Kais Said: “el Parlamento es un peligro para el país”

El presidente de Túnez prolonga indefinidamente sus plenos poderes
El presidente tunecino Kais Saied juro su cargo en Túnez, Túnez, el 23 de octubre de 2019 REUTERS/ZOUBEIR SOUISSI

REUTERS/ZOUBEIR SOUISSI  -   El presidente tunecino Kais Saied juro su cargo en Túnez, Túnez, el 23 de octubre de 2019

“El Parlamento es un peligro para el país”, con estas palabras, 24 horas antes de que se cumpliera el plazo de 30 días establecido en el artículo 80 de la Constitución, el presidente tunecino, Kais Said anunció que no restauraría la normalidad democrática y que mantendría los poderes excepcionales por tiempo indefinido en este país norteafricano que constituye, diez años después, el único superviviente de las denominadas primaveras árabes.  La decisión llega un mes después de que el presidente Said destituyera al entonces primer ministro Hichem Mechichi, suspendiera la actividad del Parlamento y desatase una grave crisis constitucional. 

El 25 de Julio, tras una jornada de protestas en las que cientos de personas exigieron en varias ciudades la dimisión del Gobierno, el mandatario invoco el artículo 80 de la Constitución, que autoriza al presidente a adoptar “medidas excepcionales” en caso de “peligro inminente para las instituciones del país”. El artículo 80 de la Constitución no especifica una duración exacta para su aplicación, sino que cesará “cuando las circunstancias que llevaron a su aplicación ya no sean válidas”. Sin embargo, establece que, en un plazo de 30 días, el presidente del Parlamento o 30 diputados podrán acudir al Tribunal Constitucional para que éste evalué si se cumplen los requisitos para su aplicación. 

Fotografia de archivo, el primer ministro tunecino Hichem Mechichi, de pie a la derecha, pronuncia su discurso el 26 de enero de 2021 en el Parlamento en Túnez AP/HASSENE DRIDI
AP/HASSENE DRIDI-Fotografia de archivo, el primer ministro tunecino Hichem Mechichi, de pie a la derecha, pronuncia su discurso el 26 de enero de 2021 en el Parlamento en Túnez

Al margen de si la situación fáctica —marcada por una grave crisis sanitaria y económica, protestas y un prolongado bloqueo político— podía ser considerada un peligro inminente de esas características, debe notarse que el líder del Parlamento sostiene no haber sido consultado, la Corte Constitucional prevista por la Magna Carta no ha sido todavía constituida, y el Parlamento ha sido cerrado durante 30 días. En su decreto del 25 de julio, el presidente tunecino se había dado un plazo de tiempo de 30 días, para nombrar un nuevo ministro y presentar una hoja de ruta, aunque la Constitución de Túnez no permite la disolución del Parlamento, sí avala la suspensión de sus funciones durante un periodo de 30 días, algo a lo que se acogió el presidente del país, cuyas acciones han sido condenadas por la oposición y al que se ha acusado de llevar a cabo un "golpe de Estado".

Pese a la insistencia de la comunidad internacional, que le pide que recupere el camino de la democracia en el único país que hasta la fecha había sobrevivido al fracaso de las primaveras árabes. Said prosigue su senda absolutista por lo que mantendrá todos los poderes absolutos que se arrogó y no restablecerá la normalidad democrática que interrumpió el pasado 25 de julio. Desde entonces, los partidos políticos insisten en la necesidad de una hoja de ruta con un calendario de objetivos a seguir durante la próxima etapa, así como acelerar la nominación del primer ministro, que, según la prensa local, podría ocupar el actual gobernador del Banco Central, Marouane El Abassi, o el exministro del Interior y antiguo responsable de su campaña electoral, Taoufik Charfeddine.

El presidente tunecino Kais Saied (2-R), al primer ministro Hichem Mechichi (R) y al presidente de la Asamblea (parlamento) Rached Ghannouchi  AFP PHOTO / HO / PRESIDENCIA FACEBOOK PAGEE
AFP PHOTO / HO / PRESIDENCIA FACEBOOK PAGEE-El presidente tunecino Kais Saied (2-R), al primer ministro Hichem Mechichi (R) y al presidente de la Asamblea (parlamento) Rached Ghannouchi 

Desde que interrumpiera la normalidad democrática, el dignatario ha aprovechado para llevar a cabo una veintena de destituciones y nombramientos de altos cargos del ministerio del Interior, incluidos los directores generales de la Seguridad Nacional, servicios especiales y del Centro de Seguridad de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Al mismo tiempo, la justicia de Túnez ha abierto numerosas investigaciones y ha adoptado medidas cautelares- como la prohibición de abandonar el territorio y arrestos domiciliarios- contra altos cargos de instituciones, magistrados, hombres de negocios y diputados.

Asimismo, ha intensificado su ataque a los partidos políticos, y en especial al partido islamista, Ennahda que atraviesa una grave crisis de valores y pugna por diseñar su futuro en medio de los problemas se salud de su líder, Rachid Gannouchi. El partido anunció la disolución de su comisión ejecutiva y el inicio de un proceso de "reorganización que se adapte a los requisitos del escenario (político actual), logre la eficiencia necesaria y contribuya a buscar una salida a la situación excepcional que vive Túnez". La tensión política y la crisis económica se han tornado en hostilidad hacia el partido islamista en parte de la población, que lo percibe el corazón de un nuevo establishment culpable de todos los males. 

Un manifestante tunecino levanta una jaula con la bandera durante una manifestación antigubernamental en la avenida Habib Bourguiba en la capital, Túnez, AFP/ FETHI BELAID
AFP/ FETHI BELAID-Un manifestante tunecino levanta una jaula con la bandera durante una manifestación antigubernamental en la avenida Habib Bourguiba en la capital, Túnez

El futuro de Túnez depende de las decisiones que tomen los líderes políticos de una región en la cual la sociedad está alzando la voz para recuperar el protagonismo perdido durante los últimos años. Diez años después, muchos tunecinos están cada vez más hastiados por la gestión del Gobierno en cuanto a unos servicios públicos deficientes y una clase política que ha demostrado repetidamente su incapacidad para gobernar de manera coherente. Al borde de la bancarrota tras diez años de crecimiento endémico, y con un índice de pobreza y paro al alza, Túnez arrastra también una grave crisis política que constituye la raíz del conflicto institucional. La decisión del presidente tunecino, Kais Said, de suspender las actividades del Parlamento y destituir al primer ministro, Hichem Mechichi, coloca a Túnez en una gravísima crisis constitucional.