La lacra del terrorismo en el Sahel y en el Magreb

La Fundación Euroárabe organiza un diálogo con el profesor Carlos Echeverría para abordar la inseguridad que se vive en la otra orilla del Mediterráneo
Un soldado del ejército francés patrulla una zona rural durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso

AFP/ MICHELE CATTANI  -   Un soldado del ejército francés patrulla una zona rural durante la operación Barkhane en el norte de Burkina Faso

Aunque el Daesh sucumbió en Oriente Medio, el yihadismo sigue vivo y campa a sus anchas por el Sahel y el Magreb. Las autoridades de la zona llevan años intentando contener esta amenaza. Francia lleva desde 2013 enviando tropas para combatir a los grupos armados, pero pasan los años y la inseguridad persiste. Se trata de un polvorín a las puertas de Europa que aún no se ha controlado. Una lacra que parece no tener un final claro. Con el objetivo de abordar los problemas de esta parte del mundo, la Fundación Euroárabe ha organizado un diálogo virtual con Carlos Echevarría, profesor de Relaciones Internacionales en la UNED, este jueves.

“El Daesh, junto con Al Qaeda, es un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades de la zona y para nosotros. Tienen gran capacidad de captar militantes en la zona”, ha asegurado el docente. La pobreza y la falta de expectativas son el caldo de cultivo perfecto para que los jóvenes sin horizontes vitales se sumen a la causa del yihadismo. “La pandemia no ha parado el terror”, ha explicado Echevarría. 

A pesar de que el problema del terrorismo está enquistado, en los últimos meses se han producido algunas mejoras. “Francia ha movilizado una gran cantidad de recursos militares y la operación Barkhane empieza a dar sus frutos, pero no se puede bajar la guardia. Los desafíos que aún quedan por delante son muy grandes”, ha asegurado Echevarría. A la mala situación económica de la zona se suman los efectos del cambio climático, que están teniendo consecuencias letales para esta zona. El aumento de las temperaturas está llevando a unas condiciones más difíciles para sacar adelante los cultivos. 

Los grupos que actúan en la zona son muchos, aunque muchos se agrupan bajo el paraguas que proporciona Al Qaeda en Sahel. Otros también se refugian bajo las siglas del Estado Islámico del Gran Sahel. El escenario de guerra en Siria no ayuda a paliar los problemas que tiene el Sahel y el conflicto es una fuente de nuevos terroristas. 

El terrorismo no es el único delito que se comete en la zona. El tráfico de drogas, de personas e incluso de marfil también son muy habituales. Los propios terroristas llevan a cabo estas prácticas. “Aunque cometan este tipo de delitos no podemos olvidar que siguen siendo terroristas, no son ni bandidos ni ladrones”, ha asegurado Echeverría. “Cuando los talibanes producen heroína hay que tener en cuenta que lo hacen para financiar sus actividades terroristas. Su proyecto se ve dinamizado por el tráfico ilícito”, ha enfatizado el docente. 

El daño de la actuación yihadista para la población es tremendo. Muchas personas se han visto desplazadas de sus hogares por la violencia. Los conflictos intracomunitarios también se han acrecentado como consecuencia de la inseguridad y la inestabilidad que se vive en la zona.En Europa hay una gran preocupación por lo que está sucediendo en la otra orilla del Mediterráneo. “Se trata de una de nuestras fronteras y todos los países tienen que comprometerse para atajar este problema”, ha pedido Echevarría. Un problema añadido de la crisis del Sahel es que indirectamente tensa las relaciones entre Marruecos y Argelia. 

La tragedia de Libia

La situación de guerra permanente en la que vive Libia desde hace casi 10 años no ayuda nada a paliar lo que se vive en el Sahel. “Gadafi había conseguido mantener el país unido gracias a la fuerza. Tras su caída la fragmentación ha sido inevitable”, ha explicado Carlos Echevarría. Aunque la situación en Libia es muy compleja, la guerra ha tenido menos víctimas mortales que la de Siria y su eco mediático ha sido más pequeño. En los últimos años la participación de occidente en el conflicto se ha reducido y los países, como Rusia o Turquía, se han hecho con el protagonismo.