PUBLICIDAD

Iberdrola

Putin y Erdoğan minimizan sus diferencias en Sochi

El presidente ruso recibe al líder turco menos de tres semanas después de su último encuentro para profundizar en sus relaciones bilaterales
Erdogan Putin

PHOTO/RUSSIAN PRESIDENCY   -   El presidente ruso, Vladímir Putin, recibe en su residencia de Sochi al líder turco, Recep Tayyip Erdoğan

Putin y Erdoğan han vuelto a verse las caras. Apenas 17 días después de su último encuentro en Teherán, donde también tuvieron la oportunidad de discutir en solitario y en compañía de los ayatolás, el presidente ruso ha recibido al líder turco en su residencia estival, en el conocido palacio a orillas del mar Negro. Con un amplio abanico de temas y cuestiones a resolver encima de la mesa, la conversación ha girado en torno a la profundización de la cooperación bilateral en materia comercial y energética, pero no ha obviado el convulso escenario geopolítico surgido tras la invasión rusa de Ucrania. 

Erdoğan se ha convertido en la última bala en la recámara. El líder turco es el eslabón suelto de la cadena de la OTAN capaz de dialogar con Putin, de persuadirle para apagar el foco de guerra. Aunque actúa motivado por sus propios intereses, que en ocasiones nada tienen que ver con los de la órbita occidental, Erdoğan ha conseguido lo que quería: erigirse como el mediador principal entre Kiev y Moscú. Un mediador que, con el respaldo de Naciones Unidas, cose importantes acuerdos como el de desbloquear los puertos ucranianos para reanudar las exportaciones de grano. 

En clave externa, el presidente turco se anotó un tanto diplomático tras meses de arduas negociaciones, marcadas por la desconfianza ucraniana hacia los retorcidos métodos del Kremlin. En clave interna, necesitaba el pacto para paliar la profunda crisis económica en la que está sumida Turquía, con una lira por los suelos y una inflación desbocada. Todo ello ante un Erdoğan obstinado en mantener su política monetaria de bajada de tipos de interés en contra de las recomendaciones de los expertos. Pero es consciente de que, ante una Rusia debilitada por la invasión y sus derivadas, puede arrancar más concesiones. 

Putin, por su parte, busca encontrar nuevas vías para mantener a flote la economía rusa, sometida a un duro aislamiento occidental. Aunque los indicadores económicos todavía no reflejan la magnitud del daño ocasionado, según los analistas, y aunque Rusia haya intentado canalizar los flujos comerciales a través de países como China e India, las sanciones han mermado la capacidad del tejido industrial ruso. El Kremlin traza ahora diferentes estrategias para sortear las restricciones impuestas desde Washington y Bruselas, salvoconductos que le permitan seguir operando con relativa normalidad.  

En este contexto, una expedición turca capitaneada por Erdoğan ha aterrizado este viernes en Sochi. Acompañado por los ministros de Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, Defensa, Hulusi Akar, Energía, Fatih Dönmez, Finanzas, Nureddin Nebati, Comercio, Mehmet Muş, y Agricultura, Vahit Kirişçi –muchos de los hombres fuertes del Gobierno–, el líder islamista ha cerrado un acuerdo que estaba encarrilado desde principios de esta semana por una delegación turca, una avanzadilla con competencias en las áreas diplomática, económica y comercial, como reconoció al término del encuentro el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov. 

Era el turno de ambos líderes. Putin y Erdoğan mantuvieron primero una reunión en solitario de cuatro horas de duración e incorporaron después a la conversación a sus respectivos equipos. El encuentro significó una continuación, una segunda parte del cara a cara en suelo iraní durante la cumbre formato Astaná para discutir el escenario de Siria. En esta ocasión, sin embargo, había más temas encima de la mesa. Los lazos comerciales, el acuerdo para la exportación de grano, la cooperación energética o los contratos armamentísticos salieron a la palestra. 

