"¿Por qué nos matan? ¿Por pedir agua potable?": la juventud rota de Irak

La realidad iraquí es, como poco, desoladora y triste. No se trata de un descontento actual, sino un carácter roto y quemado de la misma sociedad
Manifestantes iraquíes en la autopista Mohammad al-Qasim, en el este de Bagdad, durante las manifestaciones de enero de 2020

AFP/AHMAD AL-RUBAYE  -   Manifestantes iraquíes en la autopista Mohammad al-Qasim, en el este de Bagdad, durante las manifestaciones de enero de 2020

La realidad iraquí es, como poco, desoladora y triste. No se trata de un descontento actual, sino un carácter roto y quemado de la misma sociedad. No son los problemas ni las cuestiones de hoy las que más alarman, sino toda la desazón de la última década, la de una generación perdida y silenciada. Las tensiones geopolíticas entre Irán y Estados Unidos que sigue manteniendo sus bases militares en territorio iraquí defendiendo posiciones perdidas hace bastantes años, crea aún más angustia social y un ambiente tenso en cuanto a ¿qué se espera de esta Irak rota?

Irak y los iraquíes se sienten sometidos a la opinión extranjera, a la opresión interna, y no encuentran soluciones efectivas por parte de quien les debe una vida digna; los iraquíes viven la indignación inherente a su nacionalidad.
“En lo que implica las manifestaciones en Irak, estas comenzaron en el año 2011 y fueron interrumpiéndose, pero persistieron desde entonces. Los jóvenes se lanzaron a las calles a pedir cosas básicas, dependiendo de la zona las proclamas cambiaban, en algunas zonas se pedía una potabilización del agua como es el caso de Basora, en otras poner en marcha las industrias para aumentar la empleabilidad de jóvenes. Solicitaban la reactivación de la industria de energía eléctrica y la agroalimentaria paradas desde 2003. Sin embargo, lo que comenzó siendo simples manifestaciones para mejoras de la vida de los iraquíes, acabó convirtiéndose en una revolución social”, cuenta a Atalayar el analista político Hicham Aljumaa.

Experto
PHOTO/ARCHIVO - Hicham Aljumaa, analista político

La pandemia de la COVID-19 ha dejado tan sólo 3.000 infectados y cientos de muertos, pese a su deficiente sistema sanitario, pero lo que realmente hoy en día ahoga la economía iraquí y está causando males sociales desorbitados es la situación del llamado “oro negro”, que supone el 90% de los ingresos del país. Sin embargo, la caída del precio del petróleo que ha traído consigo la pandemia como consecuencia última es igual para todos los países árabes y occidentales, se calcula que ahora mismo oscila entre los 25 y 30 dólares. 

Irak
PHOTO/HUSSEIN FALEH - Manifestante iraquí se pinta la cara para denunciar la brutalidad policial

En Irak, pese a ser el segundo país de mayor producción de la OPEP, la extracción está en manos de empresas foráneas como British Petroleum, Exxon o Shell, lo que cambia sustancialmente los beneficios económicos para Irak; además, se ven modificadas las políticas porcentuales de reparto para desequilibrar lo menos posible los beneficios de dichas multinacionales. El Gobierno iraquí recaudó con la exportación de petróleo en abril 1.500 millones de dólares, con una deuda de salarios, pensiones y demás gastos de 5.000 millones; el Ejecutivo no pagó las pensiones a lo largo del mes de mayo amparándose en este supuesto déficit económico, según Kamran Karadaghi, exjefe del gabinete gubernamental. “Los jóvenes han pedido trabajo, dignidad, ser ciudadanos y sujetos de derecho. Hoy en día Irak es uno de los países de Oriente Medio con peores condiciones para vivir, carece de un buen sistema educativo y sanitario. El aire y el agua están contaminados”, relata Hicham Aljumaa de manera clara.

