Opinión

La crisis del coronavirus, Lecciones Aprendidas (II Parte)

Coronavirus España

A finales del pasado mes de marzo publiqué un trabajo que contenía las Lecciones Aprendidas en las primeras fases de la detección, tratamiento y contención de la crisis del coronavirus (COVID-19), que asola al mundo y en la que España tiene mucho que decir por su inesperado, aunque en cierto modo previsible, comportamiento, número y tipos de contagio y variada y poco efectiva actuación para afrontar esta plaga en sus fases iniciales y de mayor virulencia por los grandes fallos, retrasos y malas praxis por parte de las autoridades competentes y sus muchos y costosos asesores; lo que nos ha llevado a alcanzar y ostentar los primeros lugares del mundo en los porcentajes proporcionales de infectados y número de muertos entre pacientes y entre el personal sanitario. Nefastos lugares de nulo privilegio y fatal prestigio que, premeditadamente, dichas autoridades obvian mencionar por constituir el verdadero talón de Aquiles de su falaz argumentario, por mucho que la propia ministra de Asuntos Exteriores trate de edulcorarlo a base de engaños en sus entrevistas en televisiones internacionales.   

En dicho primer trabajo ya anunciaba que la recolección y edición de las lecciones aprendidas en cada fase de la operación -desde el inicio de su planeamiento y hasta arribar al momento de la estabilización en la situación final- es un trabajo continuado en el tiempo, e incluso a veces hasta debe ser reiterativo en pos de evitar volver a caer en nefastos y graves errores previos y en adoptar posturas o decisiones, que habiendo sido muy positivas -de la misma forma o con mínimos ajustes- se pueden y deben volver a emplear. 

Este es el segundo trabajo sobre el tema que, como había prometido, presento en un formato similar, y lo someto a su consideración por si fuera de utilidad; una vez que se acaba de publicar la segunda prolongación por quince días del confinamiento debido al estado de alarma y el próximo lunes finaliza el periodo de vacaciones retribuidas a los trabajadores en actividades no esenciales, por lo que deben volver a sus trabajos. 

Negativas
  • A pesar de haberse comprobado los efectos nocivos de ciertas actuaciones, continúan los anuncios por adelantado de nuevas medidas restrictivas por parte del Gobierno y en los medios antes de convertirse en efectivas, creando, de nuevo, crecientes e innecesarias situaciones de zozobra como la posibilidad de una prolongación por tercera vez del estado de alarma y la idea lanzada sobre el uso obligatorio de las mascarillas; ambas declaraciones, entre otras menores, supusieron de nuevo la acumulación masiva de alimentos, fundamentalmente pan, otro incremento de los precios y la búsqueda desesperada en el mercado negro.
  • Permitir y anunciar sin orden ni concierto el cierre de los establecimientos de alimentación (grandes cadenas) y muchos supermercados de barrio durante el periodo de la Semana Santa, aun estando en estado de alarma, ha sido otro error por parte de la administración, ya que también ha propiciado el efecto de las grandes colas para la adquisición de alimentos y cierto tipo de desabastecimientos puntuales en algunos productos.
