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Netanyahu garantiza al rey de Jordania el ‘statu quo’ del Monte del Templo

Abdallah II recibió al primer ministro israelí en el marco de las tensiones tras la visita de Ben Gvir a la Explanada de las Mezquitas
Benjamín Netanyahu y Abdallah II

IMAGEN/ARCHIVO  -   El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el rey de Jordania, Abdallah II

Netanyahu está obligado a sacar su perfil más complaciente si quiere rebajar las tensiones con sus vecinos. El primer ministro israelí ha dedicado casi en exclusiva sus primeras semanas en el cargo a apagar los incendios, tanto internos como externos, que han venido provocando sus nuevos socios de Gobierno, en concreto los ultranacionalistas de Sionismo Religioso. La visita no autorizada al Monte del Templo del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, número dos de la coalición radical, provocó una fuerte reacción de los países árabes por las implicaciones que podría traer consigo sobre el statu quo que rige en el recinto de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Ahora, Bibi debe dar la cara. 

El experimentado primer ministro voló el martes hacia Jordania con esa máxima, la de garantizar a sus vecinos que con él al frente del Gobierno las relaciones se mantendrían estables a pesar de haber concedido a sus socios extremistas nuevas competencias sobre la seguridad del Estado. Para ello, Netanyahu viajó acompañado por el jefe del servicio de inteligencia interior, el Shin Bet, el secretario militar y el ministro de Asuntos Estratégicos, Ron Dermer, además de otros altos cargos de la administración hebrea. Fue su primera salida al extranjero desde que tomara posesión del cargo en diciembre

Itamar Ben-Gvir
IMAGEN/TWITTER (@itamarbengvir)  -   El ministro israelí de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, visita la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén en una acción considerada como una "provocación" por la oposición y las fuerzas palestinas

En Amán le esperaba el rey Abdallah II, escoltado por su ministro de Exteriores, Ayman Safadi, el jefe del Estado Mayor, Jaafar Haasan, y el jefe de los servicios de inteligencia, Ahmed Hosni. Era la primera vez en cinco años que Netanyahu y el monarca hachemí se veían las caras. El primer ministro israelí había visitado en secreto la capital jordana en 2018 para negociar un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos con el rey bajo los esfuerzos de la Administración Trump. Desde entonces no había habido contactos entre dos líderes que, en realidad, nunca llegaron a entenderse a pesar de ser aliados de Estados Unidos en Oriente Próximo. 

“He asistido a muchas reuniones entre Netanyahu y el rey, y esta ha sido una de las mejores”, aseguró al término del encuentro Ron Dermer. La reunión duró unas dos horas y media, más de lo previsto, y se desarrolló en un ambiente positivo, según el diario israelí Haaretz. Y eso que el contexto no era el más indicado. El clima de tensión se había instalado en sus relaciones bilaterales tras la vuelta al poder de Bibi. Tanto es así que el Ministerio de Asuntos Exteriores jordano ha convocado en las últimas semanas al embajador israelí en Amán hasta en dos ocasiones, la primera para protestar por la visita de Ben Gvir y la segunda para denunciar que un policía impidiera el acceso al recinto de la mezquita de Jerusalén al embajador jordano. 

El diálogo entre las delegaciones giró en torno al estatus legal que rige en la actualidad la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, también conocido como el Monte del Templo. El polémico paseo del ministro de Seguridad Nacional, un cargo con prerrogativas ampliadas ad hoc y competencias directas sobre la Policía, hizo temer a Jordania y el resto de los países árabes —en especial a aquellos que han normalizado relaciones con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham— que el nuevo Ejecutivo pudiera modificar las normas para perjudicar a la población musulmana. 

El Monte del Templo es el lugar más sagrado para el judaísmo y, al mismo tiempo, el tercer lugar más importante para el islam, solo por detrás de La Meca y Medina, por albergar la mezquita de Al Aqsa. Es una cuestión simbólica que tiene una incidencia directa en la disputa entre israelíes y palestinos por el control de Jerusalén. Israel arrebató el control del área precisamente a Jordania durante la Guerra de los Seis Días de 1967, aunque permitió que el Waqj, un consejo designado por la monarquía hachemí, mantuviera la gestión de los edificios islámicos del recinto. 

Explanada de las Mezquitas de Jerusalén
IMAGEN/ARCHIVO  -   La Policía israelí desplegada sobre la Explanada de las Mezquitas, con la Cúpula de la Roca de fondo

En teoría, los judíos solo pueden acceder al Monte del Templo como visitantes, ya que sus leyes les impiden orar en el lugar más sagrado para su religión. Solo contados rabinos tienen la potestad de hacerlo. En la práctica, sin embargo, estas normas no escritas están empezando a cambiar. Muchos grupos ultraortodoxos rezan en la zona con frecuencia, en ocasiones bajo protección policial. La extrema derecha israelí, próxima al movimiento Sionismo Religioso, reclama que se modifiquen las condiciones actuales

Para Jordania, la permanencia del statu quo se trata de una cuestión de vital importancia. Es lo que mantiene, en parte, la legitimidad de la Corte Real hachemí. Por eso, Abdallah II pidió a Netanyahu rebajar las tensiones, evitar una escalada de la violencia prevista para el mes sagrado de Ramadán, que coincide este año con la Pascua judía, y poner fin a todas las medidas unilaterales que imposibilitan una hipotética solución de los dos Estados basada en las fronteras originadas tras Guerra de los Seis Días. Netanyahu, por su parte, se comprometió a no cambiar el estatus del recinto y domar a sus socios de Gobierno. No promete ser fácil.