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Nabil Driouch: “Lo tenía todo escrito en la pared de mi alma”

El escritor y periodista marroquí, Nabil Driouch, nos habla sobre su primera publicación “Pequeñas epopeyas” y lo que significó en su carrera
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 -   El periodista y escritor, Nabil Driouch

Hablamos con el periodista y escritor, Nabil Driouch, sobre una de sus publicaciones más íntimas que pretende mostrar el mundo como es en realidad, “sin maquillaje”. En esta publicación Driouch da voz a aquellos personajes que no suelen ocupar las agendas mediáticas. Lo que él llama los sin voz, “a los que los micrófonos no se les acercan ni aparecen en los telediarios”. 

Tu libro “Pequeñas epopeyas” se aleja de tus otras publicaciones para dar pie a una serie de cuentos que se podrían enmarcar en la literatura surrealista, ¿qué te hizo hacer ese cambio?

"Pequeñas epopeyas” fue mi primer libro. Lo publicó la unión de escritores marroquíes en el año 2008 tras concederme el premio de los jóvenes literatos en 2007. Lo escribí cuando solo tenía 25 años, era mi manera de ver al mundo y confieso que mi forma de escribir relatos era nueva, con un estilo rebelde, algo que no era común en aquel momento.

El libro llega bastante tarde a las librerías de España porque el proyecto de traducción de la obra tardó 13 años en ver la luz. E l traductor y el arabista español Pablo Benito tenía el proyecto listo en 2009, aun así, teníamos que esperar todos estos años para tener el libro en las librerías.

El cambio lo hice más tarde cuando opté por no repetir esa aventura literaria y dedicarme más a escribir libros de política. Fue un cambio no pensado y natural.

Efectivamente, el libro es de estilo surrealista, pero muy pegado a la realidad cotidiana teniendo en cuenta que en aquel momento yo era más joven y trabajaba en la prensa escrita. Hacía reportajes todos los días, lo que me permitía sentir en carne viva los problemas de la sociedad marroquí y, como no tenía espacio para decirlo todo, siempre iba guardando una imagen, un sentimiento o una mirada de alguna persona en un rincón escondido de mi memoria.

En un momento dado todo esto salía como un tsunami en mi interior, por lo que en dos meses escribí 18 cuentos. Lo tenía todo escrito en la pared de mi alma, me bastaba elegir las palabras adecuadas para cada imagen. Las palabras no hacen más que transmitir esas imágenes, eso explica por qué opté por las frases cortas.            


¿Qué reacción buscas en el lector con esta forma tan intima de escribir?

La escritura es una manera de ver el mundo al desnudo. Mi objetivo era quitar el maquillaje a todo lo que mueve en este mundo. Además, optaba por dar importancia a lo marginal de nuestra vida y pisar esas zonas prohibidas de nuestra vida intima, por eso el traductor de los cuentos al español decía en el prólogo que es un libro políticamente incorrecto. Yo añadiría que es socialmente incorrecto también por el hecho de escribir en árabe, una lengua conservadora, de temas que suelen estar tratados por escritores árabes a través de idiomas occidentales para diluir el impacto o mejor dicho el choque cultural.

En cualquier caso, el libro es hijo de su momento. Tal vez ahora con 42 años lo escribiría de otra manera, pero nunca he estado arrepentido por escribir de tal forma o sobre tales temas. Yo considero siempre cada libro como un hijo y ahora mi hijo tiene 17 años y me hace feliz cada vez que lo veo traducido a otros idiomas o lo leen nuevos lectores.  


 ¿Quién o qué escenarios te ha inspirado en esta creación?
 

Como decía antes, el periodismo me ofrecía la oportunidad de viajar mucho. Cada viaje es una pequeña historia. Me permitía también entrevistar a inmigrantes ilegales y vivir con ellos en el bosque, tomar café con personas que había estado detenidas en Guantánamo o cenar con personalidades de alto nivel.

Para mí son vidas diferentes que existen en paralelo. Cada uno tiene sus propios sueños y su propia manera de ver al mundo mientras luchan para vivir su pequeña epopeya. Además, en los cuentos doy vida a lo marginal para desnudar el mundo y poner en manifiesto las paradojas de nuestra vida social. 
 

Entre sus páginas encontramos personajes que van desde niños hasta perros parisinos, ¿Qué tratas de mostrar con estos personajes?

Es mi manera de dar voz a los que nunca hablan, a los que nunca se dirigen los micrófonos o los acontecimientos que no aparecen en los telediarios de la noche. Hoy en día cuenta más tener que ser, de ahí querría dar mas importancia a sus seres marginales o esas cosas pequeñas que mantenemos en el armario secreto o que no queremos ver.

 En el cuento del Perro, por ejemplo, intentaba hablar de la situación contradictoria de los perros entre Marruecos y Europa à través de un inmigrante ilegal que vivía malos momentos en Paris y tenía mucha envidia hacia la vida del perro. Al final aspiraba a convertirse en un perro parisino, pero no lo lograba. Son paradojas que ya no nos chocan porque forman parte de lo normal y corriente.       


 ¿Hay algún género literario que te apetezca experimentar y aún no te atrevas?

Si, la novela, aunque es un arte totalmente diferente porque requiere vivir primero con los personajes y conocerlos mejor que a ti mismo. Cada personaje en la novela tiene su propia historia personal y su propio carácter. El escritor debe conocer hasta cómo fuma el personaje, qué tipos de cigarrillos le gusta etc…

¿Veremos a Nabil Driouch haciendo más narrativa en este formato?

Llevo 17 años sin repetir esa experiencia. Yo escribo cuando haya algo que mora en mi pecho. No soy un escritor profesional de literatura. Posteriormente sentí la necesidad de escribir ensayos o crónicas.

Mi sueño es escribir una novela, pero nunca se sabe. Tal vez el género del cuento toque el timbre de mi alma otra vez.
   
¿Con qué nos vas a sorprender en tu próxima publicación?

Veo que hay una gran necesidad en Marruecos de explicar los cambios políticos y sociales que vive España desde la crisis del 2008, pienso escribir algo en este sentido.