  • No tener en consideración que el imponer medidas obligatorias sin que la mayor parte de la población tenga posibilidad de cumplirlas por falta de medios o existencias crea desasosiego y mucho malestar como lo viene siendo durante varios días con el uso obligatorio de la mascarilla fuera de casa sin tener asegurado el suficiente suministro en el mercado normal (farmacias)
  • Se ha continuado cayendo en la difusión oficial de ciertos bulos y cambios radicales en las medidas aconsejables para la protección individual como la conveniencia o no de determinadas medidas o acciones profilácticas tales como la gravedad de los contagios, posibilidades y efectos de los mismos; adelantar en muchas fechas el que ya se estaba doblegando la famosa curva de contagios y defunciones -que tanto ha tardado en llegar y ya veremos si es definitiva-; y la necesidad o no del uso de algunas de ellas como las mismas mascarillas; lo que es contraproducente y crea muchas innecesarias ansiedades
  • En particular, ha sido demencial el tema del uso de las mascarillas, que, de la noche a la mañana, pasaron de no ser necesarias, salvo para los infectados, y de muy poca utilidad, a convertirse en algo de obligado uso y cumplimiento fuera de casa. Para luego volver a poner en cuestión su efectividad y, de nuevo, en tiempo record volver a pensar en ellas como imprescindibles cuando se relajen las medidas de internamiento sin que a menos de 48 horas las comunidades autónomas implicadas sepan nada de dichas mascarillas, dónde están y qué sistema de distribución se va a emplear. Veremos en que acaba el tema, porque este tantas veces anunciado elemento básico ni se produce todavía en España ni se importa en cantidades industriales, y anuncios de este tipo (mascarillas gratis en el Metro, Cercanías y autobuses), generará, sin lugar a dudas un gran efecto llamada el próximo lunes para hacerse con tan preciado botín hoy en día.
  • Al respecto de estos elementos de protección, es imperdonable haber perdido más de dos meses en empezar a fabricar en la industria nacional elementos tan sencillos de obtener y tremendamente necesarios para la profilaxis como mascarillas y EPIs tras haber creado falsas esperanzas, mentir reiteradamente sobre la llegada de los mismos, la efectividad y homologación de las que se han adquirido y haber regado el mercado exterior de cientos de millones en una búsqueda tan titánica como infructuosa, por lo que se ha quebrado la confianza y la moral de resistencia de los ciudadanos.
  • No se ha mostrado ninguna prudencia a la hora de mostrar grandes dudas y diferentes opiniones entre los miembros del Gobierno a la hora de tomar decisiones o hablar sobre levantar o no, aunque sea parcialmente, ciertas medidas restrictivas de movimientos y la posibilidad de poder acudir tras la Semana Santa a algunos trabajos no esenciales por exigencias económicas, sin haberse alcanzado aún los límites marcados como recomendables por el mantenido bajo número de contagios y fallecimientos  
  • A pesar del conocimiento por experiencias en otros países de que el incremento en el número de defunciones era más que seguro, no se han tenido previstos los necesarios cambios y exigencias para prestar correcta y adecuadamente el servicio y la asistencia funeraria tan esencial y sensible en estas situaciones de pandemia 
  • Tampoco se marcaron unas claras medidas de protección y prioridades para atender los numerosos casos fuera de instalaciones hospitalarias; así como el control y las contenciones de los precios funerarios, habilitación del suficiente número de lugares de conservación de los cadáveres, mejora y ampliación de los sistemas de eliminación de los restos y el efectivo control en lo referente a la ubicación de los óbitos y enterramientos; todo ello ha sido elemento fundamental para incrementar en mucho la alarma, la confusión y generar una mala imagen. 
  • Que actualmente, en pleno 2020 en España -país que presume de intentar localizar los restos de los fusilados durante la guerra civil de 1936-39- haya familiares que no sepan dónde se encuentran los restos de sus finados o si han sido enterrados o no durante varios días de angustia y desconsuelo por esta crisis, es francamente demencial y casi de juzgado de guardia
  • Las medidas adoptadas que impiden acompañar en sus últimas horas y velar a los difuntos durante y tras su muerte y que limitan en mucho la presencia de allegados en los sepelios son muy contrarios a nuestras costumbres y de una dureza casi inhumana; sobre todo si tiene presente el elevado número de fallecimientos y que la inmensa mayoría de ellos han sucedido a solas y sin permitirse la estancia de familiares o acompañantes en ningún momento
  • Hay que denunciar la gran desprotección del sector de personas de mayor edad, no solo por el mayor  factor riesgo y en el triage de los enfermos a la hora de su traslado y llegada a los hospitales, sino también por no haber incrementado la especial atención sanitaria al personal (ingresado y auxiliar) en las residencias de ancianos donde suelen habitar estos en los últimos años de sus vidas, o de todos aquellos que han sufrido la enfermedad y fallecido a solas en sus casas sin ningún tipo de asistencia. Todas ellas, han propiciado que el número de decesos en ese sector poblacional sea muy alto. En Madrid 4.260 ancianos han pedido su vida en el primer mes de contagios importantes, de los que tan solo 781 eran casos confirmados por las correspondientes pruebas (los únicos casos que se contabilizan por Sanidad).
