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La interdependencia como arma en la era de la no paz: fracaso en Ucrania y peligro en Taiwán

La guerra abierta entre grandes potencias es posible si las pocas certezas disponibles no se consideran
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Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace.

La interdependencia no ha promovido la democratización en China (RPC), no ha modulado su revisionismo, ni ha reducido las posibilidades de conflicto en su entorno. En oposición a lo generalmente esperado, el aumento de las interrelaciones con la República Popular China ha propiciado una era de no paz.

La interdependencia del mundo con la RPC ha permitido que esta última amplíe el campo de batalla hasta expandirlo tanto como para no ser necesarias las batallas decisivas. La futura supremacía no necesariamente se dilucidará en una batalla aeronaval en el mar del Sur de China o en el estrecho de Taiwán. No obstante, pensar que la guerra se puede evitar es considerarla una posibilidad.

Las tensiones acumuladas aumentan el riesgo de que Pekín pueda intentar bloquear o invadir Taiwán en un futuro próximo. La sensación de urgencia se percibe tanto a uno como a otro lado del estrecho de Taiwán y genera una corriente peligrosa de apremiante desconfianza.

La dinámica de la competencia entre las grandes potencias es volátil y ambigua. Los actores internacionales disponen de muy pocas certezas y, precisamente, esa escasez aumenta su valor, aunque nuestra relación con ellas sea incomoda.

Las barreras entre la seguridad nacional y los negocios se han disuelto

Durante décadas, Edward Luttwak ha sido un pensador estratégico políticamente incorrecto. No pocas de sus consideraciones, reflexiones y propuestas, inicialmente incomodas, desestabilizadoras y controvertidas, se han adelantado a su tiempo. En 1990, Luttwak puso en circulación el concepto de «geoeconomía» en su famoso ensayo «From geopolitics to geoeconomics: Logic of conflict, grammar of commerce»1. Merece la pena destacar algunas viejas ideas de este artículo, interesantes para comprender mejor el juego de poder entre las grandes potencias de hoy.

La primera idea es que los métodos comerciales desplazan a los métodos militares; ahora bien, sin cambiar la lógica del conflicto, que permanece. El conflicto permanece porque cada potencia sigue persiguiendo obtener ventajas relativas frente a las demás, aunque sea por medios distintos de la fuerza. Por tanto, lo que podemos esperar es que las guerras persistan, aunque sean adoptando la forma de la rivalidad económica.

La segunda idea es que la propia sociedad influye en el gobierno a la hora de adoptar estrategias más o menos marcadas por una orientación geoeconómica. La relación entre las empresas y el Estado, por un lado, y el ciudadano y el Estado, por otro, es fundamental para definir el potencial de actuación geoeconómico de un actor internacional. Consecuentemente, las sociedades más abiertas y liberales tendrán más dificultades para imponer una política de poder sustentada por el dominio de la economía, porque afectaría a la libertad de empresa y de mercado, dañando el libre comercio.

La tercera idea es que la actividad geoeconómica del Estado se convertirá en un punto focal del debate político y la controversia partidista, situación que provocará tensiones ideológicas e intelectuales dentro de las propias sociedades democráticas, enfrentando a las élites y a los ciudadanos respecto a la relación que debe establecerse entre seguridad y economía.

Sorprendentemente, en 1990 Luttwak anticipaba cuestiones a las que se enfrentan los Estados Unidos de América y la Unión Europea desde hace quince años, y más ahora, con la guerra de Ucrania y el gradual incremento de la tensión en Taiwán.

El problema para las democracias liberales reside en que no están diseñadas para ejercer una dirección planificada integral de su economía a largo plazo con el propósito de alcanzar una posición de poder global. Las sociedades libres no aceptan subordinar la economía nacional a los objetivos estratégicos, excepto durante un más o menos breve estado de excepción. Sin embargo, China y Rusia pueden hacerlo con mucha facilidad y más margen.

El ascenso de China y los cambios en la distribución del poder global que ha provocado confirman las consideraciones de Luttwak. El poder político, diplomático y económico puede utilizarse y será utilizado como un modo estratégico preferente en el cambio geopolítico. La geoeconomía inspira la geoestrategia china, que utiliza todos los resortes del poder nacional —hasta ahora evitando la guerra abierta— para subvertir desde dentro el sistema de gobernanza global donde compiten los Estados y, de esta forma, facilitar la consecución de sus objetivos fundamentales.

La geoeconomía renueva la guerra política entre los grandes competidores geopolíticos y se convierte así en una práctica constante en el espacio de interrelación, donde cualquier vínculo puede utilizarse como arma y donde los campos de interdependencia son espacios de disputa en una zona gris llena de matices. Es evidente desde la crisis de 2008 que la fórmula del desafío geoeconómico es la adoptada por las potencias revisionistas contra las potencias dominantes: los Estados Unidos y sus aliados.

Con la crisis financiera de 2008, de la cual China salió reforzada, debería haberse empezado a pensar que los buenos tiempos se habían acabado y que no había más margen para la complacencia. La crisis de 2008 desacreditó la confianza en el sistema de mercado desregulado y progresivamente ha debilitado la confianza en las propuestas optimistas más liberales. China empezó a estar convencida de que su momento estaba llegado y de que lo inevitable terminaría produciéndose, solo sería cuestión de dejar pasar alguna década.

China ha ido vaciando de capacidades industriales, científicas y técnicas a Occidente, coartando gran parte de las ventajas competitivas de sus empresas. La estructura de producción china ha absorbido la mayor parte de la industria básica de Occidente y también de la más avanzada, sabiendo dirigir sus incentivos para desplazarlas. Una vez consolidado este proceso, China ha comenzado a apuntar más alto con el propósito de ganar ventaja en los sectores tecnológicos punteros de la cuarta revolución industrial.

