La COVID-19 y el Magreb: ¿hacia un futuro más colaborativo?

La pandemia de coronavirus ha creado el escenario perfecto para la aparición de iniciativas innovadoras
Trabajadoras de una fábrica empaquetan máscaras de protección desechables a lo largo de una línea de producción en Casablanca, Marruecos

AFP/ FADEL  -   Trabajadoras de una fábrica empaquetan máscaras de protección desechables a lo largo de una línea de producción en Casablanca, Marruecos

El Magreb -que comprende principalmente Argelia, Libia, Mauritania, Marruecos y Túnez- ha sido una de las regiones más afectadas por la crisis del coronavirus, pero la pandemia también ha fomentado la innovación y ha impulsado varios cambios en la región, que muchos esperan que duren en el tiempo, una vez que la COVID-19 desaparezca. 

A mediados de marzo Marruecos se convirtió en uno de los primeros países de la región en aplicar estrictas medidas de bloqueo, lo que le sirvió para recibir el elogio de la UE, al igual que la propuesta del Rey Mohammed VI de apostar por una iniciativa continental para aunar conocimientos y recursos.

Tras el éxito inicial en la contención de la pandemia, las medidas de cierre se suavizaron en junio, ya que el país siguió una pauta mundial común: una reapertura provisional marcada por el distanciamiento social, combinada con un retorno a la cuarentena en zonas que han experimentado picos secundarios, como Tánger a mediados de julio.

Túnez también logró limitar los casos y comenzó a levantar el confinamiento en junio. No obstante, factores como las continuas divisiones políticas y el cierre casi total de la industria del turismo constituirán importantes retos en el futuro.

En Argelia también se decretó el final del confinamiento en junio, pero ello dio lugar a una tendencia al alza de los casos durante todo el mes de julio. Se reinstauraron las cuarentenas y 29 provincias están actualmente bajo toque de queda, mientras que el 31 de julio la Unión Europea retiró al país de su lista de "viajes seguros".

Mientras tanto, a pesar de la reciente estabilidad macroeconómica, Mauritania es una de las economías más vulnerables del Magreb y, de hecho, de la región MENA. El Banco Mundial advirtió recientemente que, como resultado de la pandemia, el crecimiento del PIB podría caer del 5,9% en 2019 a entre el -2% y el -6,8% este año.

Sin embargo, el 31 de julio la institución multilateral aprobó una subvención de 70 millones de dólares de la Asociación Internacional de Fomento para apoyar a Mauritania, entre las numerosas iniciativas recientes en la región suscritas por los bancos de desarrollo.

Por último, el actual conflicto y la crisis humanitaria de Libia han hecho que el país sea particularmente vulnerable a la COVID-19. Los esfuerzos de ayuda están en marcha, y la Organización Mundial de la Salud está ayudando a gestionar la respuesta a la pandemia.  

Aceleración de la adopción de la tecnología digital

Aunque la COVID-19 está teniendo graves consecuencias económicas y sociales, un efecto secundario positivo en la región ha sido la rápida y amplia adopción de soluciones digitales, que van desde los pagos sin contacto hasta enfoques innovadores para el aprendizaje y el trabajo a distancia.

En Marruecos, por ejemplo, todo, desde la burocracia de la administración local hasta los procedimientos aduaneros, se ha trasladado a la web. Una innovación importante a este respecto fue la prestación de apoyo económico a los miembros más vulnerables de la sociedad.

Más de 2,4 millones de marroquíes trabajan en el sector no estructurado. Poco después del inicio del cierre, se creó una base de datos digital para que las personas sin número de seguridad social pudieran registrarse para recibir apoyo económico.

Tras introducir su nombre y número de tarjeta de identidad, recibieron un mensaje de texto en el que se les autorizaba a retirar una suma global, calculada en función del tamaño de su hogar, en uno de los 10.000 bancos y cajeros automáticos de todo el país. De cara al futuro, esto podría aprovecharse para incorporar a más trabajadores informales a la economía formal.

En términos más generales, ha habido un crecimiento generalizado en el uso de aplicaciones y plataformas digitales.

En Argelia, la empresa Yassir VTC Company amplió su aplicación Yassir Food para incluir todo tipo de productos, mientras que Imadrassa, la primera plataforma educativa digital del país, ha experimentado un aumento masivo de la participación desde el comienzo de las medidas de cierre.

En marzo, el Ministerio de Salud de Marruecos lanzó una aplicación para que los médicos y el personal sanitario pudieran compartir sus conocimientos. Paralelamente, ingenieros, empresarios y técnicos lanzaron una plataforma digital denominada Ingénierie VS COVID19MAROC (Ingeniería contra Covid-19, Marruecos), concebida para compartir conocimientos especializados, mientras que la empresa franco-marroquí Dakibot puso recientemente a disposición un chatbot gratuito que ofrece respuestas automáticas en árabe marroquí a preguntas relacionadas con el coronavirus.

