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Opinión

Ucrania y la OTAN lanzan el misil de Eurovisión contra Rusia

Victoria de Ucrania en el festival de Eurovisión

Ucrania se ha apuntado una enorme victoria sobre la Rusia que la está arrasando utilizando un arma inédita, hipersónica y letal gracias a sus megatones de popularidad universal. Más allá de la calidad musical de la canción “Stefania”, interpretada por el grupo Kalush Orchestra, su triunfo en el Festival de Eurovisión consagra la ya incuestionable victoria moral de Ucrania y del pueblo ucraniano sobre su brutal agresor ruso. 

Se barruntaba que el voto popular, el del público de todo el continente más el de Australia, que también participó, podría pesar decisivamente en el resultado final. El sistema establecido por la Unión de Radiotelevisión Europea (UER) otorga igual peso al voto de los jurados profesionales nacionales que al del público. Gracias, pues, al peso del voto popular, los 631 puntos conseguidos por Ucrania supusieron un veredicto aplastante, sobrepasando de largo al británico Sam Ryder y su “Space Man” (466 puntos) y la española Chanel, que logró una interpretación magistral de “SloMo” (459 puntos). 

Nadie se atrevió a discutir el veredicto, que destapó de inmediato las lecturas más políticas de un acontecimiento que siempre ha alardeado de estar por encima de los enfrentamientos y rivalidades de los países que componen el muy veterano en guerras mapa de Europa. La OTAN, por boca de su secretario general adjunto, Mircea Geoana, aprovechaba para resaltar “el inmenso apoyo del público de todos los rincones de Europa” a un país, Ucrania, que sufre “la guerra más brutal y cínica lanzada [por Rusia] desde la Segunda Guerra Mundial”. 

Tampoco tardó en sumarse al juicio político el primer ministro británico, Boris Johnson, que no pierde ocasión de meterse en todos los debates que hagan olvidar de paso que aún pudiera verse obligado a dimitir por haber ocultado, presuntamente claro, decirle la verdad al Parlamento sobre su comportamiento en el llamado “partygate”. En todo caso, Johnson, firme y tempranero apoyo al inmediato ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, calificó la victoria de Ucrania en Eurovisión de “reflejo evidente del talento de sus representantes, pero sobre todo del apoyo indestructible de Europa al pueblo ucraniano”. Casi al mismo tiempo, el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, expresaba su deseo de que la próxima edición del festival en 2023, “se celebre en Kiev, en una Ucrania libre y unida”. 

Mensajes y promesas del presidente Zelenski

Y, como era de esperar, el propio presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, señaló que “está victoria augura que tampoco está lejos el triunfo final contra el enemigo [ruso]”, rematando además con una proclama propia de la política de la futura posguerra: “Prometo que algún día el Festival de Eurovisión se celebrará en una Mariúpol libre, pacífica y reconstruida”. 

La operación para triunfar en la “batalla” de Eurovisión fue minuciosamente preparada, y no es ajena a ella la elección misma del grupo Kalush Orchestra para conseguirla. Sus seis miembros, todos ellos reclutados para luchar en la guerra, pudieron asistir gracias a un permiso especial acordado por el propio presidente ucraniano, permiso que se trocará en su vuelta al frente de batalla tan pronto como regresen a Kiev enarbolando el micrófono de cristal de Eurovisión que certifica su victoria. 

El líder y cantante del grupo, Oleh Psiuk, se saltó las habituales y estrictas reglas de la UER, que prohíben cualquier alusión política del signo que sea, tanto en el escenario como en las comparecencias públicas relacionadas con el festival. El cantante no se arredró y pidió a toda la audiencia –calculada en más de 200 millones de telespectadores- que “ayudéis ya mismo a Ucrania, a Mariúpol, a Azovstal”, el último reducto de resistencia en la martirizada ciudad junto al Mar de Azov, en el que los últimos combatientes parecen decididos a aguantar sin agua, víveres ni municiones hasta la muerte antes que rendirse. 

Con gran dominio del escenario, Oleh Psiuk acentuó su faceta política al proclamar también poco después de su triunfo que su deseo es “recibir a los concursantes de la próxima edición de Eurovisión en una Ucrania nueva, integrada, desarrollada y floreciente”. 

Mientras tanto, Rusia, excluida del festival, proseguía su ofensiva en el Dombás, al tiempo que en Kiev una delegación del Senado de Estados Unidos, encabezada por el jefe de los republicanos, Mitch MacConnell, prometía al presidente Zelenski todo el apoyo para proporcionar una inmediata ayuda militar complementaria por valor de 40.000 millones de dólares.