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Roberto Gómez-Calvet: “Europa debe fijar un precio al gas sin que eso genere fisuras ante Rusia”

El profesor del área de Economía y Empresa de la Universidad Europea de Valencia intervino en el programa “De cara al Mundo”, en Onda Madrid, para hablar de asuntos de relieve como la posición de la Unión Europea frente a la crisis energética
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 -   Roberto Gómez-Calvet

En la última entrega de ‘De cara al mundo”, el programa de Onda Madrid, contamos con la intervención de Roberto Gómez-Calvet, profesor del área de Economía y Empresa de la Universidad Europea de Valencia, que habló sobre la situación en Europa frente a la crisis energética. El profesor explicó las razones por las que Francia se opone al gasoducto MidCat, que pretende unir la península con Europa, especialmente tras el encuentro entre Olaf Scholz y Pedro Sánchez, así como la situación de los Veintisiete en la crisis energética actual, y más con la decisión de la OPEP+ de reducir la producción de barriles en dos millones diarios. 

¿Tiene Francia razón y no hace falta el gasoducto o actúa como siempre defendiendo sus intereses?

Yo creo que Francia quiere tomar su posición en la negociación. A Francia le habrá molestado que nuestro presidente y el canciller alemán se reunieran para decidir algo que le afecta directamente: un gasoducto en el que él tiene que invertir y del que, de alguna forma, está dado protagonismo a España. 

Creo que finalmente el gasoducto se hará, pero Francia quiere tener su protagonismo y no quiere ver cómo pasa por el pasillo de su casa un gasoducto que está beneficiando a España ofreciéndole protagonismo y utilizando las infraestructuras de regasificación españolas para ayudar al Gobierno alemán y a la economía alemana. Creo que Francia querrá negociar, como siempre sucede en la Unión Europea. Tras un proceso de negociación que deberá librar el canciller alemán con Macron, se alcanzará a algún tipo de consenso porque es un beneficio para todos, tanto para Francia como para España. 

Además de ese protagonismo, Francia está defendiendo lo que son sus inversiones en centrales nucleares que quieren poner en valor, y más en estos momentos.

Sí, ellos tienen un programa que está muy diferenciado del resto de Europa y en estos momentos les ha posicionado mucho mejor, porque tienen una mayor independencia que la mayor parte de los países de los Veintisiete.

España en esta negociación creo que debe apostar por la interconexión eléctrica, que ahí en estos momentos parece que hay sincronía con Francia. De hecho, durante los últimos meses, desde que se aplicó la excepción ibérica, España está siendo un exportador masivo de electricidad hacia Francia porque les conviene y también porque Francia está dotando posiciones de cara a hacer todos los mantenimientos que tienen que hacer de las centrales nucleares en las épocas donde el consumo es tan crítico. Francia lo que quiere es abordar el invierno con las recargas realizadas en las nucleares y con las paradas de mantenimiento realizadas, de forma que tenga la mayor autonomía.

Creo que finalmente España y Francia deben sentarse y negociar una buena intención eléctrica, que eso a España le dará mayor estabilidad y seguridad de suministro. Y dentro de ese conjunto de decisiones, hacer también que Alemania tenga algo de protagonismo. Alemania lo que tiene es un problema descomunal porque su principal proveedor se ha vuelto absolutamente inestable, problemático, en un contexto de guerra que no esperábamos y que difícilmente se espera volver a recuperar el suministro de gas a través de Rusia.

Con lo cual, creo que tiene que haber un proceso de negociación, un proceso de discusión que es normal, porque la Unión Europea, no nos olvidemos, aunque tiene unos principios inspiradores de solidaridad y de cohesión, no deja de ser una unión de economías potentes y cada una defiende sus intereses.

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Las grandes decisiones en la Unión Europea se han tomado cuando se para el reloj y se sobreviene el abismo. Desde hace tiempo escuchábamos a Loyola de Palacios, hace bastantes años, pedir una política energética común para la Unión Europea, teniendo en cuenta que esta comunidad no tiene petróleo, no tiene gas y tiene una dependencia exterior muy condicionante. 

Pues desgraciadamente es así y los grandes avances en la humanidad se producen lamentablemente a raíz de las guerras. La Segunda Guerra Mundial supuso un avance descomunal en cuanto a avances tecnológicos: se descubre y se desarrolla la energía nuclear, se empiezan a aplicar los aviones a reacción, que antes eran de turbohélice… Siempre en un contexto de guerra se agudiza el ingenio y se aprietan todos los mecanismos para llegar a soluciones. 

Europa nació con dos problemas clave: defenderse frente a la guerra y protegerse frente a la escasez de energía con el carbón. Estamos volviendo un poco a los orígenes otra vez y nos toca resolver el problema que desde 1950 y 1960 éramos conscientes, pero que hemos resuelto de una forma incompleta, y que va a costar resolverlo de una forma completa. 

