PUBLICIDAD

Marruecos

“La democracia ha sido desafiada, el modelo y su legitimidad está en juego”

La Fundación Friedrich Naumann analiza el repliegue de la democracia liberal en detrimento de los regímenes autoritarios capitaneados por la China de Xi Jinping y la Rusia de Vladímir Putin
Fundación Friedrich Naumann

PHOTO/ATALAYAR/GUILLERMO LÓPEZ  -   Fundación Friedrich Naumann

La invasión de Rusia sobre Ucrania ordenada por el presidente ruso Vladímir Putin el pasado 24 de febrero parece haber acelerado el proceso de descomposición del multilateralismo. Emerge en su lugar un nuevo orden internacional marcado por el paulatino retroceso de la democracia liberal en detrimento del autoritarismo, dos modelos visiblemente enfrentados a escala global. El ejemplo a seguir en este escenario es el que encarnan China y Rusia, dos regímenes similares, pero al mismo tiempo diferentes que, hasta la guerra en Ucrania, han competido por la hegemonía, con más éxito en el caso chino.

Para profundizar en el modelo alternativo a la democracia liberal que representa en la actualidad el eje Pekín-Moscú, la Fundación Friedrich Naumann organizó el miércoles en la quinta de las torres de Madrid, en las aulas de IE University, una conferencia donde también se discutió el rol a largo plazo de la Unión Europea y de qué manera podría Occidente contener una hipotética invasión de China sobre Taiwán, que seguiría el mismo ‘modus operandi’ desplegado por Putin en el Viejo Continente.

Fundación Friedrich Naumann

La organización alemana de orientación liberal convocó para la ocasión a tres reconocidos expertos en sus respectivos ámbitos de estudio y, además, a una representante diplomática del Báltico en un momento en que la región observa con detenimiento la evolución de Ucrania, a cuyo Gobierno ha apoyado en bloque y de forma decidida, como el resto de los Veintisiete, ya que también se encuentra en el punto de mira de un Kremlin beligerante.

El presidente de IE University, Manuel Muñiz, compartió mesa de análisis con la economista Alicia García-Herrero, experta en Asia, y con la embajadora de Estonia en España, Mariin Ratnik. El coloquio estuvo moderado por Alexander Görlach, profesor del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford y autor de “Homo Empathicus. Sobre chivos expiatorios, populistas y cómo salvar la democracia”.

Fundación Friedrich Naumann

El jefe de la oficina de la fundación Friedrich Naumann en España, David Hennenberger, introdujo el panel y realizó algunas observaciones iniciales. La organización se ha visto obligada a mover su oficina de Hong Kong hasta Taipéi, expuso Hennenberger, una problemática relacionada con el retroceso democrático que atraviesa este enclave precisamente como consecuencia de las presiones políticas de Pekín. Naumann contaba además con sedes en Ucrania, que se han visto afectadas como resultado de la invasión. “Es algo que inevitablemente va a influir a nuestras vidas”, subrayó.

En cuanto al eje Pekín-Moscú, Hennenberger apuntó que se trata de dos modelos difícilmente comparables, pero añadió que ambos comparten tendencias comunes que no deben ser pasadas por alto. Görlach recordó a colación la presencia de Putin en China con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno, donde quedó firmada una asociación estratégica con su homólogo Xi Jinping, quien, con toda probabilidad, recibió entonces la confirmación de los planes para invadir Ucrania.

Fundación Friedrich Naumann

“La invasión tuvo objetivos ambiciosos –reconoce Muñiz– la prueba de ello son las intenciones de decapitar al Gobierno ucraniano”. “No hemos visto una agresión de ese calado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. No somos conscientes, pero Zelenski habría podido huir, lo que habría provocado un escenario radicalmente opuesto al actual”, recuerda el director de IE University antes de compartir una anécdota reveladora con la audiencia: “Cuando estuve en la Conferencia de Seguridad de Múnich, escuché el intercambio de información de inteligencia, y he de decir que jamás había visto información de inteligencia tan precisa y compartida a ese nivel”.

