Cumbre del G5 Sahel: gobernanza y terrorismo en tiempos de la COVID-19

La cumbre de jefes de Estado de los países del G5 Sahel contará con la presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo español, Pedro Sánchez
Un soldado del ejército francés patrulla una zona rural durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso

AFP/ MICHELE CATTANI  -   Un soldado del ejército francés patrulla una zona rural durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso

Los jefes de Estado miembros del G5 Sahel y el presidente de la República Francesa se reunieron el pasado mes de enero en Pau, Francia, para estudiar la situación en la región del G5 Sahel. Seis meses y una pandemia después, los países del G5 (Mauritania, Mali, Níger, Chad y Burkina Faso) y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su homólogo español, Pedro Sánchez, se han vuelto a encontrar en Nouakchott este martes 30 de junio para hacer un balance de los compromisos adquiridos en Francia hace medio año. Otros líderes europeos, como la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, participarán en la cumbre solo por videoconferencia.

Francia pedirá este martes a Malí y Burkina Faso garantías sobre sus compromisos de paz para no poner en peligro los recientes avances militares sobre el terreno. Así lo ha señalado una fuente oficial en el Palacio del Eliseo este lunes, tras alegar que “todos los progresos realizados son frágiles y pueden ponerse en peligro si el impulso político no se mantiene”. Según el Gobierno francés, “la situación es particularmente preocupante en Malí, cuyas autoridades ya no están discutiendo un plan de paz, relegando a un segundo plano la aplicación del acuerdo de paz de Argel”. En este escenario, Burkina Faso se prepara para una campaña electoral sin precedentes, marcada por una crisis sanitaria y social y en la que se espera que se presente el Jefe de Estado saliente, Marc Roch Kaboré.

Fuerzas de la ONU, africanas y francesas en la región del G5 del Sahel, a partir de junio de 2020
AFP/AFP - Fuerzas de la ONU, africanas y francesas en la región del G5 del Sahel, a partir de junio de 2020

En enero, los jefes de Estado de esta coalición reafirmaron su determinación común de luchar juntos contra los grupos terroristas que operan en la franja Sahel-Sáhara y en la región del lago Chad.  La situación de seguridad sigue siendo precaria en el Sahel a pesar de los recientes progresos en la lucha contra los grupos terroristas en la región. En este escenario, la coalición opositora de Mali, rebautizada ahora con el nombre de Movimiento 5 de Junio, liderada por el citado imam Dicko, ha puesto en jaque al presidente del país Ibrahim Boubacar Keïta, quien anunció la formación de un Gobierno de unidad nacional para hacer frente a las distintas crisis que asolan al país. 

Los países del G5 y Francia temen que esta inestabilidad política que prevalece en este país retrase la implementación de los acuerdos de paz de Argel. “Los malienses están sin aliento ante el deterioro del clima de seguridad”, ha explicado el investigador de Baba Dakono en el Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) al portal web RFI.  “La gobernanza es un obstáculo que impide el fin de la crisis en Malí y el Sahel”, ha aseverado. En estos momentos, la violencia repercute en todos los ámbitos de la sociedad y afecta de forma directa al nivel de paz y a la libertad y desarrollo de las personas que habitan las distintas sociedades.  Esta violencia está provocada por distintos factores como la aparición y perpetuación de crimen organizado y la corrupción, la falta de democracia o el terrorismo. Todo ello provoca que las personas que viven en los distintos países que conforman el Sahel no tengan garantizada la capacidad de participar en una comunidad de forma libre y segura. 

Soldados del ejército francés patrullan la aldea de Gorom en vehículos blindados de transporte de tropas durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso
AFP/ MICHELE CATTANI - Soldados del ejército francés patrullan la aldea de Gorom en vehículos blindados de transporte de tropas durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso

Este hecho está ligado además a la ausencia de una democracia justa. Como se puede observar en los distintos índices de democracia publicados cada año, la mayoría de los países sahelianos son gobernados por regímenes híbridos en donde la corrupción tiende a ser generalizada y el estado de Derecho se caracteriza por su debilidad, o regímenes autoritarios donde el pluralismo político no existe. La ausencia de democracia provoca la aparición de la violencia. Este hecho provoca que en el Sahel la seguridad humana no esté totalmente garantizada obligando a que la cuestión de la gobernanza también concierna al Ejército. El índice de democracia suele evaluar el nivel democrático de los países, analizando cinco categorías principales: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento de Gobierno; participación y cultura políticas.