No debemos ser frívolos y pensar que instalando muchas renovables intermitentes vamos a ser independientes, porque Europa ha hecho un esfuerzo descomunal respecto a los demás países al ser la región que mejor ha integrado las renovables. España ha sido protagonista en integración de renovables intermitentes por delante del resto de países y tiene mucha experiencia, pero es un camino muy largo y que debe abordarse con conciencia de que las cosas no se pueden resolver en 4 días y que el problema de la energía es un problema que en estos momentos tiene estrangulada la economía. 

La economía alemana está en una encrucijada, España está en una mejor situación, pero al final los mercados están interconectados y vamos a sufrir los precios del petróleo, de la electricidad y del gas que están sufriendo nuestros vecinos del norte. Tenemos que buscar las mejores alternativas y alianzas, evitar en la medida de lo posible el uso de la fuerza y también, aunque eso es difícil de hacer, el uso de dinero para decir “somos los más ricos del mundo, fijamos los precios y sólo nos proveeremos nosotros de gas”, que es lo que nos está pasando ahora. 

Estamos pagando el gas al precio al que no pueden pagar muchos países, hemos cumplido nuestros objetivos de almacenamiento, pero hemos mandado el precio del gas a niveles estratosféricos, y eso va a ser insostenible. Con lo cual, hay que tener sentido común y en el corto plazo lo mejor que podríamos hacer es intentar racionalizar y bajar el consumo, porque eso es lo que nos dará una libertad y una garantía de poder controlar mejor nuestras compras y, sobre todo, no tener que poner más dinero del que nos podemos permitir para comprarlo.

Profesor, ¿los ciudadanos debemos mentalizarnos, y en esto el Gobierno debe hacer su función de que estamos en guerra? El escenario bélico está en Ucrania, pero la guerra también nos afecta a nosotros.

Estamos en una situación económica de guerra, estamos viendo qué armas utilizamos contra los enemigos y estamos viendo cómo el enemigo está haciendo acciones que tratan de desestabilizar a los aliados, a los países de la Unión Europea que en ocasiones les están ofreciendo el gas a un precio más barato, o a los países más próximos proporcionando les suministros y a otros no. 

Con lo cual debemos ser conscientes de que hay muchas maniobras y que Europa no ha originado esta guerra, no ha sido el detonante; ha venido por un país que sí es próximo pero que no forma parte de la UE.

Europa debería tener su identidad y saber dónde está, dónde quiere estar y con quién quiere estar, esto es, tener su protagonismo y su identidad. Hay cosas que son innegociables, como lo es la libertad, el trato a las minorías, cómo se tratan a las personas, pero debemos tener nuestra posición, nuestro criterio y, sobre todo, lo que tenemos que salvaguardar a toda costa es la unidad. Si decidimos hacer una fijación del precio máximo al que vamos a pagar por el gas, que en estos momentos es lo que más se está discutiendo en estas últimas semanas, aceptarlo. 

Europa se ha visto relativamente fuerte, tiene los suministros a un nivel por encima del que se esperaba y ha visto que, a lo mejor, puede reducir las compras del gas y puede forzar a todos los países que nos venden gas a fijar un precio. Lo que no debería pasar es que después eso genere fisuras y que haya países dispuestos a pagar un poco más porque al final esto generará desconfianza entre nosotros. Yo creo que la Comisión es muy cauta a la hora de fijar objetivos que sean inalcanzables u objetivos que puedan generar fisuras, porque al final se nos vuelve un arma en contra, y creo que Rusia en desestabilizar regiones es experta.

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Precisamente lo estamos viendo ahora con el petróleo, además con la ayuda entre otros de Arabia Saudí, con el recorte de dos millones de barriles diarios que va a hacer subir el precio del crudo y nos va a hacer sufrir.

Efectivamente, veremos si, con la excusa de proteger a los países productores, logra que haya una desunión o dar una vuelta de tuerca a la situación económica de Europa, pues habrá vencido de alguna forma. Si logra que Europa se alinee más a Estados Unidos y se beneficie de sus reservas, también será de alguna forma una pequeña victoria de Rusia. 

Yo creo que Europa debe ser consciente de dónde está, debe ser consciente de quiénes han sido sus amigos, de quiénes han sido sus socios fiables y sobre todo en estos momentos debería buscar la independencia energética que es muy complicada, muy difícil, pero debería valorar hasta dónde se puede llegar. No todo se puede pagar con dinero y las consecuencias de pagar demasiado hoy, mañana puede conllevar un altísimo endeudamiento, unas condiciones que al final vayan en detrimento de lo que es el Estado de bienestar. No hay que olvidar que Europa es el ejemplo del mundo en mayor gasto social, en más prestaciones, en mayor renta per cápita y estos avances que hemos alcanzado deberíamos preservarlos a toda costa.