  • De no haberse empleado esta limitación para la contabilización como casos de coronavirus supondría -con mucha aproximación a la realidad-  multiplicar por cuatro el número de defunciones solo en dicha comunidad. Situación muy similar es la que ocurre en el resto de CCAA, como en Cataluña, aunque allí el número de decesos asciende a 1.223 en el mismo periodo 
  • Con carácter general y desde un principio, al adoptarse unos criterios de contabilización de los fallecimientos por la enfermedad poco claros y hasta bien opacos (necesidad de que se le haya practicado un test y haya salido positivo) y tras descubrirse ciertas posibles y aparentes diferencias del criterio de aplicación entre comunidades, podrían parecer que estos métodos obedecen a determinadas agendas políticas ocultas para disfrazar (disminuir en mucho) el número de muertes reales si se tiene en cuenta los registros de defunciones y se compara con años anteriores, por lo que estos fenómenos empiezan a ser denunciados hasta por los altos tribunales de justicia
  • A pesar de que el mencionado baile de cifras es muy importante, los datos oficiales proporcionadas por España -siguiendo los criterios marcados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según el Gobierno- convierten a nuestro país como el primero a nivel mundial en número de bajas en proporción al de habitantes, ranking que deja en muy mal lugar a las autoridades sanitarias y al propio Gobierno por la más que posible poca eficacia de las medidas preventivas antes, al inicio y durante la efervescencia de la crisis; por la tardanza en aplicar medidas de control a los que venían del extranjero; por retardar el momento de adoptarse con determinación el aislamiento colectivo de la población y la compra de todo tipo de medidas de protección o por la misma falta de eficiencia de nuestro sistema sanitario. El mismo sistema que tantas veces ha sido elogiado y puesto de ejemplo, en los últimos meses, como entre los mejores a nivel mundial (propaganda barata y decepcionante, que ahora para evitar responder por las culpas de las autoridades en estos temas candentes, se intenta demonizar, bajo el manto de falaces o mentirosos recortes previos en dicho sector, que se intentan achacar al  principal partido la oposición).
  • Nefasto privilegio el anterior, al que además hay que añadir ser el primer país del mundo en el número de personal sanitario contagiado ya que, con gran diferencia con el resto, tenemos el mayor número de casos; lo que pone de manifiesto una, varias o todas de entre las siguientes cuestiones: que las medidas de protección usadas por el mismo no han sido, desde el primer momento ni durante mucho tiempo, las más adecuadas; que se les haya forzado a trabajar o no aislarlos a los que estaban contagiados, y con ello han servido de transmisor de muchos casos más entre ellos; o, lo que puede a ser aún más grave, no estaban preparados profesionalmente para tratar este tipo de infecciones; cosas todas ellas, que aparentemente, de forma espontánea todo apunta a que se pretenden esconder tras la insistencia y la cansina propaganda de los calurosos aplausos colectivos a las ocho de la tarde a diario 
  • En el capítulo de la posible y/o real pérdida innecesaria de vidas o la puesta en peligro de la salud de cientos de ellas, hay otro punto más peliagudo todavía; la cerrazón y el ingente número de pegas o trabas, de todo tipo, puestas por las autoridades catalanas para la instalación o la puesta en marcha de hospitales de campaña montados por miembros y con material de las Fuerzas Armadas o de la Guardia Civil. Casos inauditos de prevaricación con el agravante de poner en peligro la salud y la vida de numerosas personas; pero que, a pesar de ello, no han sido obligados a su cumplimiento por el Gobierno en pleno estado de alarma ni motivo de intervención directa alguna por parte de la Fiscalía General del Estado.