Pensar lo impensable es un incómodo ejercicio en la mayoría de las ocasiones. Pensar lo impensable obliga a tomar decisiones con un alto coste. Pensar lo impensable es cuestionar la permanencia del «business as usual».

Erasmo de Rotterdam, cuando elogia la estulticia, nos advierte de que no hay nada más inoportuno que una verdad a destiempo. Normalmente, cuando en los sistemas democráticos se pone en marcha un periodo electoral, la verdad incómoda necesita maquillaje y peluquería. El permanente escrutinio dificulta, incluso en los tiempos políticos ordinarios, mirar más allá de lo cotidiano. Por lo tanto, pensar lo impensable es indecente hasta que lo impensable llega a ser una realidad incontestable que nos impone un castigo cierto y el sentido de urgencia.

Reconocer la nueva situación en 2008 implicaba pensar lo impensable: la globalización había ido demasiado lejos. La República Popular China había cabalgado las tendencias de la globalización según sus propias pautas autorreguladas. Contener el avance de China para alcanzar la condición de primera potencia del mundo suponía contener la globalización y, por lo tanto, desengancharse no solo de China, sino de un proceso de interdependencia global. Intentar parar a China era intentar parar el ritmo del mundo.

El coste de aceptar el desafió era muy alto para el establishment en Occidente. Dejar pasar el tiempo no favorecía la evolución de la posición de poder de las potencias occidentales, ni tampoco la de sus tejidos productivos, desarrollos científicos y tecnológicos y, menos aún, la del bienestar de la mayoría de sus trabajadores. Ahora bien, reconocer las tendencias imponía un giro ideológico, político y económico al que, por los efectos perjudiciales inmediatos, se resistían muchos, posiblemente incapacitados para entender los beneficios futuros. Los Estados Unidos —y Occidente en general— necesitan un ataque directo y demoledor como Pearl Harbor o el 11-S para movilizarse en respuesta, reacción que llegado el momento suele ser desmedida e inoportuna.

El sistema global, desde la crisis de 2008, se instaló en continuas disputas comerciales. Estados Unidos no dejaba de quejarse de las barreras chinas y no era el único que criticaba las malas prácticas del gigante asiático. La Organización Mundial del Comercio no hacía lo necesario para disciplinar el modelo chino de competencia. Incluso el presidente Obama, decidido defensor de las ventajas del libre comercio mundial, se vio obligado a imponer progresivamente medidas proteccionistas. Además, era urgente buscar una estrategia de salida en Oriente Medio.

La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de 2017 fue el primer documento donde claramente se identificaba la gravedad de la situación para el futuro del país como gran potencia2: «Los Estados Unidos responderán a la creciente competición política, económica y militar que enfrentamos en el mundo»3. De repente, lo impensable cambiaba de categoría.

China y Rusia estaban desafiando el poder, la influencia y el interés de los Estados Unidos erosionando su seguridad y prosperidad. Necesariamente había que cambiar los patrones que tantos beneficios habían otorgado a grandes empresas estadounidenses y europeas. La guerra comercial del presidente Trump fue el comienzo de una nueva forma de entender la situación. El desacoplamiento de la globalización había comenzado.

La COVID-19 ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de Occidente por su excesiva dependencia de la producción industrial china. Lo hemos visto y sufrido durante mucho tiempo. La crisis de las mascarillas durante la primera fase de la pandemia es difícil de olvidar. El mayor y a veces único proveedor mundial de los ingredientes activos de algunos medicamentos vitales es China. Alrededor del 80 % de los productos farmacéuticos vendidos en los Estados Unidos se producen en China. China no solo es el proveedor mundial dominante de productos farmacéuticos, sino que también lo es de dispositivos médicos, como, por ejemplo, los respiradores artificiales4.

La centralización de la cadena mundial de suministro de medicamentos en un solo país, sea cual sea, la hace vulnerable a la interrupción, ya sea por error o por diseño. China podría utilizar esta dependencia como arma. Si China cerrara la puerta a las exportaciones de medicamentos, los hospitales y las clínicas en Occidente dejarían de funcionar en pocas semanas.

Gary Cohn, asesor jefe de asuntos económicos del presidente Trump, se opuso desde el principio a la guerra comercial contra China, argumentando que un estudio del Departamento de Comercio establecía que el 97 % de los antibióticos utilizados en los Estados Unidos procedían de allí: «Si fuésemos los chinos y quisiéramos realmente destruir a los Estados Unidos, sería suficiente con cerrar el suministro de antibióticos»5.

China se ha convertido en la mayor fuente de importaciones de todas las regiones económicas centrales. Y, lo más importante, en muchas de estas importaciones es el productor dominante. La fábrica del mundo es China y todo lo que pueda decidir se traslada de forma inmediata y multiplicada a las economías más avanzadas, con las que compite por el dominio tecnológico.

La seguridad del abastecimiento y la defensa de la propia producción son nuevos componentes imprescindibles para el rediseño de una estructura económica equilibrada que garantice la autonomía nacional y regional frente a posibles amenazas provocadas por la interrupción de los suministros o por la excesiva dependencia de un solo país.

La competencia entre grandes potencias está reconfigurando la estrategia empresarial. Las compañías buscan más seguridad: aspiran a que sus operaciones sean más sólidas frente a los choques externos y trasladan la producción más cerca de casa. Con la llegada de la COVID-19, muchos han tomado conciencia de que las barreras entre la seguridad nacional y los negocios se han disuelto.

