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Marruecos espera un crecimiento del 3,2% para 2023

El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo prevé que el país alauí vivirá primero una desaceleración del 1,2% durante este año, pero presupone una recuperación tras la crisis sanitaria
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Buenas noticias para el reino alauí. Las últimas previsiones económicas afirman que el país va a tener un significativo crecimiento económico para el año 2023, según las cifras del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. A través de un comunicado oficial, la entidad bancaria afirma que Marruecos tendrá una tasa de crecimiento del 3,2%. 

“Marruecos podría ver un repunte del 3% en el crecimiento en 2023 a medida que la agricultura se recupere y el ritmo de crecimiento vuelva a los niveles anteriores a la pandemia”, confirma la institución.

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La economía marroquí está experimentando una crecida considerable a pesar de los últimos acontecimientos mundiales. 2021 supuso una recuperación de la crisis sanitara bastante buena pese a todo el periodo de cierre de fronteras y demás. En ese año, Marruecos registró una tasa de crecimiento del 7,4%. El dato refleja una notable restauración de la actividad económica en comparación con 2020, donde la crisis del coronavirus produjo que la economía nacional se contrajera un 6,3%. 

“La recuperación fue impulsada principalmente por una temporada de cosecha récord y apuntes en la manufactura, el comercio, la construcción y los servicios empresariales, en medio de un periodo de mejores programas de inmunización en las regiones del BERD”, comunica la institución. 

Aun así, las expectativas para este año son menos favorables que para este 2022. El BERD informa que, para experimentar ese futuro auge, primero Marruecos tiene que procesar un desacelere de la economía del 1,2% durante 2022.

La desaceleración se debe principalmente a dos inconvenientes. El primero son los efectos del impacto del conflicto ruso-ucraniano. La invasión a Ucrania está conduciendo a grandes estragos mundiales en muchos productos básicos como es el caso del gas, el petróleo o el trigo. Los dos países en guerra son los que más exportan estos materiales por lo que los precios mundiales, y también los de Marruecos, se están encareciendo y los ciudadanos no pueden abastecerse. 

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El segundo de ellos son las consecuencias de la última sequía, una de las más duras de los últimos tiempos. Las condiciones climáticas han sido adversas para la temporada de cosecha, ya que no ha llovido y, por ello, muchos cultivos no se han podido regar y otros muchos no se han podido plantar. No obstante, el Reino ha sido muy duro con las restricciones impuestas para salvar la producción agrícola de este año y ha podido salvar gran parte, aunque será más pequeña que en otras temporadas.  

El BERD afirma que las interrupciones en la cadena de suministro mundial y los fuertes aumentos en los precios del gas y del petróleo continuarán durante 2023. Finalmente, y dependiendo de cuanto dure el conflicto ucraniano, estos empezarán a bajar hasta volver a normalizarse.

A pesar de ello, el país magrebí y la institución financiera planean impulsar la cooperación financiera y técnica. Odile Renaud-Basso, presidenta del BERD, se ha reunido con Nadia Fettah, la ministra de Economía y Finanzas marroquí por motivo de las 31ª sesión de las Asambleas Anuales del Consejo de Gobernadores del BERD, celebrado en la ciudad de Marrakech. Durante este evento, las dos partes han alabado las relaciones que mantienen y han previsto seguir cooperando como socios en distintos temas de interés común.

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Beata Javorcik, economista jefe del BERD, prevé graves consecuencias financieras a los países del norte de África

En contraste con el crecimiento de Marruecos, la economista más importante de la institución prevé que las naciones norteafricanas sufran más duramente las consecuencias de la guerra, incluso más que la propia Rusia.

“El norte de África es como un espectador inocente, una región enormemente afectada por los altos precios de los productos agrícolas. Sus gobiernos se enfrentan a una elección muy poco atractiva: continúan aplicando subsidios a los alimentos para evitar el malestar social, a costa de una tensión en los presupuestos nacionales y en la sostenibilidad externa”, comenta Javorcik a la Agencia EFE. 

La economista afirma que al aumentar el precio de los alimentos y de las energías, las monedas de estos países se encuentran cada vez más débiles. Es como en la crisis mundial de 2008, donde todas estas naciones vieron en sus economías una crisis de intercambio comercial y su deuda externa crecería enormemente.