  • La cuestionable legalidad de las medidas de restricción de libertades individuales y colectivas no contempladas jurídicamente entre las capacidades o potestades del Gobierno para la aplicación del estado de alarma.
  • Haber esperado casi tres meses, remover todo el mercado, comprar material no adecuado, empañar nuestras relaciones con Turquía y superar la cifra de los 14.000 muertos para decidirse a contratar en la industria nacional la producción de respiradores en serie homologados y testados cuando durante el periodo de máxima infección y número de bajas el uso de dichos aparatos ha sido negado y se sigue negando a determinado grupo de personas en función de determinados parámetros, fundamentalmente su grado de infección y afectación patológica y la edad del paciente, siendo patética dicha acción; ya que aparte del intento de sucedáneo de respirador fabricado con medios de circunstancias en la SEAT -empresa que anunció que cesa la producción de dicho producto circunstancial por disminuir en bastante los ingresos en las UCI y, por tanto, la necesidad de ellos-, la producción de la empresa madrileña contratada el 6 de abril de 2020 a bombo y platillo con la presencia del presidente Sánchez es 100 respiradores/día máximo, por lo que al haberles contratado la fabricación de  5.000 de estos aparatos, tardarán casi dos meses en finalizar el pedido.
  • La campaña de chantaje a la que el Gobierno somete a la población y a los partidos de la oposición desde que volvió a anunciar nuevas medidas restrictivas o coercitivas y una especie renovación de los conocidos como la nueva versión de los ‘Pactos de la Moncloa’. La forma de presentarlos, su estilo excluyente, la pestilente posible agenda oculta tras ellos y su exigente adhesión reclamada a todos sin rechistar, hacen que muy difícilmente se puedan apoyar unas medidas o propuestas por nadie sin que antes se conozcan para, como mínimo, poder presentar objeciones; situación que de nuevo, ha sido claramente dibujada por el Gobierno para tachar a la oposición de antipatriota, agorera o cualquier otro calificativo de la peor calaña.
  • Pretender enclaustrar contra su voluntad fuera de sus hogares, en lugares poco recomendables por posibilidades de confort (conocidos como arcas de Noé), a todos aquellos contagiados asintomáticos una vez realizadas las pruebas masivas por tests cuando la infección haya reducido el número de contagios y fallecimientos, es un tema tomado sin tener en cuenta su legalidad y los derechos constitucionales; lo que ha provocado un nuevo retrancamiento más del Gobierno y dejarlo solo a casos voluntarios en hoteles o en su domicilios aunque también se anuncian algunos determinados y específicos cambios en la legalidad actual, por parte del Ministerio de Justicia, al más puro estilo bolivariano.
  • La abusiva y repulsiva campaña de subvenciones estatales a las cadenas y medios afines del Gobierno (por cierto, los de mayor audiencia), han convertido a estos en auténticos apesebrados, estómagos agradecidos o palmeros que, a modo del conocido NO-DO en la época del franquismo, se dedican a ensalzar los avances aunque no sean ciertos en la llegada y suministro de medios de protección, las campañas de solidaridad y de alegrías espontáneas entre ciudadanos, los momentos (aplausos) de apoyo diarios al personal sanitario y otro tipo de esfuerzos en las empresas e industrias nacionales; como si todas ellas se dedicaran día y noche a producir medios de apoyo y profilácticos sin parar, cuando no es cierto en absoluto; e incluso improvisadas y manipuladas encuestas en las que se muestra un masivo apoyo de los españoles a las medidas adoptadas por el Gobierno en el manejo de esta crisis, para ocultar la realidad.
  • El poco democrático sistema de selección y filtrado de las preguntas de los periodistas en las numerosas ruedas de prensa del personal del Gobierno o sus expertos llevó a la mayoría de los medios de mayor tirada a plantearse participar en las ellas por los abusos, modificaciones, tergiversaciones, obviar a muchos de ellos (repetición de los más afines o poco importantes) y la anulación de todo tipo de repreguntas; lo que ha obligado, tras un mes de protestas y denuncias, a cambiar el ‘modus operandi’ de la Secretaría de Estado de Comunicación.
