PUBLICIDAD

Marruecos

Opinión

Sacrificios venideros

Viktor Orban y Vladimir Putin

El calor, el buen tiempo, permite afrontar decisiones delicadas con otro ánimo. Sin duda, las temperaturas actuales benefician la toma de posición arriesgada de plantar cara a Putin incrementando las sanciones al terreno energético: petróleo y gas. La responsabilidad de nuestros dirigentes y de todos nosotros estriba en ser conscientes de que las fábricas tienen que seguir funcionando para no caer en una depresión económica y social muy peligrosa, que la energía es un asunto de seguridad nacional para todas las instalaciones estratégicas de cada uno de los países y que, en general, es imprescindible para todos y cada uno de nosotros desde que nos despertamos, tomamos café, una ducha caliente y una calefacción permanente en invierno. 

El invierno que ahora se antoja lejano porque acabamos de comenzar a disfrutar de buenas temperaturas, llegará inexorable y afortunadamente para cumplir el ciclo de la naturaleza. Pero, por eso, hay que pensar que ahora toca gestionar mucho mejor el aire acondicionado y pensar que, en general puede que no sea tan necesario, pero en invierno el frío es el frío. Sobre todo, en el norte de Europa. En la UE todos parecen dispuestos a afrontar los sacrificios que hagan falta con tal de parar a Putin, menos Hungría que juega un papel que veremos cuál es su desenlace que está más relacionado con sus propios intereses internos y con la opción de forzar una contraprestación suculenta de la Unión Europea. Mayor problema plantea que el presidente húngaro Orban mantenga lazos ideológicos y simpatías hacia el invasor ruso de Ucrania porque entraríamos en el meollo de la cuestión. En Ucrania no se está afrontando una simple invasión militar con bombardeos indiscriminados para quebrar la voluntad de resistencia de unos ciudadanos ucranianos que luchan por su hogar, su trabajo, su tierra, su identidad y su patria ayudados por Estados Unidos y la OTAN. 

La amenaza de Putin apunta hacia el modelo político, social y económico de Occidente, a nuestros principios y valores de convivencia, libertad, Estado de derecho, respeto y tolerancia a la soberanía de cada uno compartida por voluntad propia en el seno de organizaciones como la OTAN y la Unión Europea. No se trata de zonas de influencia para la expansión del poder y la recuperación del orgullo nacionalista y de una posición ventajosa como superpotencia que alberga armas nucleares, pero que carece de una economía sólida y eficaz para sus ciudadanos, a pesar de sus riquezas energéticas, en manos de una oligarquía que respalda del poder autoritario del presidente Putin.

El debate sobre los sacrificios venideros para parar a Putin está ahí y todos los europeos tendremos que asumirlos y soportarlos porque nuestros principios y valores como sociedad están en juego. Sin olvidar los intereses.