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Opinión

Marruecos y Argelia: ¿habrá guerra en 2022?

marruecos-argelia

Las cancillerías extranjeras presentes en las dos capitales del Magreb central, Rabat y Argel, se interrogan con insistencia sobre la posibilidad de una guerra entre Argelia y Marruecos que a juicio de algunos estallaría en 2022.

La acumulación de factores de crisis entre los dos países, la carrera armamentista en la que están involucrados, y los intereses contradictorios y en gran medida antagónicos de ambos, suscita inquietud y temor ante un posible conflicto armado de gran envergadura en el Norte de África.

Sin embargo, la hipótesis guerrera parece excluida, a pesar de las alarmas suscitadas, alimentadas en gran parte por los poderosos lobbys internacionales del mercado armamentista. 

Para entender bien lo que está en juego, conviene reflexionar sobre varios puntos:

-    En primer lugar, para que haya una guerra, tienen que ser dos campos enfrentados, solos como países o en coalición con otros aliados. En el caso del Magreb, ambas partes han hecho saber por “fuentes cercanas al poder”- el Palacio real marroquí y las Fuerzas Armadas argelinas -, que no quieren la guerra, “pero si es inevitable, dicen, están preparados”. Sin embargo, las “fuentes” son anónimas, lo que deja planear una cierta incertidumbre.  Ninguna fuente oficial adopta una posición clara sobre la cruzada militar, ni a favor, ni en contra.

-    En segundo lugar, para que se llegue a la confrontación bélica, existen diversas fases por las que hay que pasar. Sólo la última de ellas conlleva el desencadenamiento de las hostilidades, porque una vez puestas en marcha las maquinarias de guerra, la vuelta atrás se hace muy difícil, si no imposible.

-    Algunos de estos peldaños previos al conflicto armado, ya se han consumado: ruptura de relaciones diplomáticas; enfriamiento total de las relaciones económicas y comerciales; anulación de contratos de empresas mixtas que operaban en ambos países; suspensión del contrato bilateral para la utilización común del Gasoducto Magreb-Europa que une Argelia-Marruecos-España y Portugal; prohibición de vuelos civiles y militares marroquíes sobre el espacio aéreo argelino; anulación de las reuniones internacionales de carácter multilateral en las que podrían estar presentes ambos países (ausencia de los ministros marroquí y argelino en la reunión de la Unión por el Mediterráneo de Barcelona; suspensión de la reunión en Marraquech Rusia-Mundo Árabe, en la que estaba invitado el ministro argelino; ásperos enfrentamientos dialécticos entre las dos diplomacias en diversos foros de las Naciones Unidas).

-     De cualquier manera, y a pesar de que los puentes se van rompiendo uno a uno en las relaciones bilaterales, los intereses estratégicos de ambos países no chocan por el momento. Cada uno de ellos tiene su propio plan que está funcionando y que no se ve obstaculizado por el rival.

-    Para que se llegue al enfrentamiento bélico bilateral tiene que producirse diferentes pautas a las que se tiene que llegar:

o    La guerra es el último instrumento para la defensa de los intereses estratégicos del país, que incluyen la seguridad nacional y la proyección del país como actor a escala internacional. Pero antes de este último paso, hay otros por medio de los cuales Argelia o Marruecos defienden sus intereses vitales. Marruecos mantiene íntegro su programa de alianzas estratégicas y su proyección en los cinco continentes. Argelia hace lo mismo, y las conversaciones con sus aliados que giran en su mayor parte en torno a la cuestión del Sahara Occidental, así como las negociaciones con los países centradas en la venta de hidrocarburos, gas y petróleo, no se ven para nada afectadas por la crisis con Marruecos.

o    La imposibilidad de que tenga éxito la mediación internacional. Diferentes capitales aliadas de ambos países, lo están intentando: Washington, Moscú, París, Beijing, Djeddah, Abu Dhabi. Hasta ahora ninguna mediación ha tenido éxito, pero ambas capitales no cierran las puertas a los mediadores. Aunque Rabat mantiene una postura más dialogante y abierta que su vecino Argel, las mediaciones se encuentran estancadas.

o    La acumulación de material de guerra debe llegar a un nivel en el que sea concebible el triunfo sobre el enemigo. En caso de equilibrio, como es el caso actualmente, ninguno de los dos se atreverá a dar el primer paso. Hasta el momento, y pese a la magnitud de la adquisición armamentista anual que oscila entre el 6,5% del PIB para Marruecos, y no menos del 10% del PIB para Argelia, estos enormes arsenales no tienen como única finalidad el enfrentarse al otro, sino que forman parte de la rivalidad geo-política entre ambos países en el Norte de África y el Mediterráneo Occidental. La Doctrina militar en ambos países parte de la consideración de que “para tener peso en el escenario geopolítico internacional, hay que disponer de unas Fuerzas Armadas modernas y de calidad”.

o    Por otra parte, vistas las consideraciones geográficas, históricas y sociopolíticas que prevalecen en cada uno de los dos países, está excluida la invasión del territorio del adversario por tropas terrestres. Ninguno de los dos Ejércitos está en condiciones de sostener una incursión terrestre en el otro por mucho tiempo, salvo pequeñas incursiones en la zona fronteriza. La contienda guerrera, de producirse, se vería limitada a la utilización de la marina, la aviación o la defensa terrestre, para atacar las posiciones del adversario a distancia.

o    Ninguno de los dos países cuenta con una quinta columna en el interior del enemigo. A pesar de que importantes sectores de la opinión pública y de las formaciones políticas son contrarios al desencadenamiento de hostilidades, en caso de conflicto es previsible que se produzca “la unidad patriótica para la defensa del país”.

o    Las campañas mediáticas que se están llevando a cabo en ambos países, cargadas de acusaciones e insultos, obedecen más a la necesidad de desviar la atención de la opinión pública sobre los problemas reales internos que existen en cada uno de ellos, originados por los efectos de la pandemia, las dificultades socio-económicas crecientes o la mala gestión de la economía, dependiente al cien por cien del petróleo en el caso argelino, y del turismo y el agro, en el marroquí.

o    El limbo jurídico en cuanto a la legalidad internacional, en el que se encuentra el conflicto del Sahara Occidental, no es la causa de la crisis entre Marruecos y Argelia, aunque sí un factor agravante de la misma.  En épocas anteriores, por ejemplo, durante la llamada Guerra de las Arenas en 1963, los enfrentamientos bélicos en 1976, y en los años 80 del siglo pasado en medio de un enfrentamiento armado entre las Fuerzas Armadas marroquíes y las guerrillas del Frente Polisario, que ocasionó miles de muertos, heridos y prisioneros, las relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos se mantuvieron. Para las cancillerías extranjeras, no existen razones de peso para la ruptura unilateral de las relaciones diplomáticas decretada por Argel el 24 de agosto pasado. Ninguno de los tradicionales aliados de Argelia, ni en el continente africano, ni en el mundo árabe, ni a escala mundial, como Rusia, China, Cuba, Sudáfrica, Siria o Palestina entre ellos, ha dado su apoyo a esta ruptura. Todos los actores internacionales de primer orden llaman a ambos países a solucionar pacíficamente la crisis, incluyendo en ella la solución política pragmática y definitiva de la situación en el Sahara occidental en base a la propuesta de autonomía avanzada de la región bajo garantías internacionales.