«Weaponization of interdependence»

En su libro The Age of Unpeace: How Connectivity Causes Conflict, Mark Leonard afirma que lo imprevisto ha llegado6. Los flujos de la globalización durante mucho tiempo se interpretaron como mecanismos eficaces para reforzar las relaciones pacíficas, la ampliación del libre mercado y el desarrollo democrático en países iliberales o totalitarios.

Ahora se han convertido en un grave peligro para la estabilidad, el orden basado en reglas y la ampliación de los espacios de paz y libertad.

La interdependencia no ha promovido la democratización en China, no ha modulado su revisionismo ni ha reducido las posibilidades de conflicto en su entorno. En oposición a lo generalmente esperado, el aumento de las interrelaciones con la RPC ha propiciado una era de la no paz, donde la línea entre la guerra y la paz es cada vez más difusa. «En lugar de eliminar las tensiones, la conectividad ofrece nuevos medios para competir y entrar en conflicto»7.

Los nuevos campos de batalla de las guerras sin guerra serán las zonas del mundo más sólidamente interconectadas donde no exista una potencia rectora reconocida. También Mark Galeotti sostiene esta idea en su nuevo libro The Weaponisation of Everything: A Field Guide to the New Way of War8.

La interdependencia del mundo con la RPC ha permitido al Partido Comunista Chino ampliar el campo de batalla hasta desplazarlo tanto como para que no sean necesarias las batallas decisivas protagonizadas por grandes ejércitos y armadas. La futura supremacía no se dilucidará en una batalla aeronaval en el mar del Sur de China o en el estrecho de Taiwán. La RPC aspira, con su guerra política, a convertir el desarrollo científico y tecnológico junto con el control de las cadenas de producción y suministros en el centro de gravedad de la disputa entre grandes potencias, explotando las vulnerabilidades del sistema. El modelo chino se podría calificar en inglés como
«weaponization of interdependence».

Los esfuerzos por desacoplar la economía estadounidense de la República Popular China han conseguido en poco tiempo algunos resultados. El primero y más importante es poner en cuestión el modelo de globalización. Sin embargo, la balanza comercial de Estados Unidos con China en 2021 sigue acumulando un déficit de 355.000 millones de dólares. La guerra comercial contra la RPC ha reducido el déficit comercial en solo algo más del 15 %9 y las reservas chinas en dólares se han reducido en un 18 %10. El desacople de las economías de las grandes potencias es una tendencia, pero su ritmo de avance no puede ser vertiginoso porque provocaría el desabastecimiento y el contagio de la parálisis de las empresas a todo el sistema productivo.

El necesario desenganche controlado invita a pensar que el peso de los componentes geoeconómicos y geotecnológicos tendrá tanta influencia como para permitir una reconfiguración progresiva del actual modelo geopolítico sin necesidad de un enfrentamiento militar.

Sorprendentemente, no ha sucedido de esta manera en Europa. La interdependencia, especialmente energética, de Rusia y la Unión Europea no ha sido suficiente para evitar la guerra en Ucrania. La convicción de que los intereses económicos compartidos son suficiente para evitar una guerra de agresión ha entrado en crisis. La Unión Europea no ha dudado frente a la agresión rusa. Frente a una prueba difícil, con efectos graves sobre la economía, la unidad de los socios europeos se ha preservado. La infrecuente unanimidad se ha mantenido incluso cuando se podía fácilmente anticipar la crisis del modelo energético y productivo de los países europeos, especialmente de los más dependientes del gas y el petróleo ruso.

Para los Estados Unidos es muy fácil sobrellevar las sanciones a Rusia. Las relaciones comerciales y financieras de los Estados Unidos con Rusia son irrelevantes en comparación con las que mantiene con China. El corte de suministro de gas ruso a Europa hundirá la economía alemana, provocará estanflación en toda la UE y debilitará la posición del euro frente al dólar. Mientras tanto, la economía de los Estados Unidos no se verá prácticamente afectada; incluso su balanza comercial con el exterior podría mejorar por el aumento de la cotización del dólar. Sin necesidad de llegar a un enfrentamiento militar, la imposición de sanciones a China de la misma escala que las impuestas a Rusia por la invasión de Ucrania provocaría un seísmo económico mundial que arrastraría a los Estados Unidos a una crisis sin precedentes.

Los efectos de la guerra de Ucrania en Taiwán

No cabe duda de que la guerra en Ucrania afectará a las percepciones de la República Popular China, especialmente a las relacionadas con su seguridad y su proyecto de rejuvenecimiento nacional. La evolución del conflicto en Ucrania obligará a la RPC a revisar su estrategia en mar del Sur de China y especialmente en Taiwán. Por otra parte, el fortalecimiento de las relaciones entre Moscú y Pekín puede cristalizar en el peor de los escenarios para los Estados Unidos: una alianza geoestratégica de las dos grandes potencias de Eurasia.

En junio de 2022, el almirante John C. Aquilino, al frente del Comando del Indo-Pacífico de los Estados Unidos, en una intervención auspiciada por el think tank Foundation for Defense of Democracies, afirmó que el factor más preocupante de la guerra en Ucrania era que la República Popular China y Rusia mantienen una política de amistad sin límites que podría colocar al mundo en un momento extremadamente peligroso11.

Pocos días antes, el consejero de Seguridad Nacional del presidente Biden, Jake Sullivan, había sostenido que una respuesta insuficiente de Estados Unidos a la invasión rusa de Ucrania enviaría un mensaje a otros posibles agresores, incluida China, y los invitaría a hacer lo mismo12.

Han sido muchos los comentarios y análisis que han vinculado la guerra de Ucrania con una posible invasión de Taiwán. No hay razones para pensar que pueda existir una relación. En este contexto, Robert Gates, exsecretario de Defensa de Estados Unidos, señaló que la probabilidad de una invasión a gran escala de Taiwán es muy baja, pero advirtió que la evolución de la guerra en Ucrania podría favorecer una política más agresiva contra Taiwán de la República Popular China, que impulsaría acciones no militares con el objetivo de incrementar la influencia de Pekín sobre Taipéi13.