La cumbre de Pau celebrada en enero había propuesto aumentar la coordinación entre la propia misión Barkhane y los ejércitos nacionales. “Los esfuerzos de estos ejércitos nacionales han estado acompañados por un deterioro en su comportamiento hacia los civiles”, ha dicho Alain Antil, director del Centro de África Subsahariana del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri) al diario RFI.  “De la gobernanza nace la violencia. Podemos enviar la cantidad de soldados que queremos en el terreno que no resolverá nada. Depende de las élites imponer un cierto número de líneas rojas en su práctica”, ha afirmado este investigador. 

La Fuerza Conjunta G5 Sahel fue creada para luchar contra la desestabilización que provocan los grupos armados terroristas en cinco países. Su despliegue fue autorizado por la Unión Africana y del Consejo de Seguridad de la ONU.  En estos momentos este organismo cuenta con presencia en al menos cinco países para luchar contra el terrorismo, el crimen organizado, el tráfico de seres humanos y estupefacientes, ayudar a restablecer la autoridad del Estado, el retorno de personas desplazadas y para facilitar la entrada de ayuda humanitaria y la implementación de programas de desarrollo. La pandemia del coronavirus no ha provocado la desaparición de la principal amenaza de la región: el terrorismo, sino que ha creado el campo de cultivo adecuado para que estas organizaciones aumenten su presencia. 

En una reunión celebrada en abril para analizar el impacto del coronavirus, los líderes africanos coincidieron en la imperiosa necesidad de proseguir con la labor conjunta coordinada para luchar contra el extremismo yihadista y hacer frente a la amenaza del terror que asola duramente el área durante los últimos años.  La seguridad ha quedado relegada a un segundo plano en países como Burkina Faso en donde “todas las provincias están afectadas”, tal y como ha resumido Mahamadou Sawadogo, especialista en cuestiones de extremismo violento.  

El presidente de Mauritania, Mohamed Ould Cheikh el-Ghazouani
AFP/ REGIS DUVIGNAU - El presidente de Mauritania, Mohamed Ould Cheikh el-Ghazouani

En su calidad de presidente rotatorio de la coalición, el presidente mauritano, Mohamed uld Ghazouani, es el encargado de recibir en el centro Al Mourabitoune a sus homólogos del Sahel más el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat, así como a Sánchez y Macron. La crisis de gobernanza y el terrorismo marcan la agenda de una cumbre en la que también se analizará la posibilidad de crear una nueva coalición para el Sahel, tal y como se debatió en la cumbre de Pau. Para aumentar la efectividad de esta propuesta, la cumbre de Mauritania irá seguida de otra celebrada por videoconferencia en la que estarán presentes la ONU o el Consejo Europeo. 

No obstante, a medida que la crisis de seguridad se agrava en el Sahel, un número creciente de observadores coinciden en que la respuesta militar será insuficiente. Según Raphaël Granvaud de la organización Survie, “Francia se ha opuesto durante mucho tiempo a toda forma de negociación política con los grupos armados, salvo los que ha calificado oficial o extraoficialmente de reputados, mientras que la mayoría de los malienses exigen una solución política. Siete años y medio después del lanzamiento de la Operación Serval, y seis años después de su extensión a todo el Sahel con Barkhane, el resultado es indiscutible: el intervencionismo francés agrava la situación porque la presencia militar francesa y las exacciones de sus aliados permiten a los yihadistas reclutar más rápidamente que las pérdidas que se les infligen”.

“En lugar de tratar de ocultar el empantanamiento de Barkhane, Francia debería estudiar ahora cómo retirarse para dar paso a estrategias decididas libremente por los gobiernos africanos. El esfuerzo militar debe reorientarse hacia la protección de los civiles, y la ayuda a los ejércitos africanos debe dejar de utilizarse como pretexto para reforzar la interferencia política”, ha añadido. 

Fotografía de archivo. El presidente francés Emmanuel Macron recibe al presidente español Pedro Sánchez en el Palacio del Elíseo en París, Francia, el 27 de mayo de 2019
REUTERS/CHARLES PLATIAU - Fotografía de archivo. El presidente francés Emmanuel Macron recibe al presidente español Pedro Sánchez en el Palacio del Elíseo en París, Francia, el 27 de mayo de 2019

El presidente de España, Pedro Sánchez, ha retomado su agenda internacional con su asistencia a esta cumbre. En el avión del mandatario español se traslada el material que este país va a donar y también viajan varios profesionales sanitarios. Se trata de tres médicos del hospital Ramón y Cajal de Madrid, una enfermera del Hospital Universitario 12 de Octubre, también de Madrid, y un enfermero de la Gerencia de Urgencias y Emergencias 061 de la Región de Murcia. Sánchez viaja acompañado por la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.