“China y Rusia han venido caminando juntas desde hace unos años”, destacó García-Herrero. “Especialmente desde la invasión rusa de Crimea, Moscú ha venido acercándose hacia Pekín. De hecho, solo Pakistán se ha aproximado más a la órbita de China que Rusia en los últimos años”, reveló la economista, que atribuye el acercamiento entre ambos a la idea de dar una respuesta común contra Occidente. Desde 2014, Rusia ha sido para China un instrumento para aproximarse a sus intereses.

Fundación Friedrich Naumann

“Los dos cuentan con un objetivo coincidente: cambiar el orden global”, sentenció García-Herrero. Así lo han venido demostrando en los últimos años con la creación de organizaciones e instituciones paralelas, además de otras acciones diplomáticas y comerciales en diversas regiones, destinadas en su conjunto a tejer un modelo alternativo al que ofrece Estados Unidos y el resto de Occidente. China ha sido, en este sentido, mucho más eficaz, y las quinielas le sitúan como líder global para 2030.

“Los avisos de Washington arrebataron la narrativa de la guerra a Moscú desde el primer momento”, sostuvo Muñiz sobre la guerra en Ucrania. El caso es que la situación “ha colocado a China en una posición favorable”, respondió la embajadora estonia. “Con Occidente gastando recursos y evitando posicionarse en el Indo-Pacífico gana Pekín, aunque la demostración de fuerza de Europa con unidad y la rapidez en la toma de decisiones, con el envío de armas y la imposición de sanciones, ha sorprendido al régimen de Xi Jinping”.

Fundación Friedrich Naumann

Ratnik aseguró que el eje Pekín-Moscú es un matrimonio de necesidad y no de amor, y que Occidente no debe tender hacia Rusia de nuevo, aunque en algunos momentos del pasado las relaciones hayan podido ser fructíferas, porque el régimen de Putin se ha destapado como un socio poco fiable y agresivo. En este sentido, García-Herrero puso de relieve que Rusia puede acabar convirtiéndose en un lastre para las ambiciones de China: “Hablamos de un país cuyo modelo económico ha fracasado y que resulta difícil de mantener para Pekín”.

La pregunta es: ¿qué ocurrirá si China decide cerrar filas con Rusia? Muñiz lo tuvo claro: “Estaríamos en un escenario diametralmente opuesto. Una reedición de la Guerra Fría en otros términos. Un combate entre autocracia y democracia”. “Creo que los chinos están incómodos en esta posición –apostó el director de IE University– y, sobre todo, con las consecuencias económicas y comerciales de la guerra. Asistimos a un retroceso de la globalización. Viviremos en un mundo menos globalizado”.

García-Herrero dio algunas claves: “China tiene miedo a un posible bloqueo comercial a su industria tecnológica, sobre todo en lo relacionado con su industria de semiconductores”. En un escenario donde Pekín respaldara la agresión del Kremlin, Occidente podría imponer un régimen de sanciones contra su economía, por lo que el ambicioso proyecto de la Ruta de la Seda podría acabar sufriendo las consecuencias. Este es, quizá, uno de los últimos diques de contención que impiden a Xi Jinping abandonar su parcial ambigüedad, aunque “un choque económico frontal con China sería un ‘shock’ para Occidente”, destacó Muñiz.

Fundación Friedrich Naumann

Lo que está en juego, expuso el director de IE University, es un sistema mundial basado en el Estado de derecho, el respeto de la soberanía y la prevalencia de la legalidad internacional. “En Rusia un pequeño grupo controla las riquezas del país. En China el Partido Comunista (PCCh) está consolidado y controla un sistema mucho más sofisticado. El aparato es enorme, y no está tan expuesto como en Rusia”. Los retos son diferentes.

“La democracia ha sido desafiada, el modelo y su legitimidad está en juego. Vivimos quizá el ambiente más hostil contra la democracia, porque esta hostilidad surge incluso en el seno de las propias democracias”, expuso Muñiz. “¿Cuál habría sido nuestra conversación si Marine Le Pen hubiera ganado las presidenciales en Francia? Vamos a estar hablando de esta problemática en política internacional durante los próximos 20 o 30 años”.