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La guerra híbrida, un reto para Occidente

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Lucas Martín

No deja de producir asombro con qué facilidad olvidamos situaciones, conflictos o problemas en torno a lo que hace solo unos días parecía girar el mundo. Lo rápido que esos eventos pasan a la interminable lista de “conflictos olvidados”.

 Extrañamente pocos parecen ya recordar un enfrentamiento que se está desarrollando a las puertas de Europa y cuyo último episodio trascendente tuvo lugar hace pocos días, materializado en las elecciones presidenciales del 31 de marzo en Ucrania.

Otros escenarios han sido y siguen siendo portada: el DAESH cuando estaba en su apogeo, o ahora que se proclama a los cuatro vientos su derrota (mejor sería limitarse a hablar de la pérdida de control de territorio en Irak); Venezuela, o lo que parecen los síntomas de una nueva “primavera árabe” iniciada con los acontecimientos en Argelia, algo que  no deberíamos de perder de vista por las profundas consecuencias que puede tener para todo el norte de África y por ende para España. 

Pero este no es el objeto de estas líneas. Sólo es una reflexión a cuán corta es nuestra memoria.

Volviendo al conflicto de Ucrania, estoy seguro de que no a pocos sorprendería saber que los combates no han cesado ni un sólo día desde el momento en que este asunto desapareció de los medios de comunicación. El conflicto sigue vivo, activo, y sus consecuencias siguen siendo imprevisibles por las implicaciones que tiene en las relaciones entre Europa y Rusia y por su relación con otros elementos de fricción latentes, como son la situación de las republicas bálticas, la expansión de la OTAN, el enclave de Kaliningrado o la política rusa en al Ártico. Asuntos todos ellos de los que con seguridad oiremos hablar a medio plazo, siendo entre todos de especial interés el referente al Ártico y al que dedicaremos varios espacios próximamente.

Con la ocupación de Crimea y los sucesos de Ucrania en 2014 y 2015 se puso en evidencia que una nueva forma de hacer la guerra se había materializado. Fue lo que podríamos llamar la presentación en sociedad de lo que se ha venido en llamar la “guerra híbrida”. Un concepto desarrollado y puesto en práctica por Rusia con asombrosa eficacia. Tanto es así que el éxito de la operación de Crimea le llevó a iniciar las fases iniciales de esa nueva forma de operar en las repúblicas bálticas e incluso Polonia, obligando a la OTAN a replantearse su estrategia y a redesplegar fuerzas en su flanco este.

Por todo ello voy a comenzar tratando de arrojar algo de luz sobre el nuevo tipo de guerra al que nos enfrentamos.

Cuando nos referimos a Rusia no podemos olvidar que se trata de una cultura sustancialmente diferente a la nuestra, un país cuya evolución histórica ha ido conformando una visión del mundo y de la política bastante alejada de la occidental.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que lo político y lo militar van íntimamente unido y que habitualmente, en su visión estratégica, ambas líneas de acción se entremezclan sin ambages y sin los complejos o reticencias que podemos encontrar en Europa occidental.

Por ello es preciso comenzar fijando la mirada en el pensamiento militar ruso, cuyo concepto del fenómeno la guerra ha sufrido una gran evolución tomando como punto de partida los acontecimientos de la primera década del siglo XX hasta la actualidad fruto de las experiencias de  la era soviética combinadas con las aportaciones de brillantes teóricos militares.

El concepto ruso sobre la guerra moderna contempla el empleo de una síntesis de todos los recursos nacionales, y ésta es dirigida desde el nuevo Mando Central en Moscú donde todas las autoridades civiles e instituciones necesarias quedarían subordinadas al General de Ejército Valerij Gerasimov, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas en situación de crisis o guerra,

Esta teoría militar y la percepción de la guerra que se desprende de la misma es totalmente diferente del que tenemos en occidente y, en cierto modo, bajo nuestro punto de vista, es desafiante cuando no amenazador. Para Rusia la guerra se basa en sus intereses nacionales, su posición geopolítica, histórica y cultural.

La guerra implica recursos tanto civiles como militares y, en la nueva concepción de guerra moderna, las primeras fases de un conflicto se centran en objetivos civiles “blandos” y “duros” de la sociedad del adversario. Tanto es así que en la Doctrina militar rusa de diciembre de 2014 las operaciones de información (INFOOPS) y las operaciones psicológicas son descritas como posibles amenazas.

Ya en su día, los teóricos militares soviéticos compartían el profundo convencimiento de que la influencia de la ciencia y la tecnología eran fundamentales para el éxito de las operaciones militares. Ambas ayudaban a generar productos y sistemas que directamente tenían un efecto sobre los escenarios, amenazas y capacidades militares, llegando a influir en estos y modificarlos.

La coordinación de los recursos civiles de Rusia con sus capacidades militares es un perfecto ejemplo de como ciertos cambios inesperados tienen influencia en los objetivos militares rusos, sus medios y métodos. Este modelo de desarrollo se sucede en paralelo en los niveles político, estratégico, operacional y táctico.

