Opinión

Las dictaduras encubiertas

Las dictaduras encubiertas

No hay cosa más criticable que todo aquello que sea encubierto, oculto o bañado de una cierta apariencia que no es real, que solo busca o pretende el engaño de quien lo ve, palpa, compra o comparte. Son muy típicas y conocidas las frases e imágenes de los antaño comerciantes de ganado, mayoritariamente personas de raza gitana, que trataban de vender animales de raza equina tratando de disimular u ocultar sus años, deficiencias o problemas físicos a base de engordes momentáneos, pinturas, tintes o lacas e incluso inyecciones de estimulantes para darle al equino una apariencia más sana y diferente.

Dicha costumbre sigue existiendo y aunque haya cambiado de modus operandi y de grupo de actuación, está cada vez más en boga y realmente, es muy frecuente encontrarla entre la ralea de los que se dedican a la política. La razón de esto es bien sencilla, a falta de verdaderos valores, buena formación, sinceridad y sesudos programas que realmente enamoren al votante, los mendaces y vacíos de contenido aspirantes a gobernantes tienen que recurrir al engaño y la añagaza. 

Así, aquellos que tienen en mente la adoración, el culto u obsesión por las ancladas y viejas políticas muy desechadas en el mundo por malignas o nefastas; los que no saben hacer nada que no sea bajo el engaño o son incapaces de presentar algo serio y de plena aceptación por su atractivo, se suelen disfrazan de corderos para aparentar lo que no son. Hoy en día, todo el mundo desecha por ruin y nefasta cualquier tipo de dictadura; da lo mismo que sea militar o civil. Ejemplos más o menos recientes de aquellas nos traen a la memoria épocas pasadas trufadas de periodos dictatoriales en los que el propio mundo o amplias zonas del mismo han sufrido mucho por sus avatares, penas, persecuciones e injusticias.

Creo que ha quedado ampliamente demostrado que ninguna de las pretéritas o de las escasas dictaduras actuales puedan ser ejemplo de nada bueno, sino al contrario, de grandes represiones, persecuciones, injusticias y despropósitos que sacan a relucir lo más feo y nefasto del ser humano; que, en definitiva, solo sirven para que vivan y disfruten algunos privilegiados a costa de que el resto estén subyugados.

Quedan pocas de estas y no todas siguen el mismo patrón o tendencia política, pero si coinciden en sus métodos, vías de ejecución y objetivos intermedios y finales. Ejemplos de lo dicho lo vemos en Corea del Norte, China, Irán, Venezuela y Cuba, así como ciertas primas hermanas en la Federación Rusa, algún que otro país bolivariano, otros pobres desgraciados en Oriente Medio y también en el continente africano.  

Lo peor de esta forma de actuación, no solo viene de aquellos que como los anteriores, se declaran como tales; sino en aquellos que, una vez alcanzado el poder -mediante el uso y hasta el abuso de aparentar ser partidos democráticos- actúan soterradamente para ir introduciendo poco a poco sus modos, usos, costumbres y hasta forzar la implementación de leyes aunque realmente sean plenamente dictatoriales no lo aparentan ser.

Leyes, que sin lugar a la menor duda, recortan los derechos y libertades de los ciudadanos y les llevan clara, progresiva y sin desmayo a un estado dictatorial aunque jamás sea reconocido por ellos, como tal. Estos son más peligrosos porque usando los poderes del Estado, comprando los medios de comunicación, intensificando el control de las redes y tras grandes y muy efectivas campañas de propaganda, consiguen anular la oposición, persiguen a quien quiera mostrar su desacuerdo, evitan que nadie pueda ejercer su derecho a la libre expresión y, en fases sucesivas, hasta llegan a coartar los movimientos de las personas, el derecho a la propiedad privada o el acceso a las cuentas bancarias o de ahorro; tratan de expropiar las empresas y otro tipo de libertades amparándose en determinadas circunstancias endógenas o exógenas, que de una forma u otra, les permiten justificar y alargar al máximo su postura y capacidad de legislar a su libre albedrío o para cubrir cualquier necesidad.