  • Negar las evidencias ante las garrafales faltas de protección al personal y el suministro de materiales a los desplegados en primera línea de contacto como el personal sanitario, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos y otro tipo de personal auxiliar, buscando el rápido e incomprensible, pero efectivo apoyo de la justicia en varios de sus altos tribunales, quienes han sentenciado a favor del Gobierno en cuestión de horas o escasos días; y, por otro lado, fomentar la denuncia del mismo tipo de faltas o necesidades por profesionales de la sanidad o del mismo PSOE  en contra de las CCAA gobernadas por partidos de signo contrario al mismo (sobre todo en Madrid)
  • Sembrar el caos y la confusión entre la población al no hablar el Gobierno con una voz única para los temas de relevancia en las diferentes fases de la crisis dadas las constantes declaraciones y correcciones a las anteriores entre los ministros ante los medios en sus diferentes ruedas de prensa con diferencia de horas, como fueron las medidas presentadas por la ministra de Hacienda Montero, conducentes a levantar el aislamiento de forma progresiva a partir del día 26 de abril, corregidas en cuestión de horas por el ministro de Sanidad, Illa.  
  • La reiteración hasta el verdadero hastío (por su fondo y forma) de las apariciones de los miembros del Gobierno (varias veces al día) y del mismo presidente (todos los sábados) en largas y tediosa ruedas de prensa-mitin han dado origen a que cada uno presente su versión de los hechos acaecidos y del camino por delante; mostrando con ello, una gran falta de coordinación.
  • Por otro lado, dicha reiteración en sus apariciones, a base de repeticiones hace que se vaya perdiendo el normal respeto escénico sobre todo, en políticos noveles, de escasa formación o poco bragados, como es el caso; situación que ha dado origen a que el propio presidente, en su aparición en el Parlamento el pasado día 9 de abril para solicitar la segunda ampliación, por otros 15 días más, de las medidas de confinamiento, tuviera un ‘lapsus’ en su conversación con un parlamentario vasco, se tomara a ‘chunga’ el momento y hasta en cierto modo se riera por ser consciente de que lo que estaba haciendo, era un acto pobre o poco coherente por entender él mismo, que será necesario prolongarlo, por al menos, otro periodo más.
  • Con dicha actitud chulesca y hasta burlesca por parte del presidente del Gobierno, se puso de manifiesto, que su aparente seriedad y disgusto por tener que tomar estas medidas mostradas en sus mítines de los sábados por la tarde es bastante fingida o que le da igual el sufrimiento y las grandes dosis de ansiedad de los españoles en estos momentos en los que aún no se ve la luz al final del túnel.
  • Repartir las culpas entre todos a modo de ventilador, empezando a nivel mundial, europeo, comunidades autónomas y partidos políticos, sin tener la menor intención de asumir en ningún caso responsabilidad alguna, alardear de ser el mejor país europeo en la adopción de medidas y pregonarlo a los cuatro vientos, no reconocer ninguno de sus muchos errores ni pedir disculpas por ellos y sus consecuencias no es el mejor camino para liderar el Gobierno frente a una crisis de tal envergadura ni para generar confianza en la ciudadanía.
