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Opinión

Tras la elección presidencial, se inicia el camino hacia las siguientes elecciones generales en Italia

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Una vez que Sergio Mattarella ha aceptado un segundo mandato como presidente de la República, y teniendo en cuenta que el actual Gobierno Draghi (a punto, por cierto, de cumplir su primer año de vida, lo que hará el día 13 de este mes), toca comenzar a pensar en las elecciones generales, que tendrán lugar en marzo de 2023 a más tardar.

Hay que tener en cuenta que, salvo imprevisto, se concurrirá a estas elecciones generales con la misma ley electoral que la de 2018, la conocida como “Rosatellum bis”, que tiene como principal elemento definitorio favorecer las coaliciones frente a los partidos que se presentan en solitario. Así que hay que ponerse ya “manos a la obra”, porque estas elecciones “políticas” tendrán la particularidad de conducir hacia un nuevo Parlamento con un tercio menos de representantes: frente a los 945 de convocatorias anteriores, ahora habrá sólo 600 nuevos parlamentarios (400 en la Cámara Baja y 200 en la Alta). Así que hay mucho en juego, más allá de que la enorme descomposición del Movimiento Cinco Estrellas, que en marzo de 2018 logró uno de tres cada escaños en ambas Cámaras, da la impresión de que va a liberar mucho “espacio” hasta ahora ocupado, porque, aunque vaya a presentarse, ni tiene realmente líder (su ex primer ministro se encuentra cada vez más difuminado) ni tiene políticos de relieve una vez que los principales (Di Maio, Bonafede o Tonninelli) han resultado un completo fiasco en sus respectivas carteras.

En principio, la única coalición clara era la de centroderecha, formada por Forza Italia, Hermanos de Italia y Liga. Pero la actuación de Salvini en la elección presidencial, presentando como candidata a la presidenta del Senado (María Elisabetta Casellati) contra los designios de la cúpula del partido de este política y abogada veneciana (que sabía ya que tenía muchos detractores, de ahí la aparición de más 50 “francotiradores” que se negaron a votarla a pesar de pertenecer a su partido), ha llevado a que, mientras Salvini busque ahora la fusión de Forza Italia con la Liga en algo de lo que se ya se habló en su momento (el “Centro-Destra Unito” o “CDU” italiana), en Forza Italia comiencen a barajar otras posibilidades. Y una de ellas la ha dado a conocer ya Giovanni Totti, gobernador de Liguria y antiguo miembro de Forza Italia, quien les ha ofrecido hacer una coalición con su partido y con el de ex primer ministro Matteo Renzi: Italia Viva ocuparía el centroizquierda, Cambiamento (el partido de Totti) el centro y Forza Italia el centroderecha.

Renzi no ve con malos ojos esta posibilidad, aunque en los últimos tiempos hace todo lo posible por atraerse a su espacio a la formación de la que fue secretario general en dos ocasiones (el Partido Democrático, PD). Prueba de ello es que ya en su momento apoyó la candidatura del romano Roberto Gualteri para la Alcaldía de Roma (resultando, por cierto, vencedor en el “ballottaggio”) y de que, ahora, en la votación presidencial, ha votado juntamente con el PD durante los seis días de elección a la Presidencia del Quirinal. Pero cierto es que Renzi sabe que el PD sigue dejando la puerta abierta a Cinque Stelle, y por ahí no pasa él, ya que son bien conocidas sus muy malas relaciones con esta formación. En el caso de que finalmente PD e Italia Viva concurrieran de manera conjunta, hay más formaciones que podrían integrarse, como Piu Europa (el partido de Emma Bonino) o Azione (liderada por el exministro Calenda).

Por la derecha, habrá que resolver las cuitas pendientes entre Meloni y Salvini. La primera se encuentra muy enfadada no sólo porque la Liga votara a Mattarella (cuando el fundador de este partido, Umberto Bossi, ahora muy mermado físicamente y ya octogenario), se ha distinguido toda su vida política por ser profundamente anti democratacristiano, una línea que, por cierto, luego continuaría el hombre de la sucesión fallida (Roberto Maroni, exministro y exgobernador de Lombardía). Meloni ha dicho públicamente que no sólo le parece vergonzoso que la Liga haya apoyado el segundo mandato de Mattarella, sino que Salvini ni se le molestó en comunicarle de manera previa a la votación en el que su partido iba a apoyar al veterano jurista y político siciliano.

Pero lo cierto es que la coalición formada por Forza Italia, Hermanos de Italia y Liga lleva presentándose de manera conjunta desde las elecciones al gobierno de la región de Sicilia que tuvieron lugar en octubre de 2017, y que ello les ha dado la posibilidad de gobernar hasta 15 de las 20 regiones que integran el país. Así que veremos qué sucede en este momento, pero lo cierto, por un lado, es que Meloni y Salvini nunca habían estado tan enfrentados, e igualmente que ahora Forza Italia desconfía profundamente del líder de la Liga.

Es de suponer que Mattarella, antes de aceptar la reelección tras reunirse con todos los líderes políticos de manera previa a la votación final, arrancó el compromiso de todos ellos de que seguirían apoyando (a excepción de Meloni, que nunca ha querido hacerlo) al Ejecutivo presidido por Mario Draghi. Es igualmente de suponer que lo que está previsto es que haya elecciones generales en marzo del año que viene; que las gane el centroderecha; que Salvini (o Meloni, quién sabe) se convierta en el nuevo presidente del Consejo de Ministros; que Mattarella dimita anticipadamente y al fin pueda retirarse de la vida pública; y, finalmente, Draghi se convierta en el siguiente presidente de la República en unas nuevas elecciones al Quirinal que tendrían lugar en la segunda mitad de 2023.

Pero, como decimos, lo único que ha quedado claro tras esta controvertida reelección de Sergio Mattarella es cada vez mayor acercamiento de posiciones entre Partido Democrático e Italia Viva. Fuera de ello, se ven importantes enfrentamientos: en Cinque Stelle, entre su líder y al anterior líder (Di Maio); y en el centroderecha, entre Forza Italia y la Liga, y también entre la Liga y Meloni. Pero lo cierto es que aún queda tiempo para aclarar la situación.

Lo primero será comprobar que no hay “rimpasto” (remodelación) en el Gobierno Draghi, lo que en este momento parece que no sucederá. Lo segundo, si la coalición de centroderecha sigue como tal o acepta la oferta de Giovanni Totti. Y lo tercero, si realmente Partido Democrático, Cinco Estrellas y LeU son capaces de forjar la coalición de centroizquierda o al final el PD prefiere pactar con otras formaciones como son las ya citadas Italia Viva, Piu Europa y Azione. Y lo más importante de todo: ver si el centroderecha cumple su palabra y deja a Draghi llegar al final de la legislatura, porque sus votos son decisivos para mantener el actual Gobierno en pie. Pero lo cierto es que el camino hacia unas nuevas elecciones generales ya se ha iniciado, y que los políticos ya comienzan a encontrarse en campaña. Eso sí, todo quedará pendiente de la evolución del coronavirus, que sigue alterando permanentemente el calendario electoral.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor del Centro Universitario ESERP y autor del libro ‘Historia de la Italia republicana, 1946-2021’ (Madrid, Sílex Ediciones, 2021).