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Marruecos

Filipinas reinventa el Juego de Tronos

Marcos y Duterte quieren instalar a sus herederos al mando del país
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PHOTO/AP  -   Rodrigo Duterte

Si alguien piensa que Marcos es un apellido con mero olor a pasado en Filipinas, está muy equivocado. No solo Ymelda está viva a sus 92 años. También mantiene su preciada zapatería y su riqueza. Y sus aspiraciones de poder. Su último sueño es colocar por fin a su hijo, Ferdinand Marcos Junior, gobernador y senador, como gran heredero de su padre, el dictador que manejo el país de las islas durante veinte años hasta ser depuesto en 1986, para morir en el exilio en Hawái.

Las cartas ya están echadas para la elección de la próxima primavera. La gran sorpresa al cierre de las candidaturas ha sido mayúscula. No por la opción Marcos, sino porque se esperaba que Sara Duterte, la hija del actual presidente y alcaldesa de la sureña Davao, siguiese los pasos de su padre y se convirtiese de heredera in pectore en presidenta de facto. La línea dictatorial de Duterte, con los más de ocho mil muertes a manos de la Policía en la lucha contra el narcotráfico, hacía pensar que, acosado por las denuncias internas e internacionales sobre violación de derechos humanos, buscaría taponar a través de su hija la persecución cuando deje el puesto de mando. La jugada no se ha desarrollado así. 

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PHOTO/Presidential Communications - Rodrigo Duterte

En Filipinas, con el mandato presidencial limitado a seis años, los movimientos de los políticos por asegurarse una descendencia parecen un guion a lo Juego de Tronos. Ya hay inscritos 97 candidatos, incluidos desde un comediante a un boxeador y el alcalde de Manila. Como las listas para optar a la presidencia y la vicepresidencia son separadas, la hija de Duterte, Sara, ha dado la sorpresa al anunciar que se postula solo a número dos. Un puesto casi irrelevante, sin poder alguno, a menos que el presidente electo se lo conceda. El presidente Duterte, ante el feo de su hija, ha lanzado a su mano derecha el senador Chistopher “Bong” Go para sucederle. Y el mismo se ha colocado como candidato al Senado, desde donde podría maniobrar para zafarse de los procesos en la Corte Penal Internacional por sus abusos en derechos humanos.

Estados Unidos y China miran muy atento al desenlace de esta comedia, aderezada por la violencia de fondo que vive Filipinas, que parece debatirse entre una película de acción dirigida por Brillante Mendoza y un serial de horas firmado por Lav Díaz, los dos grandes directores de los últimos años con éxito internacional. El más antiguo de los aliados americanos en la zona, desde que la colonia española pasase a manos suyas, es considerado clave en la estrategia para contener el avance geoestratégico de China en la región.

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AFP/ NOEL CELIS – Ciudadanos filipinos

Aquellos dorados años ochenta de la democracia de Cori Aquino, no exentos de sobresaltos, empiezan a parecer una quimera, tras la dureza aplicada por Duterte en el ejercicio del poder y los síntomas crecientes y alarmantes de una dictadura. La llegada de Marcos Junior al poder dejaría a las claras que el periodo democrático de Filipinas habría tocado a su fin.  La detención de miembros de la oposición, la violencia policial y el acoso a la prensa independiente son las marcas que deja el periodo Duterte. Una democracia herida y, para algunos, tocada de muerte. Los activistas de derechos humanos hacen este diagnóstico, refrendado por las crónicas y la persistencia de la periodista María Ressa una de las dos galardonadas con el Premio Nobel de la Paz de este año. Aunque su estrella ilumina la batalla por la libertad de expresión, los presagios sobre el avance concertado de los candidatos más duros hacen palidecer las ilusiones de una mejora del nivel democrático en la antigua colonia española.

Para completar el guion, la sorpresa de la hija díscola que no querría suceder al padre, podría no serlo tanto. Al fin y al cabo, los Duterte controlan el sur del país, y los Marcos tiene su base electoral en el norte. Un apoyo mutuo entre ambos les permite no estorbarse, y sacar fruto de su alianza. Con el país en una situación economía deprimida, afectando especialmente al empleo, como consecuencia de la COVID, las expectativas sobre el futuro inmediato no son muy halagüeñas. El único “consuelo” es contemplar estos manejos de poder como un culebrón a la antigua usanza. Los zapatos de Ymelda siguen pisado fuerte en Filipinas.