Positivas
  • La oportunidad y el buen funcionamiento (a pesar de la pestilente campaña de basura sembrada por sindicalistas socialistas y ‘podemitas’) del macro hospital montado en tiempo record por diversas entidades y muchos voluntarios en el recinto ferial de Madrid IFEMA, además de haber servido de un gran alivio para el resto de la cadena hospitalaria de la capital, ha propiciado una buena imagen de nuestras capacidades sanitarias en el mundo, reconocida hasta por representantes de la OMS, lo que viene a paliar en algo otros aspectos negativos derivados de las malas imágenes sobre los medios y medidas  de protección adoptados por el Gobierno y en el propio sistema sanitario; deficiencias, que empiezan a ser publicadas como ejemplo a no seguir en algunos medios de comunicación internacionales de gran tirada o visualización 
  • Que a pesar de seguir el elevado número de contagios y defunciones, también aumenta el de personas dadas de alta o curados definitivamente, lo que puede indicar una tendencia, con todo tipo de precauciones, hacia un posible vencimiento de esta plaga a medio plazo (cuestión de pocos meses)  
Por parte de los organismos internacionales
  • La OMS y sus reiteradas vacilaciones sobre la eficacia y necesidad o no de la mascarilla para toda la población, las amenazas sin definir sobre potenciales nuevas segundas o terceras olas de infección y el apagón sobre los medicamentos y vacunas para combatir la enfermedad, ayudan muy poco a orientar a los países y a calmar a la sociedad del mundo en general. Su tendencia política pro-China semi exculpatoria, bastante clara, ciertamente manifiesta y denunciada por el mismo Trump no ayuda tampoco a la imagen de un organismo ya de por sí muy dañado ni a facilitar su trabajo en este gran cometido.
  • Las pegas y encontronazos dentro de la Unión Europea (UE) para presentar medidas eficaces, menos gravosas para los países más necesitados como España e Italia y de tipo colectivo para hacer frente a la gran crisis económica que esta situación nos está creando y va a dejar en herencia.
  • La dilación en el tiempo para tener que aceptar los mismos términos y condiciones expuestas desde el principio, supone una pérdida de tiempo precioso y ayuda bien poco a crear una situación de mayor sosiego entre los países y dentro de ellos, en sus empresarios que ven ponerse en peligro sus negocios y maneras de subsistir a futuro inmediato o a medio plazo
  • Las medidas aprobadas inicialmente por los ministros de Economía de los países de la Unión, suponen un rescate más o menos duro para España e Italia principalmente, que traerá consigo obligadas y no pocas reformas, e incluso hasta es posible que en el mismo paquete, con el riesgo y la fuerte tentación que supone para los de Podemos, venga incluida más de una nacionalización de grandes empresas en quiebra
  • En cualquier caso, vamos a quedar muy endeudados, hasta las trancas durante muchos, muchos años por nuestro despilfarro, excesiva euforia y alegría en el gasto de un dinero que no se posee previamente, no haber hecho a tiempo las más que necesarias reformas estructurales y como consecuencia de una verdadera y grave falta de previsión. Puntos todos estos que son vistos por los alemanes en una encuesta seria con mucha precaución y la causa para no ceder en el tema de los llamados ‘coronabonos’.

A la vista de lo expuesto, se puede dilucidar que a pesar de las claras Lecciones Aprendidas de la primera fase escritas y denunciadas en el primer trabajo, muchos de los principales actores no las han tenido en consideración y algunos de los graves errores se han vuelto a repetir; temor que expresé en dicho trabajo sobre el asunto y, me temo, que en sucesivas entregas, que seguramente vendrán, la mayoría de ellas volverán a aparecer.  

Desde ya mismo, empezamos a cabalgar para tratar de domar una más que asegurada crisis económica que a la vista de lo comentado, su rápida salida ni está asegurada ni será cosa de coser y cantar. Con más de tres semanas de retraso y discusiones que no aportaron ningún bien para España, ayer los ministros de Economía de la UE, entre ellos la de casa, aprobaron lo que hace ese mismo tiempo, nuestro Gobierno, tajantemente, rechazó. Un muy mal ejemplo, un gran esfuerzo baldío y mucha decepción. 

En cualquier caso, y tras visto lo visto, no sé si al Gobierno le viene bien tenernos en nuestras casas silenciados, maniatados y aplaudiendo a rabiar a los sanitarios para, con ello, evitar que salgamos a la calle y podamos mostrar nuestro real enfado con un Gobierno inepto, ineficaz, que suele mentir con mucha facilidad y que está tan mal preparado para afrontar una situación como esta y, mucho menos, la que vendrá a continuación.