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Las palancas del Barça y las joyas de la abuela

El club catalán paga las consecuencias de la gestión más nefasta de su historia vendiendo sus bienes más preciados
Joan Laporta

PHOTO/@JoanLaportaFCB  -   El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, en la celebración del 50 aniversario del Palau Blaugrana, octubre de 2021

El Barcelona se enfrenta a un verano donde puede acometer los mejores fichajes de su historia. La llegada de Lewandowski, Raphina, Bernardo Silva, Soler, Di María y hasta Neymar podría volver al club del que salió por 222 millones de euros.

Todo eso lo puede ejecutar con una deuda millonaria y la voluntad de Javier Tebas dividida entre ser estricto para que el club no se endeude y cumpla las normas o hacer la vista gorda y permitir la llegada de estrellas que den lustre a una competición en decadencia.

Las bromas sobre las palancas que tiene que activar el Barça para poder fichar son el chascarrillo del verano. Todo son risas y hasta ‘las palancas’ se han convertido en el fichaje del verano.

Nadie se acuerda de cuando Miguel apellidado Palanca formó delantera junto a Drenthe en un Clásico de 2008 donde el Real Madrid de Juande Ramos llegaba muy mermado y acabó perdiendo 2-0.

Que un canterano apellidado Palanca fuera el delantero blanco era motivo de burla, la misma que 14 años después hacen los aficionados blancos sobre cómo su máximo rival tiene que vender todo lo que tiene para sobrevivir al máximo nivel.

Porque el Barça de Laporta y Xavi podría evitar vender las joyas de la abuela, pero sería un equipo menor que jugaría la Europa League y se estancaría en la zona media alta hasta que su economía se saneara dentro de un lustro.

El Barça tiene esas joyas que las familias nobles suelen legar de generación en generación. Un salvoconducto cuando vienen mal dadas. Justo lo que provocó Bartomeu, salarios astronómicos a jugadores que apenas rendían.

La primera joya de la abuela que ha vendido el Barça es el 10% de los derechos televisivos de los próximos 25 años por 267 millones de euros.

La segunda palanca es vender la explotación de sus licencias de merchandising mediante la empresa Barça Licensing & Merchandising (BLM). Si se deshace del 49% ingresará casi 300 millones de euros. Todo sumaría esos ansiados 500 millones con los que salir de compras y reventar el mercado.

A esto hay que sumar los ingresos por la publicidad de Spotify tanto en la camiseta como en el estadio. Una cantidad que mejorará cuando el nuevo Camp Nou esté terminado hasta los 435 millones de euros.

Porque el Barcelona no se priva de nada y ya tiene aprobadas las obras de un estadio que se cae a pedazos como muestran las imágenes de los asientos vip desgastados cuando enfocan a los jugadores.

Lo del Barça no es dopaje económico como puede pasar con el PSG o el City, en su caso tiene que recurrir a vender bienes preciados para ingresar dinero. Compromete el futuro a largo plazo por una pésima gestión del pasado. La inercia del mercado le impide pasar de transatlántico a barco velero.

La historia del fútbol español no permite dispendios. Ya se saldaron aquellas deudas con Hacienda que sacaron los colores a muchos clubes durante años. Ahora los números rojos se controlan y nadie gasta más de lo que genera.

Para muchos, la gran pregunta sigue siendo cómo se ha permitido que el Barça llegue a esta situación con ese férreo control económico del que presume LaLiga. Alguien pensó que la capacidad de generar dinero iba a ser mayor que la de endeudarse y abrió la mano.

Ahora son las palancas las que pueden resucitar al muerto, mientras el club del que salió Palanca para ganarse la vida jugando al fútbol hasta su retirada en el Avilés en 2020 asiste impertérrito a la ruina de su rival.