Opinión

Marruecos entre el desconfinamiento y los rebrotes de coronavirus

Marruecos entre el desconfinamiento y los rebrotes de coronavirus

Los marroquíes habrían vivido el confinamiento más largo del planeta. Medidas severas acompañaron este período de distanciamiento social y el cese de las actividades económicas. Desde el 20 de marzo, el estado de emergencia sanitaria en Marruecos se ha renovado continuamente. Hace unos días se anunció una prórroga hasta el 10 de agosto, lo que provocó la ira de los marroquíes que no pudieron contener su malestar por seguir viviendo encerrados -y en gran parte- sin trabajo. El gobierno revocó rápidamente esta decisión. La fecha del 10 de julio llegó para calmar los espíritus y aliviar las tensiones. Llegaron señales positivas para confirmar la flexibilización de las medidas de contención. Casablanca, uno de los mayores brotes de la epidemia, tuvo luz verde bajo el nombre de Zona 1. Marruecos, de hecho, había clasificado el país en dos zonas distintas. Las principales ciudades, incluida la capital económica, Casablanca, y la capital administrativa, Rabat, formaban parte de la Zona 2, donde había que respetar las restricciones de viaje. 

Desde el miércoles 24 de junio, al filo de la medianoche, todo Marruecos se ha trasladado a la zona 1, excepto Tánger, Asilah, Marrakech, Larache y Kenitra, en virtud de una decisión conjunta del Ministerio del Interior y de la Salud. Ir a la peluquería, hacer footing o tener acceso a los espacios verdes está ahora permitido e incluso se hace posible y circular sin un permiso especial y sin necesidad de pruebas. Un gran alivio para los marroquíes que llevan 3 meses viviendo en una situación psicológica y económica muy difícil. Dicho esto, todas las reuniones siguen estando prohibidas, las mezquitas, los cines y los teatros cerrados y los restaurantes y los cafés limitados a las órdenes de comida para llevar.

En general, Marruecos ha gestionado bien la crisis desde que se identificaron los primeros casos. La monarquía se citaba a menudo como ejemplo cuando Europa sufría de falta de máscarillas y organización. Marruecos también se ha tratado con hidroxicloroquina y tiene una de las menores tasas de infección del continente. En este país de 35 millones de habitantes, se han registrado hasta ahora 213 muertes. 

Mientras el país se prepara para levantar las restricciones, se producen dos brotes de contaminación en las plantas de envasado de frutos rojos. Más de 500 nuevos casos de contaminación en la región de Kenitra han trastornado el equilibrio sanitario de Marruecos, que hasta ahora había logrado mantenerlo. Las agricultoras que se encontraban en primera línea pagaron un alto precio por esta epidemia. Se ha abierto una investigación para examinar sus condiciones de trabajo. Es evidente que la falta de respeto a las instrucciones de seguridad fue el origen de este grupo. Kenitra se convirtió, en muy poco tiempo, en el nuevo hogar de la COVID-19. 

Todos los empleados han sido investigados y la investigación sigue en curso, dijo el ministro del Interior Abdelouafi Laftit. Desde el domingo, se ha creado un hospital de campaña para recibir a las 700 personas contaminadas y aislarlas. Las autoridades han cerrado todas las unidades de procesamiento de frutos rojos y Rabat ha endurecido las restricciones. 

Este resurgimiento, que va acompañado del cierre de fábricas, sigue a una crisis económica multisectorial cuyos contornos se están confirmando en estos días. Marruecos prevé una disminución del 5% de su PIB. El sector del turismo ha caído. En una entrevista concedida al Economista, Abdellatif Kabbaj, presidente de la Confederación Nacional de Turismo (CNT), recuerda que Marruecos ha acumulado un gran retraso en materia de turismo en un momento en el que “los destinos turísticos competidores están trabajando para la reanudación de su actividad mediante la comunicación, en primer lugar, sobre la apertura de sus fronteras y la reapertura de los establecimientos y lugares turísticos”. “Túnez, Grecia y Turquía están en proceso de llenar sus registros de pedidos”. El turismo contribuye al 7% del PIB del reino. La recuperación es lenta y no tendrá lugar antes de 2021 según los especialistas del sector. 

En 2019, Marruecos se congratuló de un aumento del 5% en el número de visitantes en comparación con el año anterior. Las esperanzas eran altas para el 2020 antes de que el virus lo pusiera todo patas arriba. Marrakech y Agadir estaban a la cabeza. Pero hoy la ciudad ocre está en números rojos y no parece lista para ofrecer la magia de sus riads a los turistas.

Otra decepción de esta crisis: los marroquíes que se quedaron varados en el extranjero durante tres meses y que tuvieron que pasar el mes del Ramadán lejos de su casa y de sus familias. Rabat inició las repatriaciones hace dos semanas, pero las devoluciones se están haciendo a paso de tortuga. Por el momento, se han establecido transportes aéreos a España y Turquía. Todavía hay decenas de miles de personas que no han regresado, pero hasta la fecha no se ha anunciado la reanudación de los vuelos internacionales.