En cualquier caso, asumiendo incluso que el comentario de Robert Gates esté suficientemente fundado, lo cierto es que las dinámicas chinas no son fáciles de predecir, y en este momento menos. En el supuesto de que el renovado Politburó y el Comité Central del Partido que surjan del congreso de octubre de este 2022 llegaran al convencimiento por los hechos consumados de que su estrategia de ascenso e influencia progresiva ha dejado de ser adecuada para alcanzar posiciones favorables en lo que respecta a sus intereses vitales —especialmente el mar del Sur de China y Taiwán—, sin duda habría cambios de orientación.

La guerra de Ucrania puede invitar a la Comisión Militar Central a concluir que la invasión de Taiwán necesita moverse rápido, poniendo desde el principio en juego todo su poder militar. El propósito sería imponer la ocupación como un hecho consumado en cuestión de días. Ahora bien, la complejidad de la operación militar y los despliegues previos no podrían pasar desapercibidos. Sería una estupidez pensar en la posibilidad de sorprender estratégicamente a los Estados Unidos y sus aliados con una operación anfibia de la entidad necesaria para ocupar Taiwán.

No obstante, no sería imposible la sorpresa utilizando operaciones militares más limitadas y menos ambiciosas con la finalidad de aislar a Taiwán u ocupar alguna de sus islas en el mar del Sur de China. No es necesario pensar en un escenario de completo bloqueo. Una cuarentena gestionada dentro de un esfuerzo de legal warfare14 en la zona gris para demostrar un ejercicio de soberanía de facto sería suficiente para, paso a paso, ahogar la economía de la isla. La invasión de la importante isla de Taiping, la única de las Spratly en la que se ha descubierto agua, o de los archipiélagos taiwaneses de Matsu y Kinmen, situados a pocos kilómetros del continente, sería inmediata y no existiría posibilidad de reacción sin inducir una escalada.

La urgencia como problema

Xi Jinping no está dispuesto a posponer indefinidamente la integración de Taiwán. El proceso político anterior suponía la renovación del secretario general del Partido Comunista de China cada diez años, situación que permitía trasladar al líder sucesivo la misión histórica de la reunificación. Los cambios introducidos que permiten la renovación sin límites de los mandatos aumentan el peligro: Xi Jinping, inevitablemente, sentirá la tentación de identificar su liderazgo con el destino histórico de una China unificada15.

Por otra parte, en los Estados Unidos está surgiendo una sensación de urgencia respecto a las decisiones y acciones necesarias para evitar el asalto a Taiwán. El almirante estadounidense retirado Philip S. Davidson, comandante hasta el pasado año del Comando del Indo-Pacífico de los Estados Unidos, ha expuesto en varias ocasiones sus pronósticos, con el paso del tiempo cada vez más sombríos.

En 2021, el almirante Davidson, en su comparecencia en el Senado, apuntó una fecha a partir de la cual las Fuerzas Armadas del PCCh dispondrían de capacidad para invadir Taiwán. Creía que la amenaza se manifestaría durante esta década. De hecho, fue más concreto y señaló que a partir de 2027 el Ejército Popular de Liberación (EPL) estaría en condiciones de poner en marcha la ocupación. Sus declaraciones fueron recogidas por la prensa en todo el mundo16. La fecha no es casual.

En la sesión plenaria anual del PCCh de octubre de 2020 se estableció un nuevo hito. En agosto de 2027 se celebrará el centenario del EPL. Parece que los comunistas chinos se toman muy en serio los aniversarios, tanto como para relacionarlos con sus logros. El PCCh manifestó que quiere alcanzar la conmemoración del centenario de sus Fuerzas Armadas con la total modernización de sus capacidades militares para satisfacer las futuras necesidades de la defensa nacional. Xi Jinping subrayó que alcanzar el objetivo de modernización el día de la celebración del centenario de la fundación de las Fuerzas Armadas del Partido es una decisión relevante tomada por el Comité Central del PCCh y la Comisión Militar Central, y destacó su relación con la seguridad y el desarrollo general de China17. Esta decisión supone adelantar ocho años el calendario previsto en el 19.o Congreso Nacional del Partido Comunista de China, celebrado en 2017.

Poco más de un año después, el mismo Davidson rectificaba para afirmar: «Esta es la década de la preocupación, particularmente el período entre ahora y 2027. Hago esta evaluación debido a las asombrosas mejoras en las capacidades militares chinas, el calendario político de Xi Jinping y los desafíos económicos de largo alcance en el futuro de China»18. El peligro parece anticiparse a la finalización prevista del completo desarrollo militar chino.

La evidente sensación de urgencia en Estados Unidos se refleja claramente en las opiniones de algunos analistas. El 14 de septiembre de 2022, la revista Foreign Affairs publicó un artículo titulado «El tiempo se agota para defender Taiwán: ¿Por qué el Pentágono debe centrarse en la disuasión a corto plazo?». Uno de sus coautores es Michèle Flournoy, la mujer que ha ocupado un cargo de mayor responsabilidad en la historia del Departamento de Defensa19. Desde luego el artículo está escrito por personas muy bien informadas, porque anticipan algún detalle de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE) del presidente Biden. El contenido anticipado de la NSE pone en evidencia la perentoria necesidad de fortalecer aceleradamente la disuasión frente a la República Popular de China20. Los autores también destacan como posible la invasión de Taiwán en los próximos cinco años e identifican una ventana de oportunidad para la RPC entre 2024 y 2027.

