Henar Hernández

Pie de foto: El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, se reúnen este lunes para hablar de la entrega de misiles antiaéreos S-400, entre otros temas. REUTERS/ALEKSANDER NEMENOV

Este lunes se ha celebrado en Moscú el octavo consejo de alto nivel entre Rusia y Turquía, en el marco del cual ha tenido lugar la reunión bilateral entre Vladimir Putin y su homólogo, Tayyip Erdogan, que sigue inmerso en una crisis política en su país, pues sigue calificando de “fraude” la derrota de su partido en Estambul tras las elecciones locales del pasado 31 de marzo. Sobre la mesa, tres cuestiones fundamentales: la situación en Siria, la compraventa de misiles y la colaboración entre ambas administraciones en materia energética.

En primer lugar, sobre el asunto sirio, cabe destacar las declaraciones del presidente turco en una rueda de prensa previa al consejo, pues ha reconocido que ya se han completado todos los preparativos para una nueva incursión militar en Siria, la cual podría iniciarse en cualquier momento – no ha concretado una fecha exacta – con el objetivo de reducir la presencia kurda en el territorio. El Gobierno de Turquía ya había anunciado desde principios de año su intención de combatir a los kurdos hasta “aniquilarlos” y, en concreto, a las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en inglés), milicia armada del Partido de la Unión Democrática sirio, que es, a su vez, el brazo político del Partido turco de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo). Del mismo modo, Erdogan, a través de la campaña militar ‘Rama de Olivo’, ha amenazado con devolver a Siria más de 3,5 millones de refugiados, una vez que “exterminase” a las milicias kurdas.

Estos anuncios generan dos efectos en la esfera geopolítica mundial: por un lado, ya propició el tensionamiento de las relaciones Turquía-EEUU, pues las tropas norteamericanas y las YPG se han enfrentado de forma conjunta y en el mismo bando contra DAESH desde 2015. Por otro lado, las ofensivas turcas contra el pueblo kurdo podrían perjudicar el vínculo turco-ruso, pues las YPG también han contado con el soporte de Bashar al-Assad en su defensa del territorio y ante las incursiones orquestadas desde Ankara. En este sentido, el principal aliado del presidente sirio no es otro que Vladimir Putin, por lo que un ataque contra los intereses de al-Assad podría devenir en un enfrentamiento indirecto entre Turquía y los intereses rusos en Siria.  

Asimismo, el escenario se torna más complejo, si cabe, con el reciente anuncio de la operación militar conjunta entre el Gobierno turco y su homólogo iraní para combatir al PKK en las regiones del sureste de Turquía, en concreto, las fronterizas con Irán e Irak. Esta nueva alianza, revestida de carácter ad hoc, parece establecer un vínculo, también temporal y específico, entre Turquía e Irán, este último además aliado de Rusia en cuestiones como el apoyo a al-Assad o el rechazo a la injerencia estadounidense en la región.

En segundo lugar, otro asunto sobre la mesa es la compra negociada por Turquía del sistema de misiles antiaéreos ruso S-400, por un valor de 2.500 millones de dólares y cuyo suministro está previsto para julio de este año, y la instalación, a partir del próximo otoño.

Pie de foto: El S-400 es un misil de mediano y largo alcance de una nueva generación, que utiliza sistemas de radar modernos, los últimos logros en diseño de misiles y tecnologías informáticas. REUTERS/POOL

El acuerdo de compraventa turco-ruso ha ido en detrimento de los intereses estadounidenses, ya que entre los planes de EEUU estaba vender a Turquía su sistema de misiles Patriot. La decisión de Erdogan, en suma, ha provocado la reacción, por un lado, del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, que ha asegurado que esta compraventa amenaza la integridad de la OTAN y, por otro lado, de la administración de EEUU en general, pues el Pentágono ha bloqueado la entrega de un centenar de cazas F-35 de quinta generación a Ankara a través de la suspensión del suministro de material necesario para la llegada de los aviones a territorio turco. Del mismo modo, también ha cancelado el programa de entrenamiento de los pilotos en este tipo de avión de combate.

En tercer lugar, la última cuestión es la cooperación energética entre Turquía y Rusia, materializada en dos proyectos: por un lado, la construcción del gaseoducto Turk Stream, que conectará directamente, a través del Mar Negro, las reservas de gas en Rusia con la red turca de transporte de gas, que permite el suministro de este recurso a la propia Turquía y al sur y sureste de Europa. El gaseoducto comenzará en Anapa, ciudad costera rusa, y terminará en la región turca de Tracia, también ubicada en el frente marítimo. Por otro lado, también está prevista la instalación, por parte de la corporación nuclear rusa Rosatom, de la primera central nuclear en Turquía, concretamente en Akkuyu, cuya puesta en funcionamiento se espera para el año 2023. El proyecto cuenta con una inversión de 16.000 millones de euros.

En este sentido, el presidente de la Fundación de Inversiones Directas de Rusia, Kiril Dmitriev, ha anunciado que Moscú y Ankara crearán un fondo de inversiones conjunto de 900 millones de euros, en la línea de la aspiración de ambas naciones de aumentar el nivel de su comercio bilateral hasta los 100.000 millones de dólares - en 2018, el valor de la relación se situó en los 25.000 millones de dólares, lo que supuso un incremento del 25% con respecto a 2017 -.