nombra su vicepresidente segundo y mete a otros cuatro ‘podemitas’ o comunistas más en el Gobierno. Entre ellos y, por primera vez en la historia de España, la propia pareja de Iglesias; la señora Montero, cuya mayor experiencia laboral previa es haber trabajado unos meses de cajera en un centro comercial.

El vicepresidente de Derechos Sociales y Desarrollo Sostenible del Gobierno de España y líder del partido Podemos, Pablo Iglesias, asiste a una sesión en el Congreso de los Diputados de Madrid, el 25 de marzo de 2020
PHOTO/MARISCAL/AFP - El vicepresidente de Derechos Sociales y Desarrollo Sostenible del Gobierno de España y líder del partido Podemos, Pablo Iglesias, asiste a una sesión en el Congreso de los Diputados de Madrid, el 25 de marzo de 2020

El contar con un Gobierno social-comunista en la España del siglo XXI, que en realidad encierra dos gobiernos o tendencias dentro del mismo y repleto de ancladas y anacrónicas ideas totalmente en desuso y propias del siglo XIX o principios del XX que, actualmente, solamente son usadas en Corea del Norte, Cuba, Venezuela y algún país bolivariano, nos pone a la cola de lo que es el prestigio, la fiabilidad y la comprensión de nuestros aliados en la UE y de la propia OTAN. Gobierno del que una de las primeras medidas que pretende desarrollar es la derogación total de la reforma laboral que tantos frutos buenos dio para paliar los efectos de la pasada crisis de 2008 y que ya empieza a hablar de privatizaciones de empresas y bancos al puro estilo de Chaves y Maduro.

Tenemos en España más de cinco millones de personas que actualmente viven de algún tipo de subvención del Estado, con otros casi tres millones sometidos a un ERTE, de los que muchos miles todavía no han visto ni un céntimo del dinero que se les prometió y veremos cuantos cientos de miles de ellos convertirán en EREs una vez llegue diciembre y muchas empresas no hayan podido reemprender el vuelo de crucero. Con una reentrada en la eficacia laboral e industrial que se viene dilatando y prolongando demasiado tiempo ya, con un turismo que, como pronto, no va a empezar a funcionar a ralentí hasta julio de este año y ya veremos con qué grado de intensidad tras las trabas impuestas por España a todo el que quiera visitarla y en donde, hoy mismo, se acaba de anunciar que algo más de 168.000 autónomos han dejado definitivamente de trabajar.

Nuestra industria se empieza resquebrajar con algunos cierres totales y otros de forma parcial, tras años detrás de la deslocalización del automóvil, especialmente en dirección a China, y la obligada descarbonización sin que España intente acaparar la primacía en algún elemento que nos haga sobrevivir como la fabricación de baterías de litio, para lo que se tiene mucha posibilidad; es muy posible que se ponga en peligro el trabajo de muchos miles de españoles (unos 60.000) que se dedican directa o indirectamente a dicho sector en el que hasta ahora éramos un puntal en montaje, aunque sin aportar otro valor especial.  

La recepción de las posibles ayudas que vengan de la UE, indudablemente, influirán en la entrega de otro tipo de apoyos ordinarios en diversos sectores desde la misma Unión, por lo que deberemos ponernos a temblar; cosa que, por cierto, ya se empieza a escuchar. Nissan Barcelona cierra en diciembre, otros le siguen de forma parcial y hemos perdido un importante contrato para la construcción de fragatas para los norteamericanos por un golpe de miedo o de falsa dignidad contra Trump.

La imagen muestra un polígono industrial vacío en Burgos el 30 de marzo de 2020, el día en que se ordenó detener todas las actividades no esenciales para intentar contener la propagación del coronavirus
AFP/CESAR MANSO - La imagen muestra un polígono industrial vacío en Burgos el 30 de marzo de 2020, el día en que se ordenó detener todas las actividades no esenciales para intentar contener la propagación del coronavirus

A la vista de lo visto y por no querer profundizar, podríamos decir que España empieza  quedar relegada a los puestos de los ‘manirrotos’ y los ‘pobres de solemnidad’, que estamos esperando como agua de mayo la llegada de los 150.000 millones que posiblemente nos pueda transferir o prestar la UE, (aunque ya veremos cómo y cuándo llegaran), pero, realmente, ya tenemos comprometido y previsto gastar mucho más que esa cantidad, tan solo para empezar a andar y con tanta subvención y ayudas sociales a pagar.

Lo dicho, este hombre que nos prometió en su primera investidura mejorar España, abrirnos a la prosperidad, vivir en plena libertad, ser claros, honestos y decir siempre la verdad, ha convertido a España en un país económicamente quebrado, políticamente enrarecido, dependiente de los que le quieren anular; súper endeudados, obligados a vivir los próximos años de la caridad y ya veremos en cuantos millones acabará el año que viene cuando se acabe el paro, lo necesario para cubrir el costo del llamado Ingreso Mínimo Vital; dependientes de la ambición extranjera y del maléfico mercado; que gracias a todo ello y la subida de la presión fiscal sobre las rentas, las grandes fortunas, las empresas y el capital difícilmente y hasta dentro de varios años no saldrá del bache en que se encuentra sumergido y donde todo lo que viene de su Gobierno es falso, oscuro y con nada o muy poca fiabilidad.  Dos años perdidos o mucho peor, si lo miras como lo hay que mirar.