Precisamente en 2024 se celebrarán las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, donde, si concurriera como candidato Donald Trump, la polarización podría ser una fuente de debilidad decisiva para el país. Xi puede decidir ocupar Taiwán porque entiende que los esfuerzos no militares para la reunificación han terminado su recorrido o porque cree que las posibilidades de éxito disminuirán si espera a que las capacidades militares de Estados Unidos terminen de desplegarse durante la próxima década21.

El peligro de la estridencia democrática

El mundo de la competición entre las grandes potencias alimenta una catarata de continuas noticias sorprendentes y preocupantes. La visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, provocó en los Estados Unidos un debate sobre su oportunidad. A pesar de contar con el apoyo mayoritario de la Cámara y obtener el respaldo tanto de representantes demócratas como republicanos, la Casa Blanca no dudó en expresar su malestar. El círculo republicano del expresidente Trump fue especialmente crítico con la decisión. Incluso el presidente Biden declaró que el Departamento de Defensa consideraba que el viaje a Taiwán no era «una buena idea en este momento»22.

El viaje a Formosa de la segunda persona en la línea de sucesión presidencial era comprometedor. En el último cuarto de siglo, no había visitado Taiwán un representante político estadounidense tan relevante. Además, Nancy Pelosi, desde la masacre de Tiananmen en 1989, ha destacado por ser especialmente beligerante con las violaciones de los derechos humanos en la República Popular China. La China continental no esperaba ninguna palabra cortés de una activista, presidenta de la Cámara, que durante treinta años no ha dejado pasar una ocasión para levantar la voz y denunciar la represión comunista en China23.

La República Popular China había advertido que habría una respuesta enérgica si Pelosi viajaba a la isla, considerada por Pekín una parte inalienable del territorio de China. El subdirector del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, declaró en una rueda de prensa, contestando a un periodista: «Si Estados Unidos desafía la línea roja de China, sin duda recibirá contramedidas firmes. Todas las consecuencias deberán ser asumidas por los estadounidenses»24.

La videoconferencia prevista entre Biden y Xi a finales de julio estuvo amenazada de ser suspendida por parte de China. Finalmente el encuentro se celebró. Xi insistió en recordar que «la trayectoria histórica en la cuestión de Taiwán es absolutamente clara, las dos orillas del estrecho de Taiwán son parte de una sola China». Una vez más, desde la China continental se repite un mensaje sin posibles interpretaciones que constituye el pilar político de sus relaciones con el resto del mundo y, por supuesto, con los Estados Unidos, con quien mantiene tres comunicados conjuntos sobre el asunto. China no solo se opone a la independencia de Taiwán, sino también a cualquier interferencia exterior en lo que considera una provincia rebelde. Xi no dejó pasar la ocasión para aleccionar una vez más: «Quien juegue con fuego se quemará»25.

Como consecuencia de la visita, los analistas de defensa estadounidenses anticipaban una fuerte reacción del Partido Comunista de China, que podría suponer el establecimiento de una zona de vuelo prohibida sobre Taiwán, y a lo que se sumarían otras medidas militares de escalada para aumentar la tensión. La visita a principio del mes de agosto no era desde luego oportuna.

El 20.º Congreso Nacional del Partido Comunista de China está a la vuelta de la esquina en otoño. Con este telón de fondo, donde inevitablemente aparecerá la cuestión de Taiwán, la política exterior de los Estados Unidos respecto a China se manifiesta estridente. Esta estridencia no es un caprichoso error. Es el resultado de los principios democráticos que establecen la separación de poderes y las elecciones periódicas. El debate político abierto no facilita la sincronización planificada de mensajes completamente coherentes con una estrategia a largo plazo.

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Pocos días después de la partida de la señora Pelosi, el Ejército Popular de Liberación inició los mayores ejercicios militares de su historia en el mar del Sur de China en torno a Taiwán. El despliegue, los ejercicios de fuego y las zonas de las operaciones apuntan al ensayo de un posible bloqueo marítimo y aéreo de la isla. El Ministerio de Defensa de Taiwán lo interpretó en este sentido. Las maniobras aeronavales del EPL impusieron el cierre del espacio marítimo y aéreo de seis zonas alrededor de Taiwán, declaradas zonas de ejercicios de tiro. Alguna de ellas a pocos kilómetros de la isla de Formosa26.

Por primera vez el EPL ha lanzado misiles por encima del espacio aéreo de Taiwán. Cinco misiles cayeron en la zona económica exclusiva de Japón, por lo que el Gobierno japonés expreso sus quejas. Mientras tanto, las fuerzas militares de defensa de Taiwán se mantuvieron en máxima alerta y ejercitándose para la respuesta ante un ataque.

En el primer semestre de 2022, el presidente Biden afirmó en tres ocasiones que Estados Unidos intervendría militarmente si China intentaba tomar Taiwán por la fuerza. Estas declaraciones ponen en duda la deliberada ambigüedad que tradicionalmente ha mantenido Washington en la cuestión. La Casa Blanca, en las tres ocasiones, se dio prisa en reinterpretar las palabras del presidente para concluir que, en ningún caso, suponían un cambio en la política estadounidense. Inevitablemente, las palabras están ahí. Tres veces no constituyen una casualidad ni un error cuando se trata de un presidente con muchos años, y menos aún si se requiere la intervención de su gabinete para reeditar el mensaje. Biden volvió a la carga en septiembre de 2022 afirmando contundentemente en el programa de televisión de la CBS 60 Minutes que Estados Unidos apoyaría militarmente a Taiwán si China intentaba invadirla.

