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Opinión

Marruecos y el gran Sáhara: la herencia almorávide y la geoestrategia moderna

Sáhara Occidental

Quienes interpretan los objetivos geoestratégicos marcados por el Estado marroquí como fachada que esconde una intención oculta y soterrada de reconstruir el Gran Magreb de la época medieval, que conoció su apogeo y sus tiempos más resplandecientes en la época de los almorávides, sólo están juzgando intenciones, este juicio cumple un fin político inmediato, que es disuadir a Marruecos de recuperar el Sáhara, Ceuta, Melilla, y restringirlo en cuanto a la demarcación de sus fronteras marítimas. Usar la historia para juzgar objetivos políticos legítimos contemporáneos que se involucran en el movimiento de liberación del colonialismo, implica un intento desesperado de invertir los roles para que aquellos que exigen la liberación se conviertan en aquellos que tienen intenciones coloniales ocultas.

No obstante, “No hay mal que por bien no venga”, los que acusan a Marruecos de intenciones expansionistas afirman la legitimidad de la reivindicación marroquí del Sáhara puesto que esta forma parte del país desde el siglo V de la hégira (siglo XI d. C.), es decir, hace unos diez siglos. ¿Significa esto que Marruecos tiene derecho a reclamar Mauritania, Argelia y Al-Ándalus? Esta proposición no es correcta puesto que estos países son independientes, soberanos y reconocidos internacionalmente, Mauritania desde los años sesenta del siglo pasado, Argelia desde 1962 y Al-Ándalus desde la caída de Granada en 1492. En cuanto al Sáhara Occidental, que pasó a ser marroquí tras 1975, se inscribió en la lista de descolonización desde 1964. La Corte Internacional de Justicia declaró que no era una tierra desierta, como pretendía Franco, y que existieron lazos de fidelidad entre los habitantes de esta zona y los reyes de Marruecos a lo largo de los siglos.

Miremos entonces la historia del Estado almorávide para ver cómo los acontecimientos de 1040-1147 d. C confirman la legitimidad y legalidad de la presencia marroquí en el Sáhara marroquí. 

El Estado almorávide comenzó como un movimiento de defensa reformista que se basó primero en la unión de las tribus bereberes de Sanhaya, cuyos territorios se extendían desde el río Senegal hacia el sur y las regiones de Messila, Tri y Mellah en Argelia, el Atlas y el Rif en Marruecos. Después, el movimiento tomó el control de las rutas comerciales, fortaleció su poder militar y se convirtió en un Estado islámico que incluía la actual Mauritania, el oeste de Argelia, Marruecos con su desierto y Al-Ándalus hasta las fronteras de Castilla y Navarra. 

En los años treinta del siglo XI, Yahya ibn Ibrahim, líder de las tribus bereberes de Sanhaya, que incluía a las tribus de Lamtuna (ancestros de los actuales habitantes del Sáhara), Jadala, Gzoula, Masmouda y otros, exigió a Abdalá Ben Yasin, uno de los estudiantes de Wajjaj ibn Zalwí al-Lamtí, que estaba instalado en el pueblo costero de Aglou al oeste de Tiznit que le acompañara al Sáhara y a las zonas del oeste de Sudán (actual Sakia El Hamra, Wadi al -Dhahab, actual Mauritania, Mali y el sur de Argelia) para enseñar a sus habitantes la religión islámica.

Después de los fracasos iniciales, Abdalá Ben Yasin pudo construir un vínculo adecuado en el río Senegal e implementó la Sharía, estableció las fronteras, castigó severamente los que estimaba que no respetaban la religión y unió a las tribus de Lamtuna , Kadala,  Massufa y otros (Cadi Ayyad, “La literatura magrebí en la era almorávide) contando con una organización sólida basada en el credo y  la predicación del mensaje de Alá.

La yihad que comenzó Ibn Yassin le llevó primero al Reino de Ghana para recuperar Audagost, al este de la actual Mauritania y partes del valle del Níger. A pesar de la muerte de Yahya Ibn Ibrahim y de Yahya Ibn Omar posteriormente, los almorávides afamados anexaron, bajo el liderazgo religioso y militar de Ibn Yassin muchas partes del oeste de Sudán, desde el sur de Río Nun, pasando por la actual Sakiat al-Hamra y Wadi Ad-Dahab, Tiris Zemmour, Adrar y otros, hasta el río Senegal en el sur y el río Níger en el este.