El teórico militar ruso Sliptjenko desarrolló en 1999 su teoría sobre la “Guerra de Sexta Generación”, según la cual esta nueva modalidad tiene tres objetivos principales: la derrota militar del enemigo en su propio territorio; la destrucción de su actividad económica y su potencial industrial; y subvertir o cambiar el sistema político del oponente. El fin de todo lo anterior no es otro que atacar el liderazgo militar y político para alcanzar lo más rápidamente posible los objetivos políticos y militares estratégicos marcados.

El empleo de una gran variedad de capacidades se optimiza para conseguir efectos al más alto nivel posible. Métodos indirectos y asimétricos se emplean según evolucione la operación para identificar e influenciar del modo más efectivo posible en los puntos débiles del enemigo, tanto en la preparación como durante la conducción de las operaciones. 

En este nuevo tipo de conflicto, la guerra no se detiene, simplemente se desencadena y evoluciona de un modo continuo desde la fase de preparación, variando en intensidad y modificando progresivamente su centro de gravedad. Los medios militares estratégicos adecuados se empeñan para crear una situación estratégica favorable y un entorno operacional permisivo. El estado final deseado es una sociedad debilitada, desestabilizada y aislada.

Para ello, en primer lugar, el ataque inicial se lleva a cabo con una combinación de guerra sicológica, operaciones de información (INFOOPS), y mediante el empleo de elementos que ejerzan su influencia en la misma. Una vez creada la situación que se estima favorable se desencadenan ataques coordinados empleando unidades de operaciones especiales previamente infiltradas, milicias adeptas armadas por esas mismas unidades de operaciones especiales y empleando sistemas de armas remotos en toda la profundidad del territorio enemigo. En los conflictos de sexta generación las diferentes fases descritas anteriormente se desarrollan secuencialmente y en paralelo.

Los líderes políticos, infraestructuras vitales, instituciones regionales y la infraestructura militar serán neutralizados o destruidos en la medida de lo posible en toda el área operacional.

Este nuevo tipo de conflicto ha sufrido una rápida evolución y está basado en el pensamiento teórico militar soviético desarrollado entre los años 20 del pasado siglo y finales de la década de los 80.

El concepto de guerra híbrida apareció con fuerza hace unos diez años, limitado al nivel táctico a escenarios de guerra irregular o asimétricos y desarrollándose con fuerza. Pero este ha evolucionado y ha tomado una naturaleza más operacional e incluso estratégica, incluyendo factores económicos y políticos entre otros. El camino del pensamiento estratégico ruso está marcado por el desarrollo socioeconómico del país, la estrategia de seguridad nacional, los conceptos de su política exterior, la estrategia de desarrollo de la región ártica rusa y la política de seguridad hasta 2020.

La aspiración rusa es un mundo multipolar con varios centros de poder regionales en lugar de la configuración actual con una sola potencia militar, económica y política dominante. En el escenario actual, la mayor amenaza para Rusia continúa siendo la OTAN y EEUU. A los ojos de Rusia, la expansión de la Alianza hacia áreas más cercanas de sus fronteras de lo deseable es un problema especialmente preocupante.

La Doctrina Militar de la Federación Rusa de 2014, describe las características de los conflictos militares actuales. El documento bebe de estudios previos y cómo no, tiene elementos comunes con el Plan de defensa de 2013. Las conclusiones a las que llega a la hora de establecer esas características describen básicamente la “Doctrina Gerasimov”, y se asientan en el concepto de “Guerra de sexta generación” con una clara adaptación al momento actual.

Otro “teórico”, el General Alexander Vladimirov, en su libro “Teoría General de la Guerra”, afirma que la fase o periodo de enfrentamiento armado propiamente dicho, en este nuevo concepto de guerra, toma menos importancia o reduce su duración. Esto de debe a que en a la “Guerra Híbrida” representa la culminación de las operaciones de ataque, que han sido precedidas de acciones de diversión contra la sociedad civil de la nación objetivo, su liderazgo político, su población y por operaciones de información y guerra psicológica.

Las actuaciones se llevan a cabo en varios niveles de profundidad y pueden ser rápidamente redirigidas en términos geográficos de distancia y dirección. Vladimirov ya adelantaba en su obra un incremento y mayor desarrollo de armas de precisión, de armas no letales y de todo tipo de vehículos y aeronaves no tripulados, autónomos y armados.

El texto hace una interesantísima reflexión al hablar de la evolución desde la clásica y clara diferencia entre la situación de guerra o paz hacia un estado permanente de guerra como algo consustancial a la existencia de las naciones. Esa anterior clara frontera entre guerra y paz se diluye en un estado de transición lleno de inseguridad y de miedo a la propia guerra.

Continúa enumerando tres aspectos característicos de esta “guerra total permanente”.

-       Un cambio de los conflictos por el territorio hacia la guerra por la propia naturaleza existencial.