Para terminar de configurar la nueva posición de los Estados Unidos respecto a Taiwán, el Senado aprobó una proposición de ley denominada Taiwan Policy Act el 15 de septiembre de 2022. El contenido de la propuesta es un decidido primer paso que reconduce la tradicional posición de incertidumbre estratégica estadounidense sobre Taiwán al reforzar las relaciones mutuas.

El contenido de la Taiwan Policy Act supone un cambio de lenguaje y términos, a los que tanta importancia otorga la diplomacia china27. En el campo de la seguridad, además de incrementarse la ayuda militar y la financiación, se ordena al secretario de Defensa que revise e informe de los planes de guerra para defender a Taiwán de la agresión del Ejército Popular de Liberación28. También se solicita a la Administración un programa de sanciones económicas en caso de escalada alrededor de Taiwán, sea como consecuencia de un bloqueo o de una ocupación de territorios bajo su soberanía29.

La aprobación de la propuesta de ley del Senado estadounidense podría ser interpretada por la RPC como una revisión de la doctrina de una sola China. En este caso, el Partido Comunista de China entendería que se ha modificado el statu quo establecido entre las dos grandes potencias en 1979 con la aprobación de la Ley de Relaciones de Taiwán (TRA), que promulgó el presidente de Estados Unidos Jimmy Carter. La consecuencia sería una intervención militar de la República Popular China en el estrecho de Taiwán.

La declaración de la Cumbre de Bruselas y la aprobación del nuevo Concepto Estratégico de la OTAN en Madrid no facilitan la distensión. Desde el Reino Unido se añade más leña al fuego. La primera ministra británica, Liz Truss, recién llegada al número 10 de Downing Street, rechazaba como un falso dilema la necesidad de elegir entre la seguridad euroatlántica y la del Indo-Pacífico, defendiendo una expansión global de la OTAN para ayudar a la defensa de las democracias de la región, entre ellas Taiwán30.

Sin duda, los mensajes y acciones —sin eliminar los efectos conocidos de la estridencia democrática estadounidense— tienen que ver con el aumento de la preocupación asociada al riesgo de que Pekín pueda intentar invadir Taiwán en un futuro próximo, percibido por Taipéi, Tokio, Seúl, otros aliados y el propio Washington. Podemos estar viviendo una profecía con capacidad de autocumplirse.

Frente al panorama expuesto, Kevin Rudd, ex primer ministro y exministro de Asuntos Exteriores de Australia, ha publicado este 2022 un libro titulado La guerra evitable: los peligros de un conflicto catastrófico entre Estados Unidos y la China de Xi Jinping, en el que defiende la necesidad y la posibilidad de evitar el enfrentamiento militar31.

Existe, por lo tanto, algo más que la posibilidad de una guerra abierta entre China y los Estados Unidos. Para evitarla, según Rudd, hay que interactuar sabiendo que las partes poseen una cosmovisión antagónica y un fundamento ideológico y político incompatible, que entre ellas existe una distancia cultural abismal y que a la memoria de China se adhieren agravios históricos complejos. Solamente podrá evitarse el desastre si ambas partes son capaces de entender la mutua obligación de renunciar a imponer una situación que obligue al contrario a traicionar sus intereses vitales. La fórmula pasa por establecer una relación de «competencia estratégica gestionada»32.

Conclusión

La dinámica de la competencia entre las grandes potencias, en un escenario de rápidos y acelerados cambios, es volátil, incierta, compleja y ambigua. Los actores internacionales disponen de muy pocas certezas que les permitan anticipar los futuros posibles. La escasez de certezas aumenta el valor de las pocas disponibles y es preciso identificarlas para construir el mejor futuro posible.

Nuestra relación con las certezas es muchas veces incómoda. Son precisamente las certezas las que en no pocas ocasiones descubren los límites de actuación de hoy y marcan el ritmo de transformación de las relaciones internacionales. Solo un futuro posible puede ser un futuro deseable. Desde luego, un futuro no es posible si su precio es inaceptable o no podemos financiarlo.

En el este de Europa la certeza de que Rusia no admitiría el ingreso de Ucrania en la OTAN no puede discutirse. Un ingreso en la OTAN no se produce de la noche a la mañana y requiere para todos los aspirantes de un proceso de adaptación que puede ser largo. Cuanto más avanzara Ucrania en el proceso de integración, más apremiante sería la presión ejercida por los líderes rusos para considerar la opción de una guerra abierta. No merece la pena debatir sobre quién ha sido el agresor, todos lo sabemos. Posiblemente lo necesario sea discutir sobre qué se ha hecho o no por evitar la guerra y en qué medida ha sido un grave error desestimar las continuas señales de alarma.

En el Pacífico occidental la certeza de que la declaración de independencia de Taiwán o una ampliación de la Ley de Relaciones con Taiwán de Estados Unidos para otorgar garantías de defensa supondrá una guerra con la China continental es absoluta.

La guerra abierta entre grandes potencias es posible si las pocas certezas disponibles no se consideran. El inmenso dolor y destrucción que supondría un enfrentamiento militar directo entre grandes potencias se puede evitar. Ahora bien, los grandes poderes están obligados a reconocer y aceptar las restricciones que imponen los límites de sus competidores. Las partes enfrentadas pueden aceptar resultados inferiores a los que prefieren, pero pretender coexistir obligando a otra gran potencia a renunciar a sus intereses vitales no es posible.

Una paz insoportable para una gran potencia termina antes o después en una costosa y trágica guerra: «Qui totum vult totum perdit»33. ¿Cómo no caer de rodillas ante el altar de esta certeza?

Andrés González Martín*
Teniente coronel de Artillería
Analista del IEEE

Referencias:

1 LUTTWAK, Edward. «From geopolitics to geoeconomics: Logic of conflict, grammar of commerce», The National Interest, n.o 20. Center for the National Interest, verano de 1990.