Para mantener la paz social, elemento fundamental para retener a la gente en sus casas y evitar manifestaciones o protestas -una vez anulada o quebrada la supervivencia del país por diversas situaciones propias o provocadas- llega el momento de actuar y presionar sobre el medio del trabajo limitando el marco del libre comercio, la continuidad en el empleo o la eficacia del sistema industrial y bancario. Es entonces cuando se crean las necesidades en la población que se suplen con un sinfín de diferentes subvenciones, gratificaciones, dádivas, regalías, prebendas y apoyos diversos sobre ellos y crean un ambiente de total dependencia del Estado, la subvención y una forma de mantener “libremente” sus apoyos ejerciendo la política de miedo “o yo o el caos”.

Si además, como ha sucedido en esta ocasión a nivel mundial, aparece una pandemia o una crisis económica general; es entonces cuando el terreno para todo lo anterior queda abonado de por sí, con lo que los pasos a dar y el tiempo necesario para ejecutarlos e implantarlos, quedan reducidos una barbaridad.  

A veces, no es tan fácil lograr los objetivos previstos ni seguir paso a paso el camino marcado para llegar al punto de situación final deseable. La gente puede resistirse a pesar de las grandes campañas de propaganda o aunque les envuelvan en papel de celofán de bellos colores las peladillas de almendras amargas. Entonces es necesario actuar bajo mano, sembrando el camino poco a poco a base de ir justificando la necesidad de proteger a la autoridad “en peligro” ante los intentos malignos de las fuerzas políticas de la oposición; fuerzas, que según ellos, solo buscan derrocar al gobierno legalmente constituido por medios poco ortodoxos a base de intentonas de golpes de Estado y en su busca,  se ven obligados a delatar imaginarias fuerzas político-patrióticas que les pretenden atacar o derrocar; cuando la realidad, es todo lo contrario, ya que son ellos los que las han implantado para proteger sus espaldas y apartar e incluso perseguir al que pretende, aunque solo sea por criticarles su forma de gobernar. 

Lo hacen por y con todos los medios posibles, hasta de forma oficial tras el señuelo de proteger a la Constitución -esa que quieren cambiar totalmente e incluso derogar- el Estado, el Gobierno y las personas que lo integran y para perseguir todo tipo de “ataque personal” contra ellos por nimio que este sea, al que califican de impropio, una muestra de odio y totalmente ilegal.

Sin embargo, no les importa haber sido previamente muy permisivos con otro tipo de ataques, incluso efectuados por ellos mismos, en contra de personas de otros partidos e instituciones del Estado -ajenas o contrarias a sus propósitos- ya que a estos, para allanar sus espurios propósitos, conviene atacarles o al menos, desprestigiarles lo más posible para que sean vistos por el público en general como algo indigno, decimonónico  o residual.

Tras mantener al Ejército despistado, apartado, aparcado y bien atado; a la vista está que su segundo paso consiste en lograr, mediante los necesarios ceses o expulsiones de los inflexibles, convencer las cúpulas policiales, judiciales, fiscales y de la Abogacía del Estado de la necesidad de actuar en su defensa de tal modo y manera que a ellos no les perjudiquen jamás. Para ello, tampoco escatiman en medios y formas de aproximación sucesiva, directa o indirecta, usando inclusive la coacción o la siempre acertada oferta y tentación de la promoción personal y profesional, acortando los plazos necesarios, saltándose los inconvenientes que lo hacen difíciles de lograr y buscando, que siempre las hay, personas débiles de carácter, poco formadas o aquellos que siendo muy de su propia cuerda, ponen siempre delante su beneficio personal o del partido que lo que se espera de un funcionario por el bien nacional. 