La juventud desesperada de Irak

“Eran jóvenes manifestantes y se convirtieron en jóvenes revolucionarios. Sus solicitudes fueron reprendidas y asfixiadas por las fuerzas coercitivas del Estado, la Policía, las milicias relacionadas con Irán, los grupos islamistas extremistas. Los activistas empezaron a ser asesinados y el Gobierno no detenía a ningún responsable, eso no hace más que indignar a los jóvenes que no solo no estaban siendo violentos, manifestándose de manera pacífica, sino que encima tenían peticiones lógicas. Por supuesto, las peticiones dejaron de ser simples reivindicaciones sociales y empezaron a ser reivindicaciones políticas, comenta Aljumaa a Atalayar. La juventud en Irak de menos de 25 años representa el 60% de la población, estando la mitad de este grupo poblacional desempleado. Aquellos con el privilegio de trabajar en el sector público están avisados para un futuro recorte de hasta un 35% de sus salarios.

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PHOTO/AP - Manifestantes antigubernamentales reclaman mejores servicios públicos y protestan contra la corrupción del Gobierno frente al edificio del Consejo Provincial de Basora el pasado 7 de agosto

Este recorte genera la posibilidad de que se produzcan nuevas manifestaciones dentro del débil equilibrio, manifestaciones que se llevan perpetuando desde octubre pasando exigiendo de forma tajante una reforma completa en materia, social, sanitaria y laboral que venga de la mano de una renovación política que no margine y obvie la realidad de los jóvenes. Estas manifestaciones se han cobrado la vida de 700 activistas, saliendo heridos miles de iraquíes, que se habían lanzado a las calles a pedir justicia social, igualdad y democracia. La represión viene de la mano de la Policía, el Ejército y milicias chiíes que se presume que están vinculadas a Irán; sin embargo, todavía no existen condenados ni detenidos reales por estos asesinatos que parecen tener un trasfondo controlado. Las últimas manifestaciones se desarrollaron por todo el país desde Bagdad, Nassiriya, Diwaniya, Samawa, hasta Basora en el sur de Irak, donde se ha dado la trágica muerte de Riham Yaqoob.

Riham Yaqoob: la trágica muerte de una activista médica en Basora

“¿Por qué nos están asesinando? ¿Por pedir agua potable? Le diría al ministro de Sanidad que bebiese agua del grifo de Basora. Está contaminada. Salimos a las calles con respeto desde el primer momento, pero nadie empatiza con nosotros, con nuestra juventud, nadie siente lo que padecemos, nadie nos representa en el Gobierno”. Así se pronunciaba la joven asesinada el pasado 21 de agosto. Una joven médica brillante, con miles de seguidores en plataformas sociales donde revindicaba su ideología activista en pro de los derechos sociales, justicia social y cambio político. Vemos a Riham no solo como la heroína de una generación, no solo como una mártir de la justicia, que sacrificó su vida luchando por los derechos de todos, la vemos también como el reflejo de un empoderamiento feminista creciente en un país que sufre el más vil de los patriarcados, mujeres que se han cansado de callar, y que hoy en la plaza Tahrir todos escuchan, aplauden, siguen. Mujeres líderes calladas por el poder.

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AFP/AHMAD AL-RUBAYE - Estudiantes iraquíes sostienen banderas nacionales mientras marchan en una manifestación contra el Gobierno el pasado 6 de febrero

Según comenta el activista político iraquí Ali Almekdam en redes sociales: “Riham era una defensora firme de las libertades individuales y los derechos civiles de Basora y eso es una línea roja inquebrantable para los extremistas y religiosos iraquíes de Basora”. “Riham podía movilizar a miles de mujeres con una sola publicación en internet e hizo varios llamamientos feministas organizando a su vez numerosas manifestaciones en favor de los derechos y libertades de las mujeres”, señala Ali Alemekdam, quien también apunta que “es impensable que en Oriente Medio ocurra algo así con normalidad, Riham estaba en el ojo el huracán”. En 2018 Riham fue señalada por apoyar a Estados Unidos en detrimento de Teherán, acusaciones que volvieron a formularse una semana antes de su muerte. Riham habría recibido también amenazas de muerte. Almekdam subraya que Riham simplemente “contradijo el discurso extremista, y eso le costó la vida, como activista y como mujer”.