Turquía podría desplegar en Libia el sistema de defensa S-400 en previsión a la intervención militar de Egipto

Ankara podría activar los sistemas de defensa aérea S-400 de fabricación rusa en Libia para enfrentarse a los cazas Rafale, lo que le permitiría aumentar sus capacidades militares sobre el eje Sirte-Al-Jufra, actualmente defendido por El Cairo
Un sistema de misiles tierra-aire ruso S-400

PHOTO/REUTERS  -   Un sistema de misiles tierra-aire ruso S-400

Turquía desplegará “posiblemente” los sistemas de defensa aérea S-400 de fabricación rusa en Libia, para tener capacidad de enfrentarse a los aviones de combate del modelo francés Rafale, que forman parte de la flota de la nación gala y de Egipto. Así lo ha desvelado Eurasian Times este martes. 

Ankara habría tomado la decisión tras el ataque contra sus posiciones en la base de Al-Watiya de hace una semana, en el que se produjeron numerosos daños en el equipamiento militar allí instalado. El medio local turco Yeni Safak reveló, ya en el mes de junio, que el país liderado por Recep Tayyip Erdogan tenía la intención de construir una base militar permanente aérea en Al-Watiya, para albergar, fundamentalmente, aviones no tripulados.

Ahora, las informaciones que se han ido conociendo después de la ofensiva apuntan a que en la instalación se encontraban los aviones F-16 turcos, los drones Bayraktar B2 y S Anka y dos baterías del sistema de defensa aérea MIM-23 Hawk, que no pudieron frenar el ataque lanzado por cazas Rafale. Todavía no se ha identificado a qué flota pertenecían, si a la de Francia, Egipto o, incluso, Emiratos Árabes Unidos, que también cuenta con este tipo de aviones de combate en su arsenal. “El hecho de que los aviones Rafale pudieron bombardear la base de Al-Watiya con relativa facilidad ha generado discusiones en Turquía para desplegar los formidables misiles S-400 rusos en Libia”, señalan desde Eurasian Times.

El analista Paul Iddon recordaba en Forbes tras el ataque que “Turquía ha desplegado una formidable variedad de misiles de defensa aérea en el oeste del país y también ha avanzado significativamente en el establecimiento de una ‘burbuja de defensa aérea’ alrededor de Trípoli”, la capital del país norteafricano. De acuerdo con el Instituto de Washington para la Política de Oriente Medio, Turquía ha creado una estructura combinada de sistemas de misiles MIM-23 Hawk de medio alcance fabricados en Estados Unidos, SAM de corto alcance y cañones antiaéreos Korkut, que le ha permitido generar una defensa en capas para la infraestructura crítica y reducir las amenazas que sufre su aliado en la guerra civil libia, el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), liderado por el primer ministro Fayez Sarraj, facción que se enfrenta al Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), comandado por el mariscal Jalifa Haftar y apoyado por París, El Cairo y Moscú.

Sin embargo, esta defensa tiene sus limitaciones. De acuerdo con el analista Metin Gurcan, aunque Turquía ha conseguido asegurar la baja altitud, la media y alta, que “es vital para el dominio aéreo del eje Sirte-Al-Jufra” [los dos enclaves geoestratégicos en manos del LNA que Ankara aspira a conquistar], sigue siendo un “problema”, que podría resolverse con la activación de los sistemas S-400, aunque entonces el experto aseguraba, a principios del mes de julio, que esto estaba “fuera de discusión”.

Por lo tanto, el ataque contra Al-Watiya podría haber motivado la decisión turca de desplegar la defensa aérea de fabricación rusa, con un rol defensivo, pero, además, teniendo en cuenta que este sistema de misiles podrían desempeñar un papel ofensivo en el ataque más que previsible que lanzará Erdogan sobre Sirte, en el norte del país, y Al-Jufra, en el centro, próximamente.

Los aviones Rafale de Francia están defendiendo en estos momentos esta última ubicación, donde se encuentra la que está considerada como la base aérea más grande del país. Además, Rusia tiene desplegados desde marzo cazas MiG-29 y bombarderos Sukhoi Su-24 en esta instalación en apoyo del LNA. Mientras, Egipto, está tratando de disuadir a Turquía de su posible intervención en Sirte con ejercicios militares masivos, donde también participan los cazas de dicho modelo. Asimismo, se ha conocido este martes que el Parlamento con sede en Tobruk, feudo de Haftar, ha emitido una declaración en la que legitima a El Cairo a intervenir militarmente en Libia si evalúa una amenaza, “en lo que podría ser el preludio de una acción militar”, según asegura el analista Samer Al-Atrush. “Si alguien tuviera alguna duda sobre la intervención egipcia, esta declaración debería disiparla. Es una invitación formal que habría sido discutida previamente con Egipto y significa que una ofensiva [turca] sobre Sirte se encontrará con la intervención egipcia”, señala.