Tampoco dudan en aplicar anormales alianzas e incluso emplear cargos oficiales y representantes del gobierno para urdir oscuros planes contra los partidos o las autoridades que gobiernan en las comunidades que no le son propias o favorables; prevaricando posiblemente al usar su cargo para esconder realidades o tergiversar los datos oficiales y pretender forjar feas alianzas basadas en mentiras, a cambio de ciertas bagatelas que les lleven a gobernar en sitos donde no lo hacen y así poder ejercer un mayor control regional.    

Antes, durante y con posterioridad a todo lo anterior, es primordial la conquista del "cuarto poder", el de los medios de comunicación, que constituye un sector que debe o puede ejercer una gran influencia en los asuntos sociales y económicos de la población. A primeras luces parece ser difícil conquistar o convencer; pero al final, todo y todos solemos tener un precio y es increíble ver, leer y escuchar a personas y medios, otrora dignos representantes de la verdad y la honestidad, vendidos a la causa por una serie de contratos o subvenciones por incluir en sus artículos o tertulias asuntos que favorezcan los cambios en la opinión de sus seguidores en beneficio de los que pretender cambiar la situación.

Por último, pero no por ello menos importante, está el papel que juegan los cada vez más comunes de encontrar partidos nacionalistas, separatistas, filo terroristas, verdes, animalistas y de todo tipo de elementos, tendencias y pensamientos extraños, que con tal de conseguir sus propósitos, benéficos personales o complementar sus oscuras y ocultas agendas, son capaces de vender su alma al diablo; por ello, no dudan aunarse en coalición con los que por pura necesidad de votos para el necesario apoyo de su causa final, quienes tienen abierto el amplio abanico de ofertas de toda entidad para complacer las ansias y aspiraciones de aquellos, aunque precisen ponerse una pinza en las narices a la hora de votar juntos una misma propuesta o Ley, o tan solo pocos días antes, de ellos renegaban y hasta negaban repetidas veces que con dichos partidos, jamás iban a pactar. 

No es una tarea sencilla en muchos casos ya que, la mayoría de las veces, se precisan determinados cambios en la mentalidad del ciudadano, que realmente solo se consiguen si previamente y durante años, se ha conseguido profundizar en la formación y opinión de las personas, penetrando poco a poco en los sistemas y formas de adoctrinamiento en la formación y a la hora de crear los programas e impartir la educación.

Cuando la conjunción de todos estos astros se consigue alinear, solo hace falta un pequeño brote o golpe de gracia para poder ejercer la idea primaria con plena convicción de que ya nada se va a interponer en dicha tarea. Es a partir de entonces, cuando puede hacerse imposible que los propios países amigos o miembros de las mismas asociaciones intergubernamentales a las que se pertenece sean capaces de hacer cambiar la tendencia o reconducir la situación. Hoy en día, el mundo ha perdido su capacidad de arbitrio, influencia y liderazgo. Cada uno sigue su senda, pocos piensan en los demás y salvo en caso de una potencial guerra, a cada uno se le deja seguir su propio camino sin problemas para los demás.

Recuperar el tiempo y el espacio perdidos, si es que algún día se pudieran recuperar, no es tarea sencilla ni corta porque las ideas, necesidades y formas de vivir han tomado el necesario y fuerte arraigo o acomodo entre la población. Para muchos se ha convertido en la única forma de vivir y tener que cambiarla, supone realizar muchas adaptaciones, riesgos y cambios de mentalidad, que no están dispuestos a realizar.

No sé si todo lo dicho hasta este momento les podría sonar conocido, cercano o ya implantado en su entorno. Yo les puedo decir que a mí me suena y mucho. Es más, creo que estamos al borde de llegar al punto de no retorno. Además, soy una de esas víctimas mencionadas que no pueden ejercer su derecho constitucional de aplicar su libertad de opinión y expresión, a veces, -incluso hoy mismo- cuando intento presentar mis comentarios sobre hechos ampliamente conocidos y puntuales para el análisis y opinión de los que me siguen habitualmente que sobrepasan con creces más de algún millar. Hecho que suele ocurrir con mayor frecuencia cuando los temas tratados giran sobre ciertas actuaciones del gobierno, llamémosle, poco ortodoxas.   

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