-       La transición de un tipo de guerra donde se busca la destrucción y aniquilación física del enemigo al esfuerzo por buscar influenciar en la política, cultura y economía de este.

-       Y por último la evolución del enfrentamiento militar directo a una guerra de “no contacto”.

La Guerra existencial significa que los objetivos de la guerra ya no son la conquista física de un territorio, de un lugar específico. La estrategia ya no consiste en la destrucción, intimidación o aniquilación. Por ello, el uso de la fuerza militar directa ya no es el método más importante para ser empleado contra otros elementos militares.

La estrategia se transforma en el uso de otros métodos indirectos cuyo objetivo es crear un “caos organizado”. Todo ello nos lleva a otro concepto, “la guerra cultural”, que no consiste sino en crear corrientes de influencia política, económica y cultural. Para ello se necesitan medios o vías que proporcionen influencia directa sobre las figuras o estamentos del oponente escogidas como objetivo (políticos, grupos de influencia, mandos militares, sectores de población…), para llegar a provocar un colapso interno, o al menos una situación de inestabilidad.

 Es la combinación de esa “guerra cultural”, que debe ser muy proactiva, a través de medios de comunicación, redes sociales y agentes de influencia, junto con operaciones en profundidad, llevadas a cabo por unidades de operaciones especiales, el uso de proxys o fuerzas afines irregulares y la búsqueda de una confrontación sobre la existencia misma de la guerra a través de operaciones psicológicas, lo que conforma el concepto de guerra de sexta generación o como lo conocemos hoy día, guerra hibrida. Una guerra casi sin contacto directo entre los oponentes, en la que se usan elementos remotos que reducen al mínimo, o buscan reducir al mínimo los enfrentamientos directos. Eso sí, este tipo de conflicto requiere una labor de estudio e inteligencia previa sobre el enemigo en su conjunto, su sociedad, su historia, su cultura, su sistema político y económico, muy superior al necesario para un conflicto más convencional. Todo con la finalidad de identificar muy bien y de un modo extremadamente preciso los objetivos sobre los que actuar o influir de un modo u otro. El periodo de preparación es infinitamente mayor.

Según Vladimirov, la guerra es conducida en territorio enemigo usando operaciones de subversión y de diversión que son complementadas con ataques a distancia por tierra mar y aire en incluso desde el espacio cuando las condiciones estratégicas y operacionales son favorables.

En resumen, esta “guerra de bajo contacto” se interpreta como una forma de hacer la guerra usando elementos técnicos, actores y métodos que reduzcan al mínimo posible el enfrentamiento directo. Por tanto, la guerra contra un oponente debe entenderse como una guerra total y continua con varios grados de intensidad siguiendo varias líneas de operaciones simultaneas.

Y este es el futuro, o mejor dicho, el presente. Es a esto a lo que nos enfrentamos. Esta nueva forma de entender la guerra es una realidad aplicada no solo por Estados, sino por organizaciones como puede ser el Daesh. Evidentemente sin disponer de los mismos recursos, y con notables diferencias, pero la raíz de sus acciones comienza a basarse en los nuevos parámetros.

Una nueva situación que hace muy difícil concretar el momento en que comienza un conflicto bélico, pues ya no podemos centrar este en el simple enfrentamiento de dos ejércitos, y que nos lleva a nuevos planteamientos y a complicados retos, sobre todo en el plano de la inteligencia, pues ante esta nueva realidad toma un protagonismo inusitado como factor clave para identificar los indicadores que nos sitúan ante un conflicto. El espectro es muy amplio, y en cierto modo, todos hemos interpretado erróneamente y en ciertos casos incluso menospreciado las capacidades en intenciones del concepto militar ruso.

La anexión de Crimea y el vigente conflicto del Donbas abrieron los ojos a algunos, pero parece que hemos vuelto a desenfocar la mirada, y más pronto que tarde habremos de asistir a situaciones similares. Rusia tiene muy claros sus objetivos, busca afianzar su papel en el mundo y hasta el momento han demostrado que tienen la capacidad y la intención de poner en práctica las teorías descritas. No es cuestión de si volverá a hacerlo, es cuestión de determinar donde y cuando.

BIBLIOGRAFÍA

.- Peter A. Mattsson. Swedish National Defense College. 2015 “Russian Military thinking – A new generation of warfare” Journal on Baltic Security Vol 1

.- Gerasimov, V. 2013. “The value of Science is in the Foresight: New Challenges Demand Rethinking the Forms and Methods of Carrying out Combat Operations”, Promyshlennyy Kuryer Online Voyenno online

.- Kissinguer, H. 2014. “World Order. Reflections on the Character of Nations and the Course of History”, Londres:Penguin Books

.- Chekinov, S.G., Bogdanov, S, A. 2014 “Initial Periods of Wars and their Impact on a Country´s preparation for a Future War”. Military thought nº1

.- The Militay Doctrine of the Russian Federation 2014

.- Slipchenco, Vladimir. 1999. “Voyny budushchego – Shestoye pokoleniye”. Moskva: Nonogovernmental Science Foundation.