El sueño de Zohra, la única amazona del norte de Marruecos

Desde hace más de una década, Zohra Sidki es la única jinete que participa en el Festival Ecuestre de Mouseem Mata, en la provincia marroquí de Larache. Esta es la fascinante historia de una pionera en la lucha por los derechos de las mujeres
Zohra Sidki, única jinete que participa en el Festival Ecuestre de Mouseem Mata, en la provincia marroquí de Larache

PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS  -   Zohra Sidki, única jinete que participa en el Festival Ecuestre de Mouseem Mata, en la provincia marroquí de Larache

La fascinante historia de una pionera en la lucha por los derechos de las mujeres

Entre los jinetes que galopan en el festival ecuestre de Mouseem Mata, hay solo una mujer jinete. Es decidida, apasionada y respetada entre hombres y mujeres. Compite desde hace una década en esta peculiar carrera. Mata significa en árabe “montar a pelo”. Se trata de un festival ancestral ecuestre, considerado patrimonio mundial y cultural por la UNESCO. La carrera tiene origen mongol y unos 800 años de antigüedad. Este grandioso evento está promocionado, desde hace nueve años, por la familia Baraka, que desciende del poeta Moulay Absselam, creador del sufismo, y también por el rey Mohamed VI. 

Es, además, una carrera sin montura en la que intervienen unos cien hombres jinetes, que pertenecen a seis tribus del norte de Marruecos. Estos caballistas compiten con ferocidad para conseguir una muñeca de trapo, la cual está confeccionada por los matriarcados, las mujeres de Beni Arous, provincia de Larache. Antiguamente, quien conseguía la muñeca tenía como premio el derecho a elegir una mujer para esposar. Este artificio de trapo, al que también llaman Mata, es la única mujer que, junto a nuestra heroína, Zohra, cabalga desenfrenadamente por la esplanada.

La muñeca de trapo Mata
PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS - La muñeca de trapo Mata

Zohra Sidki, que así se llama, no conoce su edad. No existen registros de la fecha de su nacimiento. Siendo abuela ya, explica que ella calcula que debe tener unos cincuenta y tantos años, tal vez sesenta. Tampoco sabe leer ni escribir y apenas sobrevive de su trabajo de cocinera.
De constitución menuda, tiene un brillo en los ojos que transmite bondad, generosidad y amor. Es luchadora y también cariñosa. Es feroz pero a la vez maternal. Es testaruda pero desborda una energía sin igual. Y, sobre todas sus cualidades, las más destacadas son la determinación y la valentía. 

¿Qué tipo de mujer se atreve a enfrentarse a sus compañeros para que la respeten y acepten como un jinete más? ¿Qué clase de anécdotas habrá de su lucha contra el machismo arraigado de su país para ser ella la única amazona de la región? ¿Qué se esconde en el interior de la única mujer que galopa año tras año entre más de cien jinetes?

Los protagonistas del festival son los caballos y sus jinetes
PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS - Los protagonistas del festival son los caballos y sus jinetes

Desde muy joven, Zohra llevaba a lomos de una mula la comida al trabajo de su padre en el campo. A tan temprana edad, inició su pasión por el caballo, el animal que simboliza la fuerza, el poder y la sabiduría, siendo el cuadrúpedo más venerado del norte de África. A los 10 años, su padre le enseñó a montar sin silla, como a los hombres de la zona. Desde entonces cabalga por las playas de Tánger sin parar. Zohra explica que no existen diferencias entre sus compañeros masculinos de equipo y ella. Cabalgan juntos y los considera también sus hermanos. Al mismo tiempo se siente respetada y querida, pero conoce profundamente su excepcionalidad. 

Su sueño es enseñar y animar a otras mujeres para que participen en la carrera. También que confíen en ellas mismas y que consideren que es posible conseguir esta meta. Desea que, en un futuro no muy lejano, en vez de un hombre, sea una mujer quien gane y se lleve el premio de la carrera, el cual consiste en un cheque y una cantidad importante de trigo. 

Zohra Sidki con su equipo
PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS - Zohra Sidki con su equipo

Siendo ella, sin pretenderlo, un ejemplo a seguir para empoderar a otras mujeres, su sueño se hará realidad por mediación de la Asociación Alamia Laarossia, de la cual Nabila Baraka es su presidenta. En ella, Zohra será parte de esta iniciativa de instruir y animar a las futuras amazonas de Mata. 

Sueña al mismo tiempo en que las mujeres sientan la libertad que les ofrece el cabalgar y competir en Mata. Zohra es, sin quererlo, un símbolo del feminismo, del comienzo del cambio de tradiciones patriarcales ancestrales. La apertura a un futuro y sociedad más igualitaria. 

Zohra Sidki con Nabila Baraka
PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS - Zohra Sidki con Nabila Baraka

Recuerda con nostalgia que su niñez transcurrió ayudando a su padre. Y, al mismo tiempo, encargándose de las tareas domésticas, como cualquier otra niña o mujer de la región. Lo que le diferenciaba de las otras era su inmenso amor a los caballos y la determinación de llegar a ser una importante amazona. Una tarde fue detenida por las autoridades por cabalgar en solitario en la playa, lo cual era considerado inadecuado para una niña. Gracias a su tenacidad y férrea persuasión, consiguió seguir montando en una sociedad tan patriarcal. 

Cuando la familia Baraka resucitó Mata, fue la única mujer que participó. Y no solo eso, sino que consiguió felizmente la victoria. De esta forma se convirtió en una leyenda y un ejemplo de empoderamiento a seguir para otras mujeres. Para Zohra, Mata lo es todo. Es su vida. Es la máxima gloria.

Zohra Sidki con su madre y con su hija
PHOTO/ALEXANDRA SEEGERS - Zohra Sidki con su madre y con su hija

Aparte de recuperar esta tradición ancestral, los hermanos Baraka, Nabila y Nabil, quieren conseguir que Mata sirva también para el desarrollo económico y turístico de esta preciosa y adorable región del norte de Marruecos. Quizás estos grandes benefactores de esta región sean los pioneros que, por medio de este festival cultural, deportivo y tradicional, consigan vencer la desigualdad de géneros en la provincia de Larache. 

Queda mucha tarea para conseguirlo, pero Zohra ya ha puesto su granito de arena. Lo que sí es seguro es que Mata no es Mata sin Zohra. Cada año, los más de cien mil visitantes a este atractivo festival tendrán el privilegio y gozarán al ver a Zohra cabalgar como el viento por la esplanada.

Algún día el sueño de Zohra se hará realidad. Montará su querido caballo junto a otras mujeres de la región y les dará visibilidad global, al tiempo de promocionar una sociedad más igualitaria.