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Opinión

La respuesta del Islam a problemas del mundo contemporáneo (40)

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Seguimos con el tema de “La Paz Económica” según las enseñanzas del Sagrado Corán.
(Pueden consultar las referencias del Sagrado Corán en https://www.ahmadiyya-islam.org/es/coran/)

El sistema económico islamico

Al igual que con el sistema social que propugna el Islam, el sistema económico islámico comienza con la premisa de que todo cuanto se halla en los cielos y en la tierra ha sido creado por Dios, quien ha proporcionado al hombre diversas provisiones en custodia. Como depositario, el hombre deberá dar cuenta de su responsabilidad respecto a lo custodiado. La posesión o ausencia de riqueza son medios de prueba, de forma que, tanto en la abundancia como en la adversidad, los que están atentos a su responsabilidad se puedan distinguir de los que se muestran insensibles y no ponen atención al sufrimiento del resto de la humanidad.

El Sagrado Corán nos recuerda constantemente:

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“A Al’lah pertenece el Reino de los cielos y la tierra; y Al’lah tiene poder sobre todas las cosas”. (3: 190)

Después enseña que si todo ha sido creado por Dios para todos, algo de ello debería ser compartido por el hombre.

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“¿Tienen acaso una parte en el Reino? Si así fuera, no darían a los hombres ni siquiera lo que hay en el pequeño hueco de un hueso de dátil”. (4:54)

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“Y Al’lah ha favorecido a algunos de vosotros por encima de otros en cuanto a dones mundanos. Pero los más favorecidos no devolverán parte alguna de sus dones mundanos a los que poseen sus diestras a fin de que sean partícipes en igualdad de condiciones. ¿Negarán pues el favor de Al’lah?”.  (16:72)

Al hombre le incumbe cumplir su responsabilidad honesta y equitativamente:

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“En verdad, Al’lah os ordena entregar lo encomendado a quienes tengan derecho a ello, y que cuando juzguéis entre las personas lo hagáis con justicia. ¡Ciertamente es excelente aquello a lo que Al’lah os exhorta! Al’lah es Quien Todo lo Oye y Todo lo Ve”. (4:59)

El hecho de que la riqueza material sea un motivo de prueba se expresa en el Santo Corán de esta forma:

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“Ciertamente vuestra riqueza y vuestros hijos son una tentación; mas con Al’lah os espera una inmensa recompensa”. (64:16)

Un matiz importante sobre la posesión, según el Islam, es que existen determinados recursos que han de ser confiscados de la propiedad individual y colocados en las manos de toda la humanidad.

Así, los recursos minerales y el producto de los mares y océanos no son de la exclusiva propiedad de ningún individuo o grupo de gente.

El Zakat.

El Zakat es uno de los cinco pilares del Islam, siendo los otros, la afirmación de que no hay más Dios que Al’lah y que Muhammad (lpbD) es Su Mensajero; la Oración; el ayuno durante el mes de Ramadán y la Peregrinación a la Casa de Al’lah en la Meca. 

Por ejemplo, el Santo Corán ordena:

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“Y cumplid la oración, entregad el Zakat, y obedeced al Mensajero para que se os muestre misericordia”. (24:57)

La palabra árabe “Zakat” significa literalmente medio de purificación, y en el contexto de un tributo obligatorio significaría que la riqueza residual, tras la deducción del Zakat, se ha hecho pura y legal para los creyentes.

Se suele exigir un 2,5% de los bienes disponibles - por encima de unas cotas específicas - que hayan permanecido en manos de los propietarios durante más de un año. Aunque se ha hablado mucho sobre la tasa o el porcentaje de este impuesto, no se encuentra ninguna referencia sobre algún porcentaje fijo en el Santo Corán. En este sentido, insisto en diferir del punto de vista dogmático de los eruditos medievales. Creo que la cuestión del porcentaje permanece flexible y se ha de determinar de acuerdo con el estado de la economía de cada nación en particular.

Al ser el Zakat un tributo impuesto sobre el capital a partir de ciertos límites, sólo puede utilizarse para determinada clase de gastos. Estos se desglosan en el siguiente versículo del Santo Corán:

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“Las limosnas son únicamente para los pobres y los necesitados, para los empleados ocupados en su recaudación y distribución, para aquellos cuyos corazones han de reconciliarse, para la liberación de los esclavos, para los que tienen deudas, para la causa de Al’lah y para el viajero: he aquí una orden de Al’lah. Pues Al’lah es Omnisciente, Sabio”. (9:60)

El Tesoro se encarga de la administración de esta orden. En la primera época del Islam, Hazrat Abu Bakr y Hazrat Umar, los dos primeros Jalifas, fueron célebres por asegurar personalmente el rápido desembolso de limosnas en lo que se conoció como el primer Estado del bienestar. Este sistema se mantuvo con gran éxito, durante siglos, a lo largo del período abasida.

Como se ha explicado anteriormente, la fuerza motriz del interés se sustituye por la fuerza impulsora del Zakat. Si se examina este sistema en funcionamiento, salen a la luz muchas otras diferencias entre el orden económico islámico y otros sistemas económicos. Emergen los rasgos de una economía completamente diferente.

No es posible que perdure durante mucho tiempo ninguna cantidad de dinero inactivo, ya sea grande o pequeña, si no se multiplica con más rapidez que el tipo al que está gravado. Precisamente de esta forma impulsa el Zakat la economía en un Estado islámico verdadero.

Imaginemos una situación en la que una persona con un pequeño capital no es capaz de participar directamente en un negocio y no hubieran bancos para pagarle con interés su depósito. Si el depósito es lo suficientemente grande para ser gravado por el Zakat, los recaudadores de impuestos llamarían a su puerta cada año para obtener un porcentaje de su capital. El Zakat no tiene unos límites prescritos. Estas personas sólo tienen dos alternativas; o bien emplear personalmente su dinero de forma rentable o asociar sus recursos para establecer empresas pequeñas o medianas.

Esto promueve la creación de sociedades anónimas y otras asociaciones, la formación de pequeñas sociedades o de acciones públicas en grandes sociedades. Tales sociedades no deberán nada a ninguna institución financiera a la que tengan que liquidar deudas con interés. Hipotéticamente, si se compara la suerte de tales sociedades con sus equivalentes en las economías capitalistas, los encontraremos situados en plataformas totalmente diferentes durante períodos de desgracia y crisis. En el caso del comercio y la industria enfrentados a una recesión en el contexto de una economía capitalista, la reducción de la producción debida a una demanda decreciente puede empujarlos al borde de la bancarrota. El interés que han de pagar para cubrir sus deudas seguirá aumentando implacablemente hasta el punto de que a tales compañías ya no les sea posible seguir a flote.

Por el contrario, si la economía se rige por los principios islámicos, una caída en el negocio y en las oportunidades comerciales sólo conducirá al comercio y la industria a un estado de hibernación. Así es como la naturaleza asegura la supervivencia de los mejor dotados en tiempos de extrema dificultad y adversidad. Cuando disminuye la entrada de energía, el rendimiento debe reducirse para que la energía no descienda por debajo del nivel crítico necesario para la supervivencia. Como en un sistema financiero islámico no existe ninguna presión implacable sobre la deuda, puede resistir mucha más presión y desafíos durante una recesión.

(lpbD) – La paz y las bendiciones de Dios sean con él.

(Continuaremos en la entrega 41, continuando con “La Paz Económica” según las enseñanzas del Sagrado Corán)