2 THE WHITE HOUSE. National Security Strategy of the United States of America. Washington, diciembre de 2017. Disponible en: https://trumpwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final- 12-18-2017-0905.pdf

3 «The United States will respond to the growing political, economic, and military competitions we face around the world. China and Russia challenge American power, influence, and interests, attempting to erode American security and prosperity».

4 CRUDO BLACKBURN, Christine et al. «The silent threat of the coronavirus: America’s dependence on Chinese    pharmaceuticals»,    The    Conversation.    11    de    febrero    de    2020.    Disponible    en: http://theconversation.com/the-silent-threat-of-the-coronavirus-americas-dependence-on-chinese- pharmaceuticals-130670

5 WOODWARD, Bob. Fear: Trump in the White House. Simon & Schuster, Nueva York, 2018.

6 LEONARD, Mark. The Age of Unpeace: How Connectivity Causes Conflict. Bantam Press, Londres, 2021

7 LEONARD, Mark. «La guerra de la conectividad», Project Syndicate. 1 de diciembre de 2021. Disponible en: https://www.project-syndicate.org/commentary/connectivity-conflicts-weaponization-of-migration-by- mark-leonard-2021-12/spanish

8 GALEOTI, Mark. The Weaponisation of Everything: A Field Guide to the New Way of War. Yale University Press, Londres, 2021.

9   La Oficina del Censo de Estados Unidos fijó el aumento del déficit comercial con China en
355.300 millones de dólares, la mayor cifra desde el récord de 418.200 millones de dólares de 2018. La brecha de 2020 había  sido de 310.300 millones de dólares, el mínimo  en diez  años (REUTERS. «Exportaciones de EU a China caen en diciembre y provocan 45.000 mdd de déficit», Forbes México.8 de febrero de 2022. Disponible en: https://www.forbes.com.mx/economia-exportaciones-de-eu-a-china-caen- en-diciembre-y-provocan-45000-mdd-de-deficit/).

10 La cartera de deuda pública estadounidense en manos de China cayó en mayo a 980.800 millones de dólares, según los datos de mayo del Departamento del Tesoro. En 2017, al comienzo de la guerra comercial, el volumen de dólares en manos chinas rozaba los 1.200 millones de dólares (EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. «La deuda de EEUU pierde atractivo para China». 29 de julio de 2022. Disponible en: https://www.epe.es/es/mercados/20220729/deuda-eeuu-pierde-atractivo-china-14183821).

11 JUST THE NEWS. «EE. UU. dice que el apoyo “sin límites” de China a Rusia amenaza a la humanidad», ADN América. 24 de junio de 2022. Disponible en: https://adnamerica.com/ucrania/eeuu-dice-que-el- apoyo-sin-limites-de-china-rusia-amenaza-la-humanidad

12 LO, Kikling y DELANEY, Robert. « US security adviser says hard line on Russia is needed to dissuade China    from    similar    moves».    17    de    junio    de    2022.    Disponible    en: https://www.scmp.com/news/china/diplomacy/article/3181999/us-security-adviser-says-hard-line-russia- needed-dissuade

13 SAVVA, Anna. «Russian invasion of Ukraine prompts concerns over China's sovereign claim on Taiwan», Scottish    Daily    Express.    23    de    junio    de    2022.    Disponible    en: https://www.scottishdailyexpress.co.uk/news/world-news/russian-invasion-ukraine-prompts-concerns- 27308679

14 ‘Guerra jurídica’.

15 En 2027 se debería celebrar el 21.er Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, donde Xi Jinping podría revalidar su cuarto mandato con 72 años. Esperar hasta 2032 para alcanzar la unificación significaría que Xi Jinping se vería obligado a renovar un sexto mandato y a llegar con casi 80 años a la situación de fuerza esperada para poder hacer efectiva la amenaza de invasión con garantías suficientes de éxito.

16 «I think the threat is manifest during this decade, in fact in the next six years» (SHELBOURNE, Mallory. «Davidson: China Could Try to Take Control of Taiwan In “Next Six Years”», USNI News. 9 de marzo de 2021. Disponible en: https://news.usni.org/2021/03/09/davidson-china-could-try-to-take-control-of-taiwan- in-next-six-years).
CORRESPONSAL HONG KONG. «EE.UU. prevé una invasión china de Taiwán en seis años», La Vanguardia.    11    de    marzo    de    2021.    Disponible    en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20210311/6299523/ee-uu-preve-invasion-china-taiwan-seis- anos.html
DE LA CAL, Lucas. «“China podría invadir Taiwan en los próximos seis años”», El Mundo. 10 e marzo de 2021. Disponible en: https://www.elmundo.es/internacional/2021/03/10/6048b814fc6c83f06f8b45ba.html

17 YUWEI, Hu y HAILIN, Xu. «Xi stresses CPC’s leadership and achieving goals set for PLA centennial prior to Army Day», Global Times. 31 de julio de 2021. Disponible en: https://www.globaltimes.cn/page/202107/1230155.shtml

18 HILLE, Kathrin y SEVASTOPULO, Demetri. «Taiwan: preparing for a potential Chinese invasion», Financial Times. 7 de junio de 2022. Disponible en: https://www.ft.com/content/0850eb67-1700-47c0-9dbf- 3395b4e905fd

19 Michèle Flournoy fue Under Secretary of Defense for Policy (USDP) durante el mandato del presidente Barack Obama. El USDP es el director del gabinete y principal asesor del secretario y del subsecretario de Defensa. Es un cargo designado por el presidente con el consejo y el consentimiento del Senado.