Putin Erdogan
PHOTO/RUSSIAN PRESIDENCY  -   El presidente ruso, Vladímir Putin, recibe en su residencia de Sochi al líder turco, Recep Tayyip Erdoğan

Putin quiso iniciar la visita extendiendo un sincero agradecimiento a Erdoğan ante las cámaras: “Con su participación directa y con la mediación del secretario general de la ONU se solucionó el problema vinculado con los suministros de cereal ucraniano desde los puertos del mar Negro”. “Los suministros ya comenzaron. Le quiero dar las gracias por ello y porque, al mismo tiempo, se adoptó una solución conjunta sobre el suministro ininterrumpido de alimentos y abono ruso al mercado mundial”, trasladó a su homólogo el presidente ruso. 

La fingida cercanía de Putin podría responder a sus intenciones de utilizar la economía turca como un subterfugio para eludir las sanciones occidentales operativas y blindarse ante las venideras. Según información recabada por la inteligencia ucraniana y publicada por The Washington Post, Moscú habría solicitado al Gobierno de Erdoğan poder adquirir participaciones en refinerías de petróleo, terminales petroleras y depósitos de Turquía. Así como que varios bancos estatales turcos permitan la apertura de cuentas de corresponsalía para las principales entidades bancarias de Rusia. No hay señales que inviten a pensar que Erdoğan dé luz verde. 

En materia energética, Rusia es uno de los principales proveedores de Turquía. Solo en 2021, Moscú proporcionó a la nación euroasiática una cuarta parte de sus importaciones de petróleo y aproximadamente la mitad de sus compras de gas. “El Turkish Stream [el gasoducto que conecta ambos países a través del mar Negro], a diferencia de todas las demás rutas de nuestros suministros de hidrocarburos, funciona correctamente, de manera dinámica, sin fallos (...), se ha convertido en una de las principales arterias de abastecimiento de gas ruso a Europa”, subrayó Putin en el encuentro. Turquía, por su parte, es un punto de transbordo clave de las mercancías con dirección Rusia ante la desaparición de las compañías occidentales, según el diario oficialista turco Dunya, y era ya uno de los destinos principales de los turistas rusos. 

Las dependencias económicas y comerciales entre uno y otro se cortan en materia armamentística. Ankara desafió a sus aliados de la OTAN cuando intentó adquirir sistemas antimisiles rusos S-400, una operación paralizada hasta la fecha, mientras que Moscú pretende reponer y ampliar su arsenal con la compra de drones Bayraktar T2, producidos por el yerno de Erdoğan. Sin embargo, el Gobierno turco ha dejado claro que no venderá armas a Rusia para su guerra en Ucrania. El Ejército ucraniano cuenta con este armamento. 

Destacó la presencia en la mesa de diálogo de Hakan Fidan, el director de la Agencia Nacional de Inteligencia de Turquía, Millî İstihbarat Teşkilatı (MİT, por sus siglas en turco), la institución encargada de conectar la acción del Estado con la de los grupos rebeldes sirios. Uno de sus interlocutores en esta materia parece haber sido el líder de Chechenia Ramzan Kadyrov, que ha sido visto accediendo a la residencia de Sochi, responsable directo de un numeroso contingente de fuerzas chechenas en Siria. Erdoğan pretende lanzar otra campaña para establecer una nueva “zona segura” de 30 kilómetros en el norte del país, pero necesita para ello la aprobación de Putin. 

En este escenario resaltan los intereses contrapuestos. Uno combatió al autócrata sirio Bashar al-Ásad, otro perpetuó su régimen; uno es miembro de la OTAN, el otro se ha convertido en su principal amenaza; uno respalda al Gobierno de Unidad de Libia, otro sostiene la campaña del mariscal Jalifa Hafter en el este del país; uno quiere ganar peso en Asia Central, otro busca mantener allí su reducto de influencia. Y con la amenaza del reinicio del conflicto en Nagorno-Karabaj, donde apoyan a bandos distintos, las distancias entre uno y otro se agrandan.