Quizás el hecho que estableció el control de los almorávides sobre Al-Magreb Al-Aqsa fue la conquista de Sus en el año 445 de la de la hégira / 1054 d. C. cuando Ibn Zulu Al-Latti pidió a Ibn Yassin que ayudara a la gente de la región a poner fin al control de los Maghrawi Zenati, batalla que terminó con la caída de Sijilmasa en manos de los almorávides “purificándola” de las manifestaciones de “Al-Munkar (los actos ilícitos considerados rechazables)” (según la interpretación fundamentalista de la religión de Ibn Yassin) (Al-Bakri, “Al-Masalik”).

Después de controlar el levantamiento de Sijilmasa contra el extremismo religioso almorávide, así como la rebelión de la tribu Jadala oponiéndose a la dominación de los Lamtuna y a cargos delicados del Gobierno. El comandante militar Abu Bakr bin Omar (sucesor de su hermano Yahya) se dirigió a Sus, en el año 448. de la hégira /1056 d.C, aquí destacó el comandante militar Yúsuf ibn Tašufín, quien fue designado por Abdullah bin Yassin como gobernador de Sijilmasa, controlando desde ahí a Taroudant, Massa y Jazoula (Al-Sallabi, “La Jurisprudencia de Empoderamiento en el Estado de los almorávides”). 

Después de Sus, los almorávides se dirigieron a Agmat, mataron a su emir  Laqūt El Maghrawi, la expandieron y la convirtieron en su base militar. Luego fueron a luchar contra los Barghawata cerca de Rabat. Estas batallas cobraron la vida de Abdullah bin Yassin en el año 1059 (Al-Abadi, “Historia de Marruecos y Al-Ándalus” y Jamal Bami “Abdullah bin Yassin”).

Después de presentar el juramento de lealtad a sucesor de Abdalá Ben Yasin, Abu Bakr como líder religioso y militar. Este último tomó el control de Zenata, Meknesah y Louata, y regresó a Agmat. La superpoblación de esta ciudad llevó a planificar la construcción de una nueva ciudad llamada Marrakech, cerca de la tribu de origen, Lamtuna, los antepasados de los Erguibat y Tekna (que se extiende en el sur desde Río Nun hasta Cabo Bojador actual), y de los bastiones de Magrawa, Barghawata y la recién controlada Amara. 

Tras surgimiento de desacuerdos entre Lamtuna y Jadalah, Abu Bakr llevó la mitad de su Ejército para hacer las paces entre las dos tribus saharauis, dejando a la otra mitad encabezada por Yusef, su primo, para sofocar las revueltas de las tribus rebeldes en Zenata y Maghara al norte, para controlar más tarde el norte y el este del Al-Magreb al-Aqṣa, así como el Magreb Central (actualmente Argelia) antes de extender su control sobre Al-Ándalus.

La profundidad saharaui del Estado marroquí se mantuvo relativamente fuerte durante el reinado de los almohades (1121-1269), pero alcanzó su máximo apogeo con los saadíes (1510-1659), que controlaban la franja que se extendía entre Tuat y Taghaza hasta Tombuctú, Gao y Tjini. Además de los alauís (a partir de 1666) que penetraron el sur a través de Chingueti, más allá del río Senegal. Sin embargo, las fronteras que se extienden desde Río Nun hasta Cabo Bojador permanecieron fijas y no cambiaron bajo el dominio de todos los Estados sucesivos, incluso los Meriníes y los Wattasíes.

A lo largo de la historia, el Majzén marroquí nunca ha tenido asentamiento sin la franja que se extiende por el sur hasta Cabo Bojador y por el este más allá de Tinduf y Tuat, como sucedía con Tremecén y Orán por el norte. Esta profundidad es la base de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, que es una profundidad histórica, política, cultural, geográfica y geoestratégica. El lazo de unión entre Marruecos y su profundidad africana desde la época de los almorávides hasta la entrada de la colonización española en los años ochenta del siglo XIX es lo que actualmente se denomina Sáhara marroquí. Esta es la esencia y la legitimidad de la presencia marroquí en el Sáhara.