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¿Cómo están impulsando las universidades la transición hacia el cero neto en los mercados emergentes?

Existe una conciencia creciente entre las universidades de la necesidad de trabajar hacia el cero neto
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Las instituciones de educación superior tienen un papel de liderazgo que desempeñar para ayudar a las economías emergentes a adaptarse a los efectos del cambio climático, así como a cumplir sus objetivos de cero neto. Esta función se puede dividir a grandes rasgos en dos áreas clave: implementar las mejores prácticas y liderar la investigación

A fines de octubre, como parte del Foro de Impacto Climático de Educación Superior del Times, 1.050 universidades de 68 países asumieron una serie de compromisos para alcanzar emisiones netas cero para 2050. 

En el transcurso del año anterior, muchas de estas instituciones, que en conjunto representan casi 10 millones de estudiantes, o el 4,5% del total mundial, habían hecho compromisos en apoyo de Race to Zero, una iniciativa coordinada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.  

Desde el foro, se han inscrito más universidades, y se espera que se unan más. 

Las economías emergentes están notablemente bien representadas en la lista. El país con más signatarios es Estados Unidos, con 336 instituciones, pero India ocupa el segundo lugar, con 216. Además, las economías emergentes suelen estar mejor representadas que las naciones más desarrolladas; por ejemplo, si bien hay 14 universidades francesas en la lista, hay 15 de Chile.

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En el marco del foro, la Universidad de Oxford también lanzó una nueva iniciativa llamada Nature Positive Universities

Con el apoyo de una variedad de universidades de todo el mundo, entre ellas IPB Indonesia, la Universidad de Ciudad del Cabo, la Universidad de São Paulo (USP) y la Universidad de Ghana, esta iniciativa marcará el camino para orientar a las instituciones de educación superior en la reducción de su impacto en el medio ambiente, por ejemplo, cambiando las cadenas de suministro y trabajando para restaurar el paisaje local. 

Establecen normas 

Como sugiere la iniciativa Nature Positive Universities, las instituciones de educación superior pueden apoyar la transición a cero neto implementando las mejores prácticas como parte de sus propias operaciones. 

América Latina proporciona algunos ejemplos representativos al respecto. 

Por ejemplo, la Universidad Nacional Autónoma de México (Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM) inauguró en 2018 una Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, cuyo objetivo es hacer de la sustentabilidad un elemento central de la identidad de la UNAM, estableciéndola como un referente nacional e internacional en el campo. 

Mientras tanto, la USP, la universidad líder de Brasil, ha implementado una serie de medidas para reducir su huella de carbono, entre ellas una reducción en el uso de vehículos oficiales y defensas de tesis virtuales. La USP también instituyó recientemente un Centro Interdisciplinario de Investigación del Clima, que reúne a investigadores de diferentes áreas temáticas.

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De hecho, en América Latina en general existe una creciente conciencia de la importancia de la educación sobre el cambio climático. En marzo de este año, el gobierno de Argentina aprobó una ley que ordena la implementación de una estrategia nacional de educación ambiental en todos los niveles. 

Por el contrario, los sistemas educativos de otras regiones aún no se centran lo suficiente en el cambio climático. 

Un informe reciente de la UNESCO encontró que, en el sudeste asiático, una región que es particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático, el tema sigue siendo “un tema periférico tanto en la investigación como en la práctica educativa”

Impulsando la investigación 

Como ha detallado OBG, las universidades jugaron un papel clave en la respuesta de las economías emergentes a la COVID-19 . 

Del mismo modo, además de establecerse como paradigmas de sostenibilidad, las universidades pueden desempeñar un papel clave en la transición al cero neto (y las cuestiones relacionadas con el clima de manera más general) al estar a la vanguardia de la investigación. 

Esta investigación puede tener un enfoque global más amplio, pero también puede orientarse hacia la adaptación de principios generales a un contexto nacional o local específico, por ejemplo, mediante el diseño de estrategias basadas en el conocimiento para desarrollar medidas de mitigación y adaptación. Esto es algo para lo que las universidades, tanto locales como globales en su perspectiva, están en una posición privilegiada para hacer.

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En el contexto de África, las universidades sudafricanas encabezan la investigación sobre el cambio climático. 

La Universidad Stellenbosch (SU), por poner un ejemplo, cuenta con una variedad de cursos en el campo. A nivel de pregrado, la SU ofrece cursos en Desarrollo y Medio Ambiente, Geoinformática y Ecología de la Conservación. Los posgrados pueden tomar cursos en Gestión Ambiental o Desarrollo Sostenible, mientras que también hay opciones de maestría y doctorado en Ingeniería del Agua y Ambiental, así como Educación Ambiental. 

Además, a principios de este año la UB inauguró una Escuela de Estudios Climáticos. La innovadora iniciativa tiene como objetivo combinar las estrategias climáticas del sector público y privado para apoyar la transición hacia una economía sostenible y con bajas emisiones de carbono. 

En otras partes del país, la Universidad de Sudáfrica en Pretoria ha elaborado una serie de investigaciones relacionadas con el cambio climático, por ejemplo, sobre cómo fortalecer la seguridad hídrica para reducir los conflictos en África. 

Sin embargo, a pesar de estas y otras iniciativas pioneras en todo el continente, estudios recientes han identificado una serie de problemas que impiden que muchas instituciones africanas de educación superior se conviertan en líderes del cambio climático. Estos problemas incluyen experiencia limitada entre el personal; altas tasas de pobreza, que limitan la matrícula; y una infraestructura de investigación deficiente entre los países africanos