20 «La buena noticia es que la nueva Estrategia de Defensa Nacional de la Administración Biden, transmitida al Congreso en marzo y que se publicará en forma no clasificada en los próximos meses, refleja la necesidad de avanzar con mayor velocidad y agilidad para fortalecer la disuasión tanto a corto como a largo plazo. La estrategia refuerza el enfoque en una China más agresiva como la principal amenaza de Estados Unidos y enfatiza un nuevo marco de “disuasión integrada”, aprovechando todos los instrumentos del poder nacional, así como las contribuciones de los aliados y socios de Estados Unidos para disuadir futuros conflictos que probablemente se librarán en múltiples regiones y dominios».

21 FLOURNOY, Michèle y BROWN, Michael. «Time Is Running Out to Defend Taiwan: Why the Pentagon Must Focus on Near-Term Deterrence», Foreign Affairs. 14 de septiembre de 2022. Disponible en: https://www.foreignaffairs.com/china/time-running-out-defend- taiwan?utm_medium=newsletters&utm_source=fatoday&utm_campaign=Time%20Is%20Running%20Ou t%20to%20Defend%20Taiwan&utm_content=20220914&utm_term=FA%20Today%20-%20112017

22 «President Joe Biden saying the Department of Defense believes such a trip “is not a good idea at this time”» (BBC NEWS MUNDO. «Nancy Pelosi en Taiwán: la larga historia de desafíos de la presidenta de la Cámara de Representantes a China». 2 de agosto de 2022. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62401777).

23 «La contundencia con que las autoridades chinas decidieron poner fin a la protesta en Tiananmen les valió una dura condena casi global; incluyendo la de una congresista del estado de California, Nancy Pelosi, que había viajado a Pekín como parte de un comité del Congreso. Pelosi junto a tres colegas desplegó una pequeña pancarta que decía: “Por los que murieron por la democracia en China”» (BBC NEWS MUNDO. Op. cit.).

24 MINISTRY OF FOREIGN AFFAIRS OF PEOPLE’S REPUBLIC OF CHINA. «Conferencia de prensa habitual ofrecida el 29 de julio de 2022 por Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores».
29    de    julio    de    2022.    Disponible    en: https://www.fmprc.gov.cn/esp/xwfw/lxjzzdh/202207/t20220731_10730922.html

25 MINISTRY OF FOREIGN AFFAIRS OF PEOPLE’S REPUBLIC OF CHINA. «El presidente Xi Jinping sostiene una conversación telefónica con el presidente de Estados Unidos Joe Biden». 29 de julio de 2022. Disponible en: https://www.fmprc.gov.cn/esp/zxxx/202207/t20220729_10729618.html

26 Una de las zonas de acceso prohibido por los ejercicios militares quedaba a solo 20 kilómetros de la costa de Kaohsiung, la principal ciudad del sur de la isla (BONET BAILÉN, Inma. «China inicia las mayores maniobras militares de su historia en torno a Taiwán tras el viaje de Pelosi», El País. 4 de agosto de 202. Disponible en: https://elpais.com/internacional/2022-08-04/china-inicia-maniobras-militares-con-fuego- real-alrededor-de-taiwan.html).

27 «Establishes de facto diplomatic treatment for Taiwan equivalent to other foreign governments. Directs the Secretary of State to negotiate the renaming of the “Taipei Economic and Cultural Representative Office” to the “Taiwan Representative Office” and adjust all references accordingly. Requires Senate confirmation for the Director of the American Institute in Taiwan’s (Taipei office) and bestows the title “Representative” for such office» (UNITED STATES SENATE COMMITTEE ON FOREIGN RELATIONS. The    Taiwan    Policy    Act    of    2022.    Disponible    en: https://www.foreign.senate.gov/imo/media/doc/SBS%20Taiwan%20Policy%20Act%20FINAL%20(1).pdf).

28 «Directs the Secretary of Defense to review and report war plans to defend Taiwan from People Liberation Army (PLA) aggression including an assessment of: (1) Taiwan’s current and near-term capabilities to deter such aggression; (2) a strategy of denial to defend Taiwan, (3) comprehensive assessments of risks to the United States; (4) the near-term likelihood of such aggression; and (5) a list of necessary military capabilities for Taiwan that enable a strategy of denial» (UNITED STATES SENATE COMMITTEE ON FOREIGN RELATIONS. Op. cit.).

29 «In response to the People’s Republic of China’s (PRC) escalating hostile actions in or against Taiwan, the President shall impose and report on sanctions on Government of the PRC officials including Chinese Community Party leadership, on at least three major PRC financial institutions on PRC economics sectors» (UNITED STATES SENATE COMMITTEE ON FOREIGN RELATIONS. Op. cit.).

30 «The U.K. rejects “the false choice between Euro-Atlantic security and Indo-Pacific security”. “I mean that NATO must have a global outlook, ready to tackle global threats” […]. “We need to pre-empt threats in the Indo-Pacific, working with allies like Japan and Australia to ensure that the Pacific is protected. We must ensure that democracies like Taiwan are able to defend themselves”» (GALLARDO, Cristina. «UK’s Liz Truss: NATO should protect Taiwan too», Politico. 27 de abril de 2022. Disponible en: https://www.politico.eu/article/liz-truss-nato-taiwan-protect/).

31 RUDD, Kevin. The avoidable war: The dangers of a catastrophic conflict between the US and Xi Jinping’s China. PublicAffairs, Nueva York, 2022.

32 «Managed strategic competition». Kevin Rudd estudió historia y lenguas asiáticas en la Universidad Nacional Australiana (ANU) y aprendió chino mandarín. Después de varias estancias en Taiwán ingresó en la carrera diplomática y llegó a alcanzar el puesto de primer secretario en la embajada en Pekín.

33 Quien quiere todo lo pierde todo.