La recién descubierta familiaridad del público con esos enfoques será algo que las empresas y los organismos gubernamentales tratarán de aprovechar una vez que la pandemia haya disminuido.

"Hoy en día se ha desatado el impulso, pero todavía queda trabajo por hacer para evitar el riesgo de volver a los viejos hábitos después de la pandemia. Por lo tanto, es fundamental proseguir la transformación digital y protegerse contra una posible desaceleración, apoyando al mismo tiempo a los asociados a fin de inculcar una cultura digital en Marruecos y aumentar el valor añadido", ha destacado Mohamed Faïcal Nebri, jefe de estrategia, desarrollo, cooperación y comunicación de la Agencia de Desarrollo Digital de Marruecos, a la OBG en mayo.

Haciéndose eco de este sentimiento, Mohamed Fadhel Kraiem, ministro de Tecnologías de la Comunicación y la Transformación Digital de Túnez, anunció en junio a través de Twitter que el período posterior a la cumbre del 19 de noviembre estaría "marcado por la aceleración de la digitalización en el país".

Autosuficiencia de la atención de salud

En toda la región, diferentes empresas ajustaron sus operaciones para compensar las interrupciones de las cadenas de suministro internacionales, en particular cuando se trataba de suministros médicos.

Gracias a una base industrial sólida y diversificada, Túnez ya estaba bien posicionado para satisfacer sus necesidades de productos manufacturados, en particular los destinados al sector de la atención sanitaria.

"Varias empresas, incluidas empresas extranjeras, ya están plenamente comprometidas en la lucha contra la COVID-19", dijo Abdelbasset Ghanmi, director general de la Agencia de Promoción de la Inversión Extranjera, a la OBG en abril. "Esas iniciativas demuestran claramente el gran potencial de la base industrial de Túnez y, en términos más generales, su empeño en unir al sector público, el sector privado y la sociedad civil para hacer frente a la crisis".

Un aspecto de esto es el despliegue de tecnología punta. Aunque la escala de algunas operaciones ha sido limitada, muchos resultados fueron alentadores.

Por ejemplo, en Béja, en el norte, los ingenieros del fabricante alemán de piezas de automóviles Kromberg & Schuber desarrollaron escudos faciales utilizando tecnología de impresión en 3D. Basándose exclusivamente en las materias primas y el equipo existentes, la empresa pudo producir unas 30 piezas, todas las cuales donó al hospital regional de Beja.

Asimismo, la Fundación Orange de Francia, en colaboración con el Ministerio de Salud, prestó apoyo a seis FabLabs Solidarios de Túnez, Sfax y Gabès para la producción de pantallas faciales para el personal del hospital, creadas con máquinas de corte por láser.

Marruecos también estaba en condiciones de aprovechar sus actuales ventajas industriales. Al igual que en Túnez, el sector textil -que representa el 15% del PIB industrial- ha resultado ser especialmente decisivo, ya que muchas empresas se dedican a la fabricación de máscaras.

Paralelamente, la unidad industrial de Lamatem en Berrechid - inaugurada en octubre y especializada en textiles médicos - se comprometió a satisfacer las necesidades de equipamiento médico del sistema de salud del Estado.

Encabezadas por ingenieros y empresarios, iniciativas como ésta están a la vanguardia de un nuevo enfoque, cada vez más extendido, para mejorar la capacidad industrial nacional. Si bien su alcance puede ser limitado, demuestran que las economías emergentes pueden ser más autosuficientes en lo que respecta a ciertos productos esenciales.

¿Mejorar la colaboración regional?

Si bien el Magreb no se ha caracterizado tradicionalmente por una fuerte colaboración intrarregional, algunas iniciativas que han surgido de la pandemia -en particular en el ámbito de la innovación digital- pueden apuntar a un futuro más interconectado.

Por ejemplo, en un proyecto coordinado por la Maghreb Startup Network, LaStartupFactory (Marruecos), IncubMe (Argelia) y EY Túnez se organizó el Covid-19 Maghreb Bootcamp, que se celebró íntegramente en línea a finales de junio.

Los participantes elaboraron enfoques digitales para la gestión de la COVID-19, y se seleccionaron cuatro proyectos como ganadores.

Uno de ellos fue la empresa de arranque libia Speetar, que está desarrollando una plataforma digital para conectar a los pacientes con los médicos, asegurando que las personas de zonas remotas reciban atención médica. Otro ejemplo es el de Makelti, de Argelia, con una aplicación que tiene por objeto reducir el desperdicio de alimentos en los comedores institucionales permitiendo a la gente reservar su comida con un día de antelación.

Si bien aún quedan por resolver cuestiones relativas a las TIC en toda la región -entre ellas el acceso limitado a Internet- iniciativas como éstas indican que después de la COVID-19 podría surgir un ecosistema regional más conectado y colaborativo.