La República de Túnez ante la cimentación de su democracia

El pueblo tunecino elegirá a su nuevo presidente entre Kaïs Saied y Nabil Karoui
(de izquierda a derecha) Nabil Karoui, magnate de los medios de comunicación tunecinos y candidato presidencial del partido Qalb Tounes (Corazón de Túnez) y Kais Saied, candidato independiente

AFP/HASNA Y FETHI BELAID  -   (de izquierda a derecha) Nabil Karoui, magnate de los medios de comunicación tunecinos y candidato presidencial del partido Qalb Tounes (Corazón de Túnez) y Kais Saied, candidato independiente

El país norteafricano se avecina este domingo 29 de septiembre al balotaje de las segundas elecciones presidenciales de su joven democracia. La sociedad tunecina, que iniciara la Revolución de los Jazmines a finales de 2010, está inmersa en el juego democrático que tanto ansió y en una transición política todavía sin concluir. La gota que sumergió al mundo árabe en movilizaciones y derrocamientos vuelve de nuevo a Túnez como el primer y único país capaz de instaurar un sistema democrático en su entorno. 

Los primeros pasos del nuevo sistema de gobierno alarmaron a la comunidad internacional tras la incuestionable victoria del partido democrático islamista Ennahda en las elecciones constituyentes de 2011. Sin embargo, en las primeras elecciones legislativas celebradas el 26 de octubre de 2014, un nuevo partido configurado alrededor de una figura carismática con experiencia de gobierno con el mismísimo Habib Burguiba e, incluso con el derrocado Ben Ali, logra la victoria con casi diez puntos de diferencia al partido que había arrasado en las anteriores elecciones constituyentes.

El Partido del Renacimiento, Ennahda, debido a tiranteces durante los años en los que se configuró la Constitución tunecina, no presentó candidato a las presidenciales de noviembre de 2014, dejando el camino libre al conocido Béji Caïd Essebsi y a su partido, el más votado en la Asamblea de Representantes del Pueblo, Nidaa Tounes, para que se hiciera con la primera presidencia democrática del país. 

El pasado 15 de septiembre la sociedad tunecina fue llamada anticipadamente a las urnas para las segundas elecciones presidenciales de su historia en un escenario político muy diferente al de los primeros años de la transición. 

En primer lugar, Ennahda, que no compitió en la anterior carrera presidencial, presenta su primer candidato con un importante trasfondo de éxitos políticos: seguía siendo la segunda fuerza más importante del Parlamento y había entrado en el Gobierno con, además, importantes alcaldías como la de la capital del país (logrando la primera mujer alcaldesa de las capitales del mundo árabe). 

En segundo lugar, el líder carismático para algunos, y continuador de la estela autocrática más reciente para otros, había fallecido unos meses antes y su partido no encaraba estos comicios con altas expectativas para revalidar la Presidencia. Por último, los sondeos colocaban como finalistas a dos personalidades contrapuestas y antagónicas de lo que se había presentado hasta entonces, lo que rompía con la trayectoria política del inicio de la transición. 

Este domingo el pueblo tunecino elegirá a su nuevo presidente entre Kaïs Saied, un jurista conservador e intelectual sin ningún partido a sus espaldas, pero que ya ha recibido el apoyo explícito de Ennahda para esta segunda vuelta; y Nabil Karoui, un empresario y publicista de éxito, en prisión provisional por presuntos delitos de blanqueo de capitales desde agosto y candidato de un partido político socialdemócrata creado por él mismo antes de las últimas elecciones, aunque logrando introducir a políticos del partido Nidaa Tounes. 

A pesar del crecimiento económico aupado por un indudable repunte del turismo que, según la Oficina Nacional de Turismo nacional, en 2018 se superaron las cifras de llegada de turistas extranjeros anteriores a los atentados de 2015, el país sigue soportando elevados datos de paro, alrededor del 15%, y continúa sin resolver la enorme frontera entre el noreste y suroeste del país con respecto al desarrollo económico de estas zonas, lo que a menudo dirige el voto hacia opciones diferentes en estas regiones tan divergentes en cualquier materia que se analice. 

La República de Túnez no solo se enfrenta a las segundas elecciones presidenciales de su historia, sino que la política del país magrebí sigue experimentando su juego democrático, que empieza a cansar a determinados actores sociales. Con el primer presidente de la democracia y el último de la autocracia fallecidos por su avanzada edad, las memorias de tiempos pasados se hacen recurrentes en la ciudadanía.

Entretanto, el Estado sigue cimentándose y poniéndose a prueba en escenarios como el que se planteará el domingo por la noche. Las figuras postuladas a la segunda vuelta, en cualquier caso, vienen a reflejar una consciente ruptura con lo que ha existido hasta ahora y un paso hacia un escenario desconocido y por explorar.