Opinión

Uzbekistán, la COVID-19 y las graves inundaciones: la lucha contra la crisis en Asia Central transformada en oportunidad

Presidente de Uzbekistán

Mientras toda la humanidad está luchando contra la pandemia de la COVID-19, algunas regiones como América, centro de la crisis sanitaria en el mundo en estos momentos; otras zonas del mundo, como Europa, comienzan lentamente a implementar medidas de desconfinamiento. Pero, ¿cuál es la situación actual en partes del mundo más alejadas quizás de las noticias en Occidente en el día a día? Hoy analizaremos la situación en Uzbekistán. El país del centro asiático está afrontando con coraje la crítica situación a la que se enfrenta el mundo. La situación epidemiológica se está estabilizando. El número de recuperados crece cada día, así como las personas que salen de la cuarentena. Como resultado, de 2.204 pacientes infectados por el coronavirus, 1.454, es decir el 66%, se han recuperado totalmente. El 83% de las personas que permanecían en cuarentena ya han regresado a sus hogares. La dinámica positiva es evidente. Se están tomando todas las medidas necesarias para tratar a 740 pacientes que aún permanecen en los hospitales, para recuperar su salud y que regresen a sus casas.  

Asimismo, el país ha llevado a cabo fuertes inversiones para paliar la crisis sanitaria (2,25 billones de som, que es la moneda local) del Fondo Anticrisis y 500 millones de dólares de fondos de instituciones financieras internacionales.

El presidente Shavrat Miziryoyev, teniendo en cuenta que la situación epidemiológica ha mejorado, ha decretado medidas para la reducción gradual del régimen de cuarentena en la economía uzbeka. Medidas que, sin duda alguna, beneficiarán a toda la población en su conjunto y en especial a empresarios y agricultores.

En este contexto de crisis sanitaria, además Uzbekistán se ha tenido que enfrentar a unas inundaciones inesperadas. En este complejo marco, el país ha tenido que dar respuesta a un grave desastre natural ocurrido el 28 de abril en la región de Bujara, especialmente en los distritos de Alatsk y Karakul. Se dañaron más de 38.000 viviendas, así como 847 instalaciones sociales y cultivos de toda la región. Se produjeron graves daños a la agricultura, la producción, los servicios y las infraestructuras. En este sentido, se creó una comisión gubernamental que está trabajando las 24 horas del día. Hasta la fecha, se han restaurado los tejados del 70% de las instalaciones sociales y el 20% de las viviendas. Además, se repararon 5.000 kilómetros de líneas eléctricas, 1.100 transformadores y se restableció el suministro de energía para 286.000 residentes.

Se están reparando también las casas particulares. No obstante, las consecuencias del desastre tuvieron consecuencias, además, en el embalse de Sardoba, en la región de Syr Darya; alrededor de 90.000 personas de 24 distritos de Sardoba, Akaltyn y Mirzaabad fueron evacuadas de inmediato a zonas seguras. Todos cuentan con las necesidades básicas, alimentos, ropa y otros productos. La comisión gubernamental está trabajando para eliminar las consecuencias e investigar las causas de la inundación.

El presidente Miziryoyev en un discurso de este pasado 5 de mayo anunció que nadie en el país se quedaría atrás como consecuencia de estos desastres inesperados y que se hará “una investigación objetiva, imparcial y exhaustiva del incidente de la inundación” con la ayuda de expertos internacionales y se depurarán responsabilidades si las hubiera. “Los responsables responderán ante la ley”, señaló. Asimismo, todas las instalaciones y centrales hidroeléctricas y presas que puedan estar sujetas a la erosión debido a las fuertes lluvias están siendo objeto de inspección.

Algunas poblaciones del distrito vecino de Maktaaral, en la región de Turkestán, ya en territorio de la República de Kazajistán también se inundaron. En este sentido, Uzbekistán lamenta que el desastre haya tenido consecuencias también en el territorio de su país vecino Kazajistán. Los presidentes de ambos países, Shavrat Miziryoyev y Kasym-Jomart Tokayev mantuvieron una conversación telefónica sobre el asunto. Se establecerá una colaboración entre ambos para abordar conjuntamente la lucha contra el desastre.

El presidente de Uzbekistán realizó unas valoraciones al respecto sosteniendo la postura del Estado que lidera: “Lamentablemente, como resultado del desastre de Sardobe, algunos asentamientos del distrito vecino de Maktaaral, en la región de Turkestán de la República de Kazajstán, también se inundaron. El presidente de Kazajstán, el estimado Kasym-Jomart Tokayev y yo, en un espíritu de comprensión mutua y apertura, discutimos este tema durante una conversación telefónica.

El pasado 8 de mayo, la delegación, encabezada por el Akim de la región de Turkestán Umirzak Shukeyev, visitó el escenario y examinó la situación al detalle. Asmismo, Uzbekistán ha manifestado su disposición a “prestarles a nuestros hermanos kazajos toda la asistencia necesaria para atajar las consecuencias del desastre (…) con el convencimiento de que junto con nuestro pueblo superaremos estas dificultades de forma unida y amistosa”.

Sin duda alguna, este desastre natural supondrá también una prueba en las relaciones entre Uzbekistán y Kazajistán, que debería de ser vista en clave de oportunidad para la cooperación entre ambos países, por ejemplo, creando una unidad de respuesta conjunta de crisis. Este hecho, así como la crisis de la COVID-19, puede suponer para los países del Asia Central una oportunidad para trabajar en distintos temas de una manera coordinada creando mecanismos que den lugar a instrumentos más integrados, que en un futuro pudieran dar lugar a un espacio de prosperidad, paz y cooperación para sus respectivos pueblos.