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Una turba asalta e incendia el Parlamento de Libia con sede en Tobruk

El país norteafricano amaga con un nuevo estallido social a nivel nacional en el marco de una devastadora crisis social, política y económica
Tobruk

MOHAMED EL SHAIKY/AFP  -   Un agente de las Fuerzas de Seguridad libias apostado en las inmediaciones de la Cámara de Representantes, sede del legislativo en Tobruk, marzo de 2022

Un nutrido grupo de manifestantes irrumpió a última hora del viernes en el Parlamento de Tobruk, provocando un incendio de grandes dimensiones en su interior tras la retirada de las Fuerzas de Seguridad. Minutos antes se había convocado una movilización masiva en las inmediaciones de la Cámara de Representantes. En ella, los manifestantes, en su mayoría jóvenes sumidos en la precariedad, exigieron su disolución definitiva y la convocatoria inmediata de elecciones para desatascar el enésimo bloqueo político que ha sumido a Libia en una crisis crónica.

Las imágenes difundidas muestran varias columnas de humo y cómo un manifestante al volante de una excavadora golpea una y otra vez uno de los accesos al Parlamento, permitiendo la entrada de decenas de personas. Valiéndose de maquinaria de construcción, estos han derribado parte de la estructura del edificio y han prendido fuego en su interior, además de incendiar los vehículos de los funcionarios. Mientras las llamas lamían el lateral del edificio, se escucharon los gritos y cánticos proferidos contra los representantes.

El órgano legislativo presidido por Aguila Salé, que no se ha sometido a ningún escrutinio electoral desde el año 2014, es acusado por los manifestantes de traición y malversación. También señalan a los parlamentarios de haber obstaculizado de forma intencionada el proceso de transición abierto en febrero de 2021 tras la finalización del Foro del Diálogo Político Libio (FDPL) en Ginebra, que aupó al desconocido empresario de Misrata Abdel Hamid Dbeibé como primer ministro en funciones y le encomendó celebrar elecciones generales para el pasado 24 de diciembre, sin éxito.

“Se esperaba que Saif al Islam Gadafi –hijo del exdictador Muamar Gadafi– ganara [las elecciones] tras ser admitido en la carrera presidencial y que sus partidarios dominaran la carrera legislativa. [El hombre fuerte del este, Jalifa] Haftar y Dbeibé –que presentó su candidatura contraviniendo los términos del FDPL– podrían haber perdido”, indica a Atalayar el académico libio Mustafa Fetouri, quien achaca las causas del fallido proceso electoral a la mayoría de los actuales diputados y altos cargos del Consejo: “Quieren retrasar [los comicios] lo máximo posible dados los beneficios que están obteniendo ahora, ya que la mayoría de ellos nunca habrían sido reelegidos”.

Dos Gobiernos se disputan ahora el poder. Las desavenencias entre las facciones del oeste, radicadas en Trípoli, y del este, asentadas en Tobruk, que amagaron con disiparse en el último proceso de paz, resurgieron en febrero con el nombramiento de Fathi Bashagha como nuevo primer ministro en una votación viciada en el Parlamento de Tobruk, ante lo que la administración del este consideraba como el vencimiento del mandato de Dbeibé, cabeza visible del Gobierno de Unidad Nacional, incapaz de encarrilar la transición.

Tobruk
PHOTO/AFP  -   El edificio del Parlamento empieza a arder tras los disturbios en las inmediaciones, 1 de julio

Fetouri sostiene que la unidad política en Libia nunca se logró, pero no considera que exista una división institucional entre dos administraciones paralelas como se interpreta, “simplemente porque todas las instituciones del país están trabajando de acuerdo con las mismas leyes”. “Se trata de un problema fabricado con el fin de mantener el equilibrio de poder y utilizado por cada parte para presionar a la otra”, apunta el analista.

Tobruk ejerce presión sobre Trípoli, cuyo Gobierno sigue siendo reconocido por la comunidad internacional, a pesar de haber mantenido varias negociaciones auspiciadas por Naciones Unidas para fijar una hoja de ruta definitiva que desemboque en las urnas. Eso explica por qué la facción del este bloquea desde hace semanas las instalaciones petrolíferas de Libia, un país que cuenta con la mayor reserva de ‘oro negro’ del continente africano. Como consecuencia, la Corporación Nacional del Petróleo (NOC, por sus siglas en inglés) anunció el viernes el incumplimiento de los servicios en varios puertos petroleros tras la expiración del ultimátum otorgado a los leales a Haftar, responsables del bloqueo, para la reapertura de los campos.

Manifestación Trípoli
HAZEM AHMEDARA/REUTERS  -   Un centenar de chalecos amarillos se concentran en la Plaza de los Mártires de Trípoli para protestar contra la fractura política, 1 de julio de 2022
Chalecos amarillos en Trípoli

El dilatado bloqueo ha reducido de forma exponencial el suministro de combustible disponible, lo que ha provocado a su vez cortes de electricidad y apagones en varios puntos del país, a la postre catalizadores de las protestas. “Los altos precios, la creciente inseguridad, la falta de libertad de expresión y los pésimos servicios gubernamentales agravados aún más si cabe por la corrupción –según Fetouri– se han convertido en las principales reivindicaciones de los manifestantes”.

Tobruk no ha sido la primera ciudad, ni será la última, en atestiguar una nueva oleada de protestas masivas en Libia, aunque haya presenciado las de mayor gravedad hasta el momento con el asalto e incendio de la Cámara de Representantes. Varios enclaves situados en las tres grandes regiones del país: las dos costeras de Tripolitania y Cirenaica, y la interior desértica de Fezzan, han registrado una serie de protestas a lo largo de esta semana en ciudades como Bengasi, Al Baida o Misrata.

La situación se expande por todo el país sin importar qué autoridades estén al mando. A cientos de kilómetros hacia el oeste de Tobruk, en Trípoli, otra manifestación tuvo lugar el viernes. Un centenar de manifestantes ataviados con chalecos amarillos, en una imagen que evocó a la Francia de 2018, tomó la capitalina Plaza de los Mártires para exigir un cambio de rumbo inmediato en la nación norteafricana capaz de atajar las problemáticas cotidianas de la sociedad libia, cargando con dureza contra las facciones armadas y los políticos, y exigiendo elecciones.