La Armada de Rusia realiza maniobras navales ante la costa de Siria

Los ejercicios militares fueron llevados a cabo con misiles de crucero
Fotografía de archivo del 5 de septiembre de 2017, un misil de crucero Kalibr lanzado por la fragata Almirante Essen de la Armada rusa en el mar Mediterráneo

PHOTO/Servicio de Prensa del Ministerio de Defensa ruso vía AP  -   Fotografía de archivo del 5 de septiembre de 2017, un misil de crucero Kalibr lanzado por la fragata Almirante Essen de la Armada rusa en el mar Mediterráneo

La situación que envuelve Siria y la cruenta guerra que se desarrolla en su territorio desde hace diez años continúa candente. Prueba de ello son los últimos ensayos militares realizados por Rusia a través de fragatas de la Marina en aguas del mar Mediterráneo, frente a la costa siria. Constituye una nueva demostración del país presidido por Vladimir Putin de cara a sus enemigos actuales dentro del conflicto que asola a la nación de Oriente Medio. 

Este nuevo ejemplo del poderío naval ruso fue materializado a través del envío de tres fragatas de la flota del mar Negro hacia la costa occidental de Siria. Según la agencia oficial de noticias rusa TASS, las maniobras marítimas estaban encaminadas a probar las capacidades de contraataque ante masivas ofensivas con misiles de algún hipotético rival sobre el terreno. 

El servicio de prensa de la Armada rusa explicó el uso de misiles y fuego de artillería por parte de las embarcaciones empleadas dentro de estos ejercicios militares navales: “El grupo de acción de superficie que comprende las tres fragatas (almirante Grigorovich, almirante Makarov y almirante Essen) condujo fuego de misiles y artillería contra objetivos marítimos y aéreos. Bajo el escenario de los simulacros, el grupo naval del enemigo también lanzó un ataque de misiles contra la defensa aérea de las fragatas de la flota del mar Negro”. 

Las unidades navales rusas utilizaron misiles del tipo Shtil-1 y Kalibr mediante sistemas de lanzamiento electrónico de cara a interceptar los ensayos de ataques rivales. Además, las tripulaciones de estas fragatas completaron maniobras conjuntas y realizaron ejercicios de comunicaciones, guerra antisubmarina y defensa aérea para la protección de los barcos durante la navegación.

Estos ensayos son un episodio más de las actuaciones navales rusas en aguas del Mediterráneo en el marco del apoyo militar de Rusia al régimen sirio de Bachar al-Asad dentro de lo que Damasco considera una guerra contra grupos terroristas. En este sentido, la flota rusa opera a través de una instalación naval en el puerto sirio de Tartus (las fuerzas aéreas utilizan la base de Latakia).

Vista de la fragata Yaroslav Mudry, de clase Neustrashimyy, de la Marina rusa
PHOTO/AFP - Vista de la fragata Yaroslav Mudry, de clase Neustrashimyy, de la Marina rusa

El presidente Al-Asad valora sustancialmente el soporte militar de su socio Vladimir Putin en lo que se considera como una lucha contra reductos de terroristas yihadistas en el territorio del país árabe. 

A principios de 2020 aumentó la escalada de tensión en Siria por la injerencia de Turquía en el país y Rusia decidió reforzar la presencia de sus tropas en la zona. La situación empeoró con la muerte de 33 soldados turcos en Idlib, último bastión de la rebelde oposición a Bachar al-Asad, a finales de febrero. Ankara, que también está en lucha por el control de ese territorio, acusó a las Fuerzas Armadas rusas y al Gobierno de Al-Asad por el ataque. Mientras, Moscú acusó al Ejército otomano de estar en una zona indebida.

La situación en Idlib ha generado un complicado escenario para ambos países. Turquía persigue en la región del noroeste de Siria a las fuerzas kurdo-sirias de las milicias de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG, por sus siglas en turco) en el marco de la actividad turca contra la etnia kurda, a la que vinculan con actividad terrorista al sur del territorio otomano. Frente a esto, la nación rusa, firme aliada de Al-Asad, protagonizó también una aproximación con las YPG, que fueron clave en el apoyo a Estados Unidos de cara a la derrota del grupo terrorista yihadista Daesh en Siria y que fueron abandonadas a su suerte por el Gobierno norteamericano de Donald Trump, tras la determinación tomada por este de dejar sus posiciones militares en el área siria,  ofreciendo el camino libre a Turquía para perseguir a los kurdo-sirios y a Rusia para instalarse en los emplazamientos dejados.

Después de esta marcha estadounidense, se alcanzó un pacto entre Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, y el Departamento de Estado y de Defensa de EEUU con el objetivo de establecer una zona especial de seguridad, de la que debían salir los kurdos por exigencia turca para alcanzar un cese de las hostilidades en la región.

Se dejaba de esta forma libre la zona de seguridad creada en la frontera entre Turquía y Siria conformada por una distancia de 32 kilómetros de ancho y 240 de largo; un área a cuya creación dio luz verde la Administración Trump con su abandono de tropas del territorio, y que suponía la salida de las fuerzas kurdo-sirias de las YPG y la búsqueda del realojo de más de tres millones de refugiados sirios emplazados en suelo turco. 

Por su parte, Erdogan puso un plazo de tiempo a Al-Asad para que retirase sus tropas de Idlib, pero, tras reuniones de altos cargos turcos con una delegación rusa en Ankara en febrero, se terminó sin conseguir el apoyo de Moscú a la posición turca; demostrando así de nuevo la adhesión rusa a la causa de Al-Asad, quien sigue manteniendo su postura. 

Apoyo militar y sanitario

Rusia no solo coopera militarmente con Siria, también ha ofrecido su ayuda frente a la actual pandemia del coronavirus que asola al mundo dejando, hasta el momento, decenas de miles de muertos y centenares de miles de contagiados. Así, el Estado ruso envió un buque con material sanitario para ayudar al país sirio a afrontar el COVID-19. La embarcación cruzó este martes el estrecho del Bósforo transportando tres ambulancias militares, según informó la agencia Reuters. 

Siria informó del primer caso de esta enfermedad el domingo pasado, después de llevar semanas rechazando las acusaciones de la oposición sobre que había llegado el virus. Actualmente se contabilizan ya cinco casos diagnosticados, aunque sin víctimas mortales. 

Esta pandemia supone todo un reto para Siria, inmensa en un conflicto civil desde hace diez años y con un sistema de salud destrozado.