Los aviones de combate Rafale están permitiendo asegurar, hasta la fecha, los dos enclaves, pero la entrada en escena de los S-400 cambiaría las reglas del juego. “Gracias a los avanzados aviones Rafale, la burbuja ha estallado y las limitaciones de los actuales sistemas de defensa aérea turcos han quedado expuestas, y parece estar surgiendo la necesidad de utilizar los S-400, que no solo serían capaces de neutralizar a los cazas Rafale, sino que también permitirían a Turquía evadir las sanciones estadounidenses”, explican desde Eurasian Times. 

Cabe recordar, en este punto, que las relaciones entre Estados Unidos y Turquía se enfriaron hace un año cuando Ankara decidió comprarle a Moscú el sistema S-400, lo que, de acuerdo con Washington, suponía una amenaza para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), puesto que el hardware militar ruso no es “compatible” con los sistemas de la Alianza. Cuando Turquía decidió continuar con la operación, EEUU tomó la decisión de expulsar a la nación euroasiática del programa de desarrollo de aviones de combate F-35. Para volver a incluirla y evitar una ruptura en la OTAN entre las dos potencias de gran calado, Washington le pidió a Ankara que vendiese los S-400 a un tercero, se comprometiera por escrito a no activar los sistemas o los desplegara en otro país, premisa esta última que se cumpliría al moverlos a Libia. 

Por lo tanto, este movimiento para Turquía supondría un estratégico acierto total no solo en la guerra libia, sino de cara a sus relaciones con EEUU y Rusia. “Dado que hay más en juego que un solo sistema de misiles, Ankara quiere mantener un equilibrio entre Moscú y Washington, y prefiere no arriesgar sus relaciones hacia ningún lado a expensas del otro”, exponen desde dicha publicación.

Un avión de combate Rafale de la Fuerza Aérea Francesa sobrevuela la base aérea 118 de Mont-de-Marsan, en el sur de Francia, el 9 de junio de 2017
AFP/ GEORGES GOBET - Un avión de combate Rafale de la Fuerza Aérea Francesa sobrevuela la base aérea 118 de Mont-de-Marsan, en el sur de Francia, el 9 de junio de 2017
¿Tensión franco-rusa?

“Habrá que ver si los cazas franceses Rafale se atreverán a enfrentarse a los sistemas rusos de defensa”, escriben en Eurasian Times. Tanto París como Moscú apoyan al mismo bando en la contienda libia, al LNA, por lo que de producirse enfrentamientos entre los aviones galos y las baterías moscovitas utilizadas por parte turca podría suponer la apertura de una brecha en la relación entre los dos socios, que actualmente están defendiendo de forma conjunta el enclave de Al-Jufra. Además, cabe recordar que Rusia se ha desmarcado ligeramente de Francia al comenzar a negociar un alto el fuego inminente con Turquía con un posible reparto de esferas de influencia incluido, en el que París se quedaría, aparentemente, fuera, al igual que el resto de potencias implicadas.

Este potencial foco de disputa, de hecho, ha sido aprovechado por la facción rival, el GNA, para tratar de desestabilizar la relación entre los dos aliados, según ha informado recientemente The Arab Weekly. 

En cualquier caso, para que esto llegase a suceder, Turquía debería lanzar la ofensiva contra el eje Sirte-Al-Jufra, provocando la intervención militar de Egipto en el país norteafricano, ahora que ya está legitimado por el Parlamento de Tobruk. Sin embargo, las posibilidades de que se declare una guerra abierta entre Ankara y El Cairo para algunos analistas son remotas, debido a que podría conducir a una “destrucción mutua asegurada”.

Otros, en cambio, aseguran que no se producirá porque la capacidad militar de Turquía es superior a la de Egipto, y Egipto es consciente de ello. “En la realidad, hay una gran brecha en capacidad y efectividad. Egipto no ha sido probado en ninguna confrontación externa durante mucho tiempo y durante casi medio siglo ha estado luchando contra grupos armados débiles en casa. Sus enfrentamientos con las fuerzas de Daesh en la península del Sinaí durante los últimos siete años ha puesto de manifiesto su ineficacia para eliminar una insurgencia limitada por menos de 700 combatientes. En cambio, Turquía tiene experiencia y efectividad frente a una rebelión: su ejército ha estado involucrado en Siria durante años y se ocupa de las fuerzas kurdas del PKK. Las fuerzas turcas también abordaron a Daesh en su punto más fuerte. La conclusión es que una guerra entre Egipto y Turquía, por lo tanto, es poco probable”, explica el analista Hassan Abu